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Ames

Trasladan a la jauría de 16 perros que tenía atemorizada a Costoia

Once agentes de la Guardia Civil, Policía Local y Autonómica escoltaron a veterinarios, técnicos locales y a la edil Úrsula Seijas // Su dueño, Enrique Iglesias, desconocía que se personarían ayer // Fueron enviados a Bando

M. MANTEIGA • AMES   | 23.07.2009 
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M.M.O
Retirada de uno de los canes que, a mayores, fue descubierto en el inmueble trasero al de Iglesias
FOTO: M.M.O

Casi un agente por can. Y los vecinos de la aldea de Costoia (Ames) libres por fin de un sinvivir que se prolonga al menos desde el 2005, cuando el dueño de una casa, Enrique Iglesias Vilouta, decidía empezar a a acumular unos perros que, según los lugareños, sembraban el pánico cuando estaban sueltos. Así, y ante 11 agentes de la Policía Municipal, Guardia Civil y Policía Autonómica, además de veterinarios, agentes de Medio Rural, técnicos municipales y la edil Úrsula Seijas, uno por uno iban sacando dieciséis bichos de apabullante aspecto, primero 8 de la vivienda de Iglesias y luego otros de un inmueble trasero.

La concentración de agentes comenzaba a las 15.05 horas, pero pocos lugareños se percataban. Enseguida llegaba Seijas y la secretaria municipal que, en un alarde de paciencia, le explicaban el alcance de la orden judicial para entrar y retirar perros, a un atónito Enrique Iglesias. Casi cuarenta minutos para hacerle entrar en razón... porque la realidad es que ni el mismo interesado había sido notificado de la fecha concreta en la que se iban a llevar a los animales, lo que le valió para enarbolar sus conocimientos jurídicos y reclamar que constase tal dato, ante la imposibilidad de alegar. Finalmente, y muy a su pesar, colaboraba y abría la puerta de la vivienda. Minutos antes, los veterinarios cargaban las jeringas con anestésicos y calmantes para inyectarlos mediante pistola. Y es que de la bravura de los canes daba fe un vecino (en torno a las 16.00 horas empezaban a curiosear). "Matáronme varios cans ¡qué se joda!", clamaba uno. Los laceros de la brigada medioambiental y los veterinarios comenzaban a hacer su trabajo, y ocho perros milrazas, de variados colores y tamaños, iban saliendo de la vivienda, aletargados y con el lazo por el cuello, para ser introducidos en remolques con destino al refugio de Bando. "¿Por qué se queixa ese can?" terciaba uno de los técnicos, "porque está contento", contestaba con sorna Iglesias. El compungido dueño, que en su día obligó a publicar que sólo reconocía una sentencia condenatoria en su contra, era informado de que los canes iban a ser desparasitados y cuidados con todo respeto. Y a partir de ahí, otra sorpresa: otros ochos animales (entre ellos una perra recién parida) aparecían en la propiedad trasera. Vuelta a convencer a Iglesias, que, a las 17.00 horas, finalmente accedía y colaboraba para evacuarlos.

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