Viernes 25.05.2012
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Aquel 22 de octubre de 1978 queda muy lejos. Muchas cosas cambiaron, desde la indumentaria de los participantes a una organización que fue aprendiendo de la experiencia para mejorar la carrera con la ayuda de los adelantos que se fueron dando gracias, sobre todo, a la informática.
Los dorsales, en los primeros años, se hacían a mano, con cartulinas, hasta que en 1985 se utilizaron los de tela y en la actualidad incluso se pueden personalizar. Y qué decir de aquellas clasificaciones que se elaboraban a mano después de recoger los dorsales uno por uno en meta provocando largas colas. La llegada del chip acabó con esos problemas.
La organización siempre se preocupó también de la seguridad de los atletas y de los espectadores. El número de vehículos en carrera disminuyó notablemente -ahora solo circula el del reloj- y también se atajó uno de los problemas que más preocupaban. La salida se hizo de la Praza do Obradoiro, pero la llegada a San Francisco se convertía en un embudo que provocaba numerosas caídas y empujones. Fue así como se pasó a salir de las puertas de la facultad de Medicina, para trasladarse posteriormente al principio de la avenida de Xoán XXIII y llegar, al fin, a su ubicación actual. En donde apenas hubo cambios fue en el recorrido, aunque en las dos primeras ediciones la cuesta de Vite se bajaba y no como ahora, que es uno de los mayores martirios de los atletas.
