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El relieve de Venus indica movimientos de la corteza en curso

MADRID. E.P.  | 18.12.2017 
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Una vista global de algunas características de deformación bien conocidas en la superficie de Venus puede indicar que es capaz de generar movimiento en su corteza en la actualidad.

Dispersas en la superficie de Venus hay varias cordilleras estrechas y surcos superficiales. Los científicos han sabido de estas características venusianas durante décadas, pero solo las habían visto aisladas unas de otras.

Una investigación liderada por Paul Byrne, un geólogo planetario de la Universidad Estatal de Carolina del Norte presentada en la Reunión de Otoño de la Unión Geofísica Americana, usó imágenes de radar de la superficie de Venus tomadas por la misión Magallanes entre 1990 y 1994 para ver estas estructuras desde una perspectiva global.

Al hacerlo, se reveló un nuevo patrón: estas crestas de montañas y fosas convergen para aislar bloques de llanuras planas y bajas de lava enfriada a lo largo de los polos del planeta, algo nunca antes observado.

"Cuando te alejas, ves que estas características forman un patrón conectado --señala Byrne--. Entonces es cuando te das cuenta de que parecen estar trabajando juntos".

Desde este punto de vista más elevado, las estructuras se parecían mucho a las características vistas en la Tierra, como la cuenca del Tarim en el noroeste de China. Las cuencas como Tarim son grandes pedazos de corteza continental que se empujan, giran y se estrellan contra el terreno circundante debido a las fuerzas del manto que se encuentra debajo. En consecuencia, las cuencas deforman el terreno circundante en cadenas montañosas o surcos, características idénticas a las de Venus.

Esa extraña similitud persuadió al equipo de que un proceso similar podría estar sucediendo en Venus. Con la abrasadora temperatura de 462 grados Centígrados en la superficie de Venus, Byrne y sus colegas estiman que la corteza podría calentarse lo suficiente como para desprenderse ligeramente del manto del planeta a solo 10-15 kilómetros de profundidad, creando "bloques de corteza" delgados que podrían chocar, estrellarse y rotar como los de la Tierra.

"No es tectónica de placas, pero sugiere que la capa externa, rígida y frágil de la superficie de Venus, en algunos lugares al menos, se ha roto en estos pequeños bloques", indica Byrne. Muchos de ellos de solo un par de cientos de kilómetros hasta otros de 1.200 kilómetros de ancho.

Lo que más entusiasmó a Byrne fueron los signos de deformación en algunas de las llanuras de lava. La presencia de cualquier deformación encima de la lava joven --unos escasos 700 millones de años-- indica que "al menos algunos de los empujones, movimientos y rotaciones podrían haber tenido lugar muy recientemente". Para un planeta que según la teoría no tuvo actividad en millones de años, esa perspectiva parecía revolucionaria.

La cuestión es qué podría causar estos bloques tumultuosos para empujar en primer lugar, y por qué solo en los polos. Algo que Byrne solo pudo conjeturar, aunque sospecha que una posibilidad es un movimiento convectivo muy lento en el manto.

Con la delgada corteza en la superficie, a solo decenas de kilómetros sobre el manto, el movimiento convectivo podría empujar o arrastrar lentamente los trozos de superficie. Pero debido a que existe una enorme grieta de expansión alrededor del ecuador de Venus, es posible que un proceso de expansión global empuje sistemáticamente estos bloques, haciendo que se empujen y se deformen.

"Nuevamente, no es placas tectónicas", enfatizó Byrne. "Estos son pequeños pedazos de tierra que simplemente giran y se mueven --concluye--. Pero si pusiéramos sismómetros en Venus, tal vez oirías que algunos de estos pedazos se mueven hoy".