Martes 31.03.2009
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| Troncos y maleza acumulada en una de las orillas de la isla FOTO: Alba |
Luce el sol inaugural de la primavera y acrecenta la sensación de calma chicha tras la tempestad en el refugio de Sigüeiro. El área fluvial de la capital orosana ofrece desde hace meses una imagen muy alejada de la que evoca su nombre. El refugio, y concretamente la isla que el río Tambre deja en el corazón del coto de pesca y recreo, semeja haber dejado atrás un torbellino.
Troncos, ramas y barro se acumulan sobre el suelo de la isleta empañando su imagen de tesoro natural y coartando además el paso a algunos de los rincones de la zona, en especial de la isla. Además, sobre las aguas del Tambre, en las orillas del terreno, se encuentran descolgados también trozos de árboles, en algunos casos troncos de varios metros de longitud y más de 50 centímetros de diámetro. Junto a estos follaje y maleza cubren el verde del suelo y se confunden con el barro en las zonas más húmedas. La estampa es el resultado de las últimas riadas que vivió el coto, pero también de una situación de abandono que se prolonga en el tiempo.
El origen de esta dejadez hay que buscarlo en una polémica surgida ya años atrás, pero que aún se encuentra latente en toda la localidad de Sigüeiro. Se trata de la custodia compartida que sobre la capital orosana tienen los ayuntamientos de Santiago y Oroso. La mayor parte de Sigüeiro pertenece al concello de Oroso, pero un porcentaje de su superficie se encuentra dentro de los límites municipales de Compostela. El área recreativa del refugio es ejemplo de la segregación. El Tambre divide el territorio entre los dos municipios: de una orilla Santiago y de la otra Oroso. La isla queda al completo en terreno compostelano.
Convertido así en tierra de nadie, pese a pertenecer oficialmente a Santiago, el refugio acarrea meses de abandono. Así, fueron retirados los contenedores de basura que el Concello de Santiago había instalado en él. Además, se obvió reponer deficiencias provocadas por el uso, o el mal uso, de sus instalaciones, como las parrillas o las mesas, que, en el caso de estas últimas, fueron desancladas en algunos casos de su ubicación original para moverlas al antojo de visitantes irrespetuosos con el entorno. Finalmente, no se acondicionó la zona después de varias riadas ni de los temporales de viento de este invierno con lo que la maleza tomó el refugio natural.
Consciente del problema, el Concello de Oroso acaba de anunciar que esta misma semana se procederá a la limpieza, una tarea organizada conjuntamente por las dos administraciones locales, pero que ejecutarán los operarios del Concello de Santiago, verdadero titular de la zona. "Así se hace cada año a finales del invierno", recuerdan.
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