Lunes 22.03.2010
| Actualizado 01.24
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Y sin entrar a valorar el fondo de la infracción (que visto su ínfimo calado da mucho que pensar) da la sensación de que a la hora de aplicar la ley sólo hay, injustamente, una víctima. Dicen que la Justicia es ciega y en este caso la Administración se quedó miope. Por fortuna para Moncho y los suyos puede que el Ayuntamiento tenga que responder dándole una indemnización. Pero perder un hogar no tiene precio. El motivo del pleito es otro cantar. Hay veces, como en el caso de Oza dos Ríos, que la Administración actúa con la ley en la mano. Cuando viene de una vecina que vive puerte con puerta duele más. Y de qué manera. Las lágrimas de Moncho bien podrían compararse a las del que encarcelan por robar una botella mientras otros por delitos mayores continúan en la calle. Como siguen en pie cientos de chalés en primera línea de playa