Martes 17.06.2008
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Es el primer modelo de la compañía que forma parte de la novedosa generación de productos globales. En los próximos cinco años, la previsión habla de que verán la luz más de un millón de unidades que Ford colocará en el segmento B del mercado.
El Fiesta es un icono que se ha mantenido vivo durante más de treinta años, cuando inició su andadura, precisamente en tierras valencianas. Del popular coche se han fabricado más de doce millones de unidades; y de ese total, más de 4,68 millones salieron de la planta española, que el pasado ejercicio 2008 produjo 357.600 coches, sumando Ka, Fiesta y Focus. El 82% de dicha producción se exporta, siendo su destino más de sesenta países. Y aquella planta da trabajo directo a más de siete mil personas.
Más de seis lustros
Hasta 1976, nunca Ford había entrado en el segmento de compactos. Y lo hizo con el Fiesta, un automóvil de tracción delantera, portón trasero y motor en posición transversal. Apareció en el mercado con tres versiones: Sport, Ghia y el básico, con cilindradas de 957 y 1.117 centímetros cúbicos, que llevaban una potencia de 40 a 53 caballos. El modelo solo pesaba 700 kg y el consumo se quedaba, muy bajo para la época, en 5,6 litros a los cien a un velocidad constante de 90 km/h. El año siguiente siguió la versión de 1.3 de 66 CV, en acabados Sport y Ghia. En 1979 teníamos los GL; en 1980, el S, y en 1981, el Super Sport, un coche auténticamente deportivo con sus 1.6 litros y 83 caballos.
En 1983 llega el primer gran cambio, se rediseñó el chasis y vimos muchas variaciones tanto en el interior como en su imagen exterior. Y también el primer Fiesta diésel, con 1.6 litros y 54 caballos, que dejaba el consumo en 3,8 a los cien manteniendo una velocidad constante de 90 km/h. En febrero de 1984 se alcanza la cifra de tres millones fabricados.
La tercera generación, una gama nueva, de mayor tamaño, y con 3 y 5 puertas, llega en febrero de 1989. Por primera vez en un coche de este segmento se incorpora sistema de frenada antibloqueo.
Fue en 1996 cuando apareció la cuarta generación, un vehículo completamente nuevo que estrenaba una familia novedosa de motores multiválvulas de aleación ligera de 1,25 litros, con 75 CV, y 1.4, de 90 CV. Asimismo se habían relevado chasis, carrocería (el exterior era más redondeado, de ángulos suaves), suspensión, dirección, frenos y cajas de cambio. También por primera vez se combinaban el ABS con la distribución electrónica de frenada y el control de tracción.
En 2000 se produce otro cambio estético y en 2002 llega el New Edge y la quinta generación del Fiesta, que encaja claramente con el aire de familia que vemos hoy en sus hermanos Ka, Focus y Mondeo.
