Viernes 25.05.2012
| Actualizado 21.05
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| El preparador físico del Deportivo, Eduardo Domínguez, a la izquierda, observa a Pablo Álvarez |
La jugada en directo no fue muy clara. Pablo Álvarez, a trancas y barrancas se llevó la pelota entre dos defensores malacitanos, y el deportivista acabó en el suelo con el balón entre sus piernas en el área rival anteayer domingo en La Rosaleda. El árbitro consideró que se dejó caer pero la evidencia de que hubo agarrón en el momento en el que el deportivista iba a rematar se vio con nitidez en la televisión.
Se puede pitar o no penalti, pero lo no entendible es sacar tarjeta por la forma de la caída que se puede deber a pisar el balón, a un resbalón, a un agarrón o una zancadilla. Un árbitro experto sabría discernirlo mejor porque, después de lo que se vio en la pantalla, ¿cómo podía mantenerse el jugador en pie?.
Lo peor es la sensación de justiciero del colegiado. Cinco minutos antes le sacara otra tarjeta en una barrera por darle en el codo la pelota cuando se protegía, y dos minutos antes, en un control de un balón con el pie elevado rozó a un rival que bajó su cabeza intentó llevárselo. No pitó falta, pero el jugador local quedó en el suelo, y la grada presionó.
Expulsión, sin penalti y otro partido distinto. De eso se queja el Deportivo, y por ello el club coruñés presentó sus alegaciones para que le retiren al menos la segunda tarjeta a Pablo Álvarez y que éste pueda jugar en Cornellá ante el Espanyol.
Por cierto quién en este nuevo recinto no se sentará en el banquillo será Miguel Ángel Lotina, ya que le cantó las cuarenta al colegiado durante el descanso en La Rosaleda. Con razón sí, pero el tono sólo lo saben los protagonistas. Y el que tiene la sartén por el mango es el que dirige el encuentro, ya que sus errores no son castigados por nadie.
. amartinez@elcorreogallego.es
