Viernes 09.01.2009
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A menos de 48 horas para que el presidente de la Xunta inaugure la autovía de Barbanza, los alcaldes siguen sin ver solucionados los numerosos problemas derivados de las obras del corredor.
Después de dos años, la empresa Sacyr llega al final del proceso constructivo con los deberes sin hacer. Unos deberes que pudo haber afrontado desde el primer día con una brigada dedicada a ello en exclusiva. Seguramente se habría ahorrado muchas complicaciones surgidas en cadena y, sobre todo, la oleada de críticas por no solventarlas antes.
La Consellería de Política Territorial se aferra al contrato de mantenimiento firmado por la empresa con una vigencia de 30 años y pone como aval la palabra de la conselleira María José Caride para garantizar que se arreglarán todos los problemas. Pero ni esa obligación afecta a los daños colaterales de las obras ni Caride tiene garantizado su cargo por 30 años.
Por ello, es de agradecer que el alcalde de Boiro, Xosé Deira (BNG), sacase toda su artillería exigiendo a Sacyr un aval por 800.000 €. En realidad, poco puede hacer Deira, por muy loable que sea su causa. A la empresa (e incluso a Touriño) le va a importar más bien poco que el alcalde de Boiro vaya o no el lunes a la inauguración.
La pena es que quien no haya amenazado a Sacyr con no acudir a dicha inauguración no haya sido el propio Emilio Pérez Touriño .
