Viernes 25.05.2012
| Actualizado 19.53
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La organización de la Carreira Pedestre Popular Camiño de Santiago engrasa desde meses antes de la prueba todo un engranaje que debe funcionar a la perfección el día de la competición. Sabe que cualquier error, cualquier despiste, cualquier olvido puede ser fatal.
Los espectadores de la prueba y todos aquellos que la viven desde fuera pueden pensar que es sencillo organizar un evento deportivo de este tipo, pero hay que señalar que el número de personas que participan de alguna forma en los preparativos y en cada uno de los detalles necesarios para que la carrera sea un éxito supera el millar.
Y es que todo esfuerzo se hace escaso a la hora de cuidar a los atletas, que son los verdaderos protagonistas de la prueba. Para que la fiesta sea completa se necesita la colaboración de voluntarios de diversas agrupaciones. Son quinientas las personas que trabajan de forma desinteresada el día de la carrera compostelana para garantizar que en todo momento tanto corredores como público tengan atendidas sus necesidades.
El atleta cuenta con la tranquilidad de saber que en cada punto del recorrido puede ser auxiliado en caso de lesión, que en cada cruce conflictivo hay alguien guardándole las espaldas para que ningún conductor despistado invada el recorrido de la prueba, que en algún lugar encontrará el alivio en forma de agua, que hay ojos que permanecen vigilantes para garantizar el juego limpio. Es una labor sorda y callada pero fundamental. Desde los integrantes del Colegio de Jueces y Cronometradores de Galicia, que velan por el buen desarrollo de la prueba hasta los scouts de los grupos Khanhiwara y Chan, que cuidan de que cada valla esté bien situada y que nadie cruce la calle para evitar situaciones que pueden ser peligrosas.
La colaboración de la Policía Local, Policía Nacional o el personal municipal que ese día atiende el palacio de Raxoi es fundamental, al igual que la de Protección Civil, que despliega uno de los mayores dispositivos del año. Y para que los corredores estén perfectamente atendidos Cruz Roja, 061 y el Colegio de Fisioterapia cuidan la salud de los atletas. ¡Ah! y no nos podemos olvidar de la familia Quintáns que reparte agua en las primeras rampas de la cuesta de Vite. José Quintáns comenzó con una manguera. Aquel gesto suyo reclamó la atención de la mayoría de los participantes. Durante todo el año recogía botellas y el día anterior de la carrera se levantaba a las seis de la mañana para prepararlo todo.
Hace seis años que José Quintáns nos dejó, sus hijos no quieren que se pierda aquel gesto desinteresado y generoso y siguen la tradición.
