Viernes 12.03.2010
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Actualizado 21.41
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Estos días he escuchado un sinfín de comentarios sobre el affaire de la retirada de Marc, hecho normal por la relevancia que tiene. Cuando se han tenido vivencias semejantes es mucho más fácil entender una situación así, partiendo de la base del mutuo respeto y pactado acuerdo al que club y jugador han llegado. Les voy a dar mi versión.
Los veteranos del gélido Sar recordarán aquel escolta fibroso, excepcional tirador y reboteador que se llamaba José Antonio Gil. Asciende con el Obradoiro a lo que hoy es la ACB tras haber sido el máximo anotador de la liga 1ª B. Después de una pretemporada intensísima (la preparación física la hacía con él y con Abalde a partir de la 07,20 h en la Residencia o en la Herradura, ya que después ambos tenían que irse a trabajar cada uno en su banco), Gil recibe una oferta de traslado de trabajo a Ourense y decide plantar su carrera deportiva en su mejor momento.
Ronnie Seikaly llegó al Barça como el fichaje estrella, después de ser uno de los jugadores mejor pagados de la NBA. El alquiler de su superchalet en pleno Pedralbes en Barcelona era de 2,5 millones mensuales de las antiguas pesetas. Ronnie, un bon vivant, decide irse del Barcelona porque el entendía que el equipo tenía que jugar para él.
Marc Jackson llegó tarde a Santiago, no pudo hacer la pretemporada que para un jugador veterano es algo imprescindible. Aclaro que para mantener su nivel deportivo los veteranos tienen que entrenar y trabajar más que los jóvenes, ya que con la edad se pierde velocidad y fuerza explosiva, por lo que se salta y corre menos contando con que rodillas y tobillos estén en buen estado. Marc se lesiona, le cuesta recuperarse, recae, le cuesta volver a su nivel y se da cuenta por ejemplo, de que los balones perdidos el día del Valladolid, son un lastre para él porque piensa en el error que ha cometido en lugar olvidarlo de inmediato y continuar jugando. Como tiene alma de entrenador se frustra al pensar que no puede aportar a su equipo y a sus compañeros lo que a él le gustaría porque los años pasan factura. Deja de disfrutar jugando al baloncesto. Lo habla con su General Manager y con su Coach y tan emocionado como el sábado en el parquet del Mexillón, decide retirarse porque no puede ser el jugador que a él le gustaría ser. Para un grande es lo más difícil, asimilar el duro momento de la retirada.
Suerte Marc, pero antes ayúdanos a ganar en Fuenlabrada .