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Discurso íntegro

24.12.2009

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¡Buenas noches! Mis primeras palabras en esta Nochebuena me salen del corazón
para expresar mi afecto y mi mayor felicitación a todos los españoles. Quiero compartir con
vosotros ideas y sentimientos sobre España, sobre nuestro presente y nuestro futuro.

Unas ideas que buscan el bien de nuestro país, como gran Nación europea de larga
historia e inmenso patrimonio. Un país que no puede comprenderse sin esa rica diversidad
consustancial al mismo ser de España. Con este espíritu, mis reflexiones de esta noche se
dirigen a pediros que, juntos, acometamos tres tareas fundamentales:

En primer lugar, superar tensiones y divisiones, sobre la base de los principios y
valores que alimentan lo mejor de nuestra convivencia e inspiran nuestra Constitución.

En segundo lugar, sumar voluntades en torno a los grandes temas de Estado,
reforzando nuestra cohesión interna y nuestra proyección exterior.

Y, finalmente, redoblar esfuerzos para que España vuelva a crecer y a crear empleo.
Cuanto antes, y de forma sostenible.

Vivimos tiempos complejos y difíciles. El Siglo Veintiuno va a cumplir su primera
década. El mundo es más global en sus posibilidades -gracias a las comunicaciones y a los
avances tecnológicos-. Más global también en sus desafíos -que desbordan las fronteras
nacionales-. Desafíos que van desde la lacra del terrorismo, la crisis económica o el cambio
climático, hasta las pandemias o el narcotráfico. Todos ellos requieren de la acción conjunta
de los Estados.

Es mucho lo que nos jugamos en los próximos años. El futuro impone decisiones
estratégicas de gran calado, tanto a nivel interno, como a escala europea e internacional.
Decisiones en materia económica y financiera, energética, medioambiental, educativa o
tecnológica. Todas ellas esenciales para no perder el tren del progreso, defender el futuro de
nuestro Planeta, y asegurar el mejor porvenir a las nuevas generaciones.

Decisiones que deben tener visión anticipatoria y estar a la altura de los retos
planteados. Para afrontar estos retos, es preciso desplegar nuestras mayores capacidades,
con una España sólida y cohesionada, en una Europa dinámica y solidaria.

Los tiempos actuales nos reclaman tesón y fortaleza. Fortaleza como país que a
todos nos proporciona libertad, estabilidad y progreso.

Fortaleza como ciudadanos más preparados y competentes, promoviendo la
educación y la igualdad de oportunidades.

Fortaleza en el plano económico y social, con un tejido productivo cada vez más
innovador, competitivo y activo en el mundo, capaz de mantener y elevar nuestro bienestar
social.

Esa mayor fortaleza requiere el más amplio entendimiento y solidaridad entre todos
los españoles, entre todas y cada una de nuestras Comunidades Autónomas. No nos
podemos permitir que las legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los
consensos que piden nuestros ciudadanos.

Sabemos cuál es el camino a seguir. En las últimas décadas hemos sido capaces de
resolver grandes problemas, contando con el esfuerzo de todos, la voluntad de acuerdo y el
liderazgo responsable de nuestros dirigentes políticos, económicos y sociales. La experiencia
nos demuestra que todos somos necesarios para culminar con éxito esa tarea.

Sirvamos al interés general. Para ello necesitamos actuar con inteligencia y
generosidad, y aplicar la fuerza de la unidad, del diálogo y del compromiso, en el marco del
respeto a nuestra Constitución.

La Constitución garantiza un amplio abanico de derechos y libertades, fundamenta
una avanzada articulación de nuestra rica diversidad territorial, y nos dota de instituciones
que son claves para la estabilidad y convivencia democráticas, y el buen funcionamiento del
conjunto de España. Unas instituciones independientes para el mejor y más justo ejercicio
de sus responsabilidades, por lo que todos debemos preservar esa independencia en aras
de la confianza que los ciudadanos tienen depositada en ellas.

En 2009 la grave crisis económica ha llevado a que el desempleo sea la principal
preocupación de las familias españolas. Afecta a varios millones de personas, angustiadas
no sólo por la pérdida de ingresos, sino por la falta de horizontes en sus vidas laborales y
personales.

Las dificultades han afectado y afectan a muchos trabajadores y empresas en los
diferentes sectores productivos, desde la agricultura y la pesca hasta la industria, pasando
por la construcción y los servicios. Volver a crecer es el reto más apremiante para poner fin al
desempleo, garantizando la más alta protección social a quienes lo padecen. Debemos
atender también las legítimas expectativas de nuestros jóvenes, apoyarles e ilusionarles,
pues en ello nos va el futuro.

Se han tomado medidas a escala internacional, europea y nacional para detener la
crisis y paliar sus efectos. Son muchos los esfuerzos y sacrificios desplegados a todos los
niveles. Pero queda mucho por hacer, es preciso seguir adelante. Como ya dije el año
pasado, la solución de la crisis exige trabajar juntos en la misma dirección.

Es pues necesario seguir adoptando medidas, lograr acuerdos entre nuestras fuerzas
políticas, económicas y sociales, que permitan, por un lado, asegurar la mayor solidaridad y,
por otro, acometer las reformas precisas, a fin de lograr una pronta recuperación en un clima
de seguridad y confianza.

Urge asimismo -como vengo insistiendo desde hace tiempo- sellar -hoy mejor que
mañana- un gran acuerdo nacional en materia de educación e incentivar aún más la
innovación. Se trata de dos factores fundamentales que, junto al trabajo sacrificado de
todos, permitirán aumentar nuestra competitividad y productividad y, por ello mismo, nuestro
progreso y bienestar.

Tampoco podemos escatimar esfuerzos a favor de la igualdad de oportunidades, de
los más pobres, vulnerables y desfavorecidos, ni en la lucha contra la exclusión y la
marginación social. A favor de quienes viven problemas que a todos nos incumben, como la
discapacidad, las graves enfermedades, la drogadicción, o la inaceptable violencia de
género.

En estas fechas tan entrañables, recuerdo con especial emoción -junto a mi Familiaa
todas las víctimas del terrorismo y a sus familiares, que cuentan con nuestro apoyo,
solidaridad y afecto, así como de toda la sociedad española.

Acabar con el terrorismo -desde el imperio de la Ley, la acción de la Justicia, la
sacrificada entrega de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y la cooperación internacionales
un objetivo de todos los demócratas en defensa de la libertad y de los más elementales
derechos humanos.

Los avances en la lucha contra el terrorismo nos animan a redoblar esfuerzos. Se
trata de una prioridad irrenunciable. Una lucha que se extiende al terrorismo internacional,
que tan inmenso dolor ya ha causado, y que ha secuestrado de forma intolerable a varios
compatriotas -volcados en nuestra Cooperación al desarrollo-, cuya libertad exigimos.

La paz y la seguridad de España no pueden desligarse del resto del mundo. De ahí
que quiera volver a subrayar el reconocimiento de la sociedad española a quienes sirven a
nuestro país en el exterior. Especial mención merecen los miembros de nuestras Fuerzas
Armadas que arriesgan sus vidas en misiones internacionales, incluida la vigilancia frente a
acciones delictivas tan inaceptables como la piratería marítima.

Y es que nuestra seguridad, nuestro progreso y bienestar, dependen cada vez más
de una eficaz protección y promoción de nuestros intereses en el mundo. Lo palpamos a
diario. Por ello, importa consensuar y coordinar al máximo el papel internacional de España.

En este marco, dentro de unos días España asumirá por cuarta vez la Presidencia de
la Unión Europea, en un momento en que la Unión debe tomar medidas de vital importancia
para su futuro. Tras la puesta en marcha del Tratado de Lisboa, resulta prioritario lograr una
Europa más unida, dinámica y presente en el mundo.

Son muchos los retos y también las esperanzas que marcan este fin de año. El
porvenir al que aspiramos no llegará sólo. Tenemos que moldearlo juntos desde ahora, con
profunda confianza en España y en los españoles, aplicando mucho sentido de Estado, tanto
a la hora de gobernar, como de ejercer la oposición.

Como he dicho tantas veces, la España de hoy es capaz de grandes empresas. Con
empeño y determinación, se puede ganar la batalla contra la crisis y conseguir cuantos
objetivos nos fijemos. Sigamos trabajando para que prime la fraternidad sobre las
desavenencias, la confianza sobre el recelo, el bien colectivo sobre los egoísmos
particulares, y para que la honradez sea regla inexcusable de conducta.

La Corona tiene como norte el servicio a España y a todos los españoles. Éste es y
seguirá siendo mi compromiso diario con todos vosotros. Una tarea con la que el Príncipe de
Asturias también está plenamente comprometido.

Para concluir, quiero reiterar -junto a la Reina y toda mi Familia- nuestro afecto a
todos los españoles y a cuantos extranjeros residen en nuestra tierra.

Queremos expresaros los mejores deseos para el Año Nuevo que esperamos lleno
de felicidad para cada uno de vosotros y para vuestras familias. ¡Que sea para todos un Año
cargado de paz, concordia, recuperación económica y más empleo! ¡Os lo deseo de todo
corazón!

Buenas noches.

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