Viernes 25.05.2012
| Actualizado 19.53
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En la mañana del último domingo de octubre, Santiago amanece de forma diferente. Se respira un ambiente muy especial. Desde hace ya 31 años el deporte domina las calles y le gana la partida al tráfico. Todos los compostelanos tienen ya asumido que es el día de la carrera y ese día o bien toca salir de casa para correr la prueba o para animar a los atletas llegados de toda Galicia y de varios países más.
Grandes y chicos madrugan, participen o no en la carrera de forma activa. Desde primeras horas de la mañana ya se puede ver rondando la Praza do Obradoiro o la avenida de Xoán XXIII a algún corredor que no pudo conciliar el sueño y decidió levantarse para respirar atletismo. Pero son todos los que salen temprano para estar en la salida y ver ese impresionante gentío que arranca coincidiendo con el pistoletazo de salida que, en algunas ediciones, protagonizaron atletas de la talla del gran Mariano Haro, todo un símbolo, o el saltador Yago Lamela y personas vinculadas a la ciudad o a organismos institucionales. En esta ocasión los encargados de hacer arrancar a esa marea humana serán los hermanos Fernando y José Luis Barrera Morate, consejeros de Editorial Compostela, empresa responsable del Grupo Correo Gallego, que organiza la prueba desde sus inicios en el año 1978. Y pese al paso del tiempo, hay cosas que no cambiaron en absoluto. La mayoría de los corredores tienen la ilusión de llegar a la meta situada en la Praza do Obradoiro. Sin más aspiraciones. No piensan en trofeos ni en hacer grandes marcas. Sólo les mueve el afán de participar.
Y ese domingo de la prueba atlética compostelana más importante del año sigue siendo el único domingo del año en el que un gran número de compostelanos abandona la cama sin refunfuñar y decide animar a los participantes durante el recorrido y, apretando el paso, se acercan a la Praza do Obradoiro para buscar el mejor lugar desde el que aplaudir a los que van cruzando la línea de meta. Da igual que el atleta sea portugués, keniano o hasta irlandés... el entusiasmo es general, aunque se multiplica si es un gallego o un compostelano el que llega en primera posición. El papel de ese público es fundamental. De hecho, son muchos los atletas que al finalizar la prueba solo encuentran halagos para la carrera gracias al calor que desprende el público. Los participantes saben en cada momento que no están solos y siempre encuentran aquella palabra de aliento o aquel aplauso que los empuja a la meta.
En esta ocasión se disputa la edición número 32 y, como en las anteriores, serán 50.000 las personas que invadan las calles para animar, según las cifras que baraja la Policía Local.
Ese público se suma a los más de 6.000 atletas. De hecho, en la historia de la carrera ya se superaron los 200.000 participantes. Una cifra al alcance de muy pocas pruebas.
