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El éxtasis y el tormento: la esperanza del mejor Obra y la increíble derrota

El Rio Natura Monbus aún rumia el desconcertante KO ante el ‘Granca’, que dejó datos para la ilusión // El equipo afronta ahora dos partidos fuera: en Andorra, el sábado, y en Murcia

FOTO: R.Escuredo
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ANTONIO PAIS SANTIAGO   | 14.11.2016 
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En El tormento y el éxtasis (The Agony and the Ecstasy, 1965) el director Carol Reed reunió a dos grandes actores para contar una gran historia: una versión de cómo pinto Miguel Ángel (Heston) la Capilla Sixtina, por mandato del Papa Julio II, en el siglo XVI. El tormento alude a la relación entre ambos, porque Miguel Ángel de entrada rechazó el encargo y después discutió con el Papa casi tanto como pintó; el éxtasis es todavía hoy la Capilla Sixtina.
En Sar, el pasado sábado, también hubo tormento y hubo éxtasis. Pero lo peor para el Rio Natura Monbus Obradoiro es que cambió el orden de llegada: primero fue el éxtasis, un equipo alegre, fluido y acertado en ataque, guiado por McConnell y dominador bajo los aros con Pustovyi; y fiero en defensa. El 32-15 que reflejaba el marcador al final del primer cuarto no refleja, valga la redundancia, lo que sintió la afición de Sar viendo a su Obra: para frotarse los ojos.
Sin tanta brillantez, sobre todo no tan constante, pero manteniendo la línea frente a un rival de la calidad del Herbalife Gran Canaria, el Obra mantuvo a su rival a apreciable distancia: 51-34 en el descanso... 73-58 al final del tercer cuarto. Ahí empezó el tormento.
En sólo un minuto y medio, por fallos en el tiro en situaciones propicias de los jugadores locales y aciertos de los del Herbalife, llegó una noticia tan inesperada como cierta: parcial de 0-12, de 0-14 poco después, y partido igualado: volver a empezar. Y ahí también el Obradoiro mostró que es un equipo hecho, dejó motivos para la esperanza: compitió bien, no dejó pasar a su rival.
Pero en el desenlace llegó la ducha de agua fría. Y en ese desenlace también hay que destacar, porque apareció con todas sus letras, el rival ante el que se jugaba los cuartos el Obradoiro: el Gran Canaria supo jugar mejor ese desenlace, y los triples de Kuric, de Báez o de Aguilar fueron letales.

LO QUE VIENE. El partido no dejó, claro, una obra de la calidad infinita de lo que se pintó en la Sixtina. Pero, y hay que ver el vaso medio lleno, sí deja un Obra hecho, reconocible en su calidad y en su talante: un adversario difícil para cualquiera.
Es la esperanza a la que se aferra el aficionado obradoirista, porque a partir de ahora el calendario trae curvas duras de negociar: en primer lugar, y en eso está centrado ya el equipo santiagués, partido en la cancha del MoraBanc Andorra (sábado, 21.00 horas). Después, otra salida: a la cancha del UCAM Murcia. El siguiente partido en Sar será ante el Joventut, jornada 11, antes de la de descanso para cada equipo.

ARRIBA Y ABAJO. En el apartado particular, el partido ante el Herbalife dejó la eclosión de Mickey McConnell y el diverso camino que siguen dos pívots: Artem Pustovyi, por más que en el cuarto final se enredara, completó un partido espectacular; Shayne Whittington, sólo trece minutos (aunque con muy buenos números) y ninguno en el cuarto decisivo.


Persiste el malestar general por lo que se considera distinto rasero arbitral 

Santiago. ¿Algo que comentar del arbitraje? se le preguntó a Moncho Fernández tras el Obra-Granca. El técnico, afectado por la derrota y con pocas ganas de hablar, esta vez pareció morderse la lengua. Tras varios segundos, al fin dijo: “Nada”. Pero el malestar en el Obra y su afición por el arbitraje sufrido se puso de manifiesto (y mucho) ya en la primera parte, cuando el equipo mandaba con rentas amplias.
Lo que menos comprendió, o pareció ver, la afición del Obra fue el diferente rasero arbitral hacia uno y otro equipo. Y hay un dato: tras un inicio muy malo en defensa y una técnica señalada a su entrenador, Luis Casimiro, por protestar, el Gran Canaria endureció su defensa... y hasta el minuto ocho del segundo cuarto no se le pitó ninguna falta.
“Si tienes una forma de hacer las cosas, no tienes que cambiarla porque un equipo vaya por debajo. No entiendo que se le dé en la mano a un jugador y no se pie (...) Tanto como para que sea culpa de ellos no, pero... es su trabajo, y no es fácil”, resumió Pepe Pozas. a.p.