Viernes 09.01.2009
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Deportes » Baloncesto » Obradoiro CAB
En plena semana del villarato no es nada original hablar de los árbitros y, en esto del básquet, el maestro Salaner (que de baloncesto sabe más que nadie) lleva décadas alertando de lo perniciosamente malos que son. No, no se trata de culpabilizarles. Ellos no cegaron a Maxi en su entrada, ni influyeron sobre la racha de Kostas, ni agotaron a Terry, ni... son culpables de que el Caja Laboral sea un grande. ¡Qué va! El Obradoiro perdió porque aún está en construcción (eso se nota en que pierde finales apretados) y hecho con, no es término despectivo, retales. Con ilusión pero sin dinero. Si hay euros (ahora los jugadores franquicia ya no quieren cobrar en dólares) se construyen equipos ganadores.
Pero hay intangibles donde los árbitros sí influyen. Que pite Dusko y no proteste Curro; que le señalen la quinta a Adrián y no a Eliyahu; que los pasos sean de Alfonso y no de Oldsen. Y, sobre todo, ¿algún día le pitarán al Basconia en Vitoria una invasión en el último segundo como hicieron en Santiago? Seguro que no.
