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villa y corte

José Blanco gobierna las nubes

17.01.2010 El ministro de Fomento se puso el uniforme de capitán general con mando en plaza y mandó parar a los controladores ·· Hay quien dice que si a Zapatero le relevan, él está en la línea de salida, aunque el PSOE practica mejor la estrategia del triunfo electoral, que reinventó el de Palas de Rei

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POR JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

La vida da mil vueltas y la política ni te digo. Uno gusta de bucear en la Historia para entrever los secretos del hombre y la huella de sus pasos. Estos días releo a Marx. Su doctrina generó prodigiosos cambios sociales y, a la vez, fue inagotable surtidor de desgracias. Fenecido el comunismo, seduce la dualidad de su vida privada, la hipocresía de su talante. Marx, filósofo, creador de pensamiento, inventor de la más radical doctrina sociopolítica de la Historia, profesó lo que suele ser frecuente conducta en política: la hipocresía y el cinismo.

Hipócrita era ya su familia judía que, para situarse socialmente, se convirtió al protestantismo. Nació en Tréveris donde le cortaron la cabeza a nuestro apóstol gallego Prisciliano por disentir del dogma oficial. A Marx no se la cortaron a pesar de escribir páginas fuertemente antisemitas, manifestándose contra los judíos, su propia raza. Atacó el tipo clásico de judío, cobarde, engañador y ambicioso. Es lo que hacen siempre algunos políticos, tránsfugas de emergencia, disimulando orígenes, cambiando de chaqueta y pasando al bando contrario. Reemplazando el Talmud y la Tora, Marx bebió la filosofía de Hegel, que leyó desde una perspectiva no idealista sino materialista. En París se encontró con Engels, capitalista acaudalado que tomó a Marx bajo su protección. Tiene coña que el marxismo naciese financiado por el capitalismo. Engels permitió a Marx vivir sin dar golpe y tapar sus miserias e inmoralidades. El hombre que fustigaba el inmoral capitalismo dejó embarazada a su criada, como cualquier canalla burgués. Defensor del proletariado, no tuvo escrúpulos para tapar esta vergüenza. Su amigo Engels, para evitarle críticas y reproches sociales, asumió la paternidad del bastardo. La causa socialista exigía estos sacrificios y cinismos. Subvencionado por Engels, escribiría El capital, pues Engels, asquerosamente rico, financió la liquidación del sistema explotador al que pertenecía. La política siempre aporta extraños meandros especulativos que los políticos convierten en evangelios.

 

Ahora, cuando el comunismo ha caído con el muro de Berlín, algunos siguen añorando a Marx, que propuso el exterminio físico de clases sociales enteras y de cuya humanitaria labor debían ocuparse los partidos socialistas que implantarían la dictadura del proletariado. Así nacieron los sistemas totalitarios, bolchevique y maoísta, que hicieron correr ríos de sangre. Marx murió sin ver que su comunismo no se instalaba en Alemania y Gran Bretaña, como él preveía, sino en Rusia, país agrario y medieval. Como algunos políticos de ahora que copian ideas de otros, plagió sus tesis de David Ricardo y falseó datos sobre la clase obrera. Opuesto a la mayoría anarquista de Bakunin, a la que persiguió con saña, logró que la Internacional fuese un instrumento del marxismo y fue expulsado de media Europa por sus actividades subversivas. Incluso tuvo veleidades ocultistas y escribió una obra escrita en clave satanista. No parece que la Historia le absuelva.

Los políticos de ahora no embarazan a sus criadas y, si lo hacen, se acogen al aborto de Aído. No buscan un hombre, como el cínico Diógenes, con la linterna por las calles de Atenas. Han olvidado, incluso, lo que le preguntó Alejandro al filósofo: "¿Qué me pides?". Y Diógenes le contestó: "Que te apartes, que me quitas el sol". La política que algunos practican no reconstruye el Templo del Perro que era emblema de la secta cínica. Los corintios colocaban un can de mármol blanco sobre la tumba de Diógenes. Ahora, algunos no nos dejan ver el sol: sólo construyen templos para ganar e­lecciones y adoran los votos como herencia sagrada de los dioses. Jetas, pillos, frescos, y caraduras conducen al pueblo por la senda de la demagogia. Sólo les interesa repetir poder. Consideran la política como flor palpitante pero la desdeñan convirtiéndola en cinismo. Las autonómicas y municipales están a la vuelta de la esquina, y renace la pasión del voto. El PSOE practica mejor la estrategia del triunfo electoral, que reinventó José Blanco, que la gobernación del Reino. Ya salen a la plaza, como Diógenes, buscando el hombre. Si Zapatero fracasa o sale trasquilado de la presidencia europea, hay que buscarle relevo. Andan ya voces en el foro proclamando que nada aconseja cambiar a ZP, que será el candidato en el 2012, y que su aura no se extingue ni ensombrece. Es el lenguaje del prozac para calmar los nervios. Todo partido político tiene siempre en el zurrón otro jugador en el banquillo para saltar al campo cuando se lesiona el capitán. El PSOE es club de zorros plateados que saben olfatear las gallinas. Una facción del partido no acaba de ver a Zapatero como redentor. Es lo normal porque pasa en todos los partidos. La hipocresía y el cinismo son claves políticas. En este Madrid de ansias insatisfechas, todos aparentan paraísos y nirvanas. Los modistos en vez de vestir a la mujer la desnudan, los comerciantes adornan el producto para disfrazar los precios, los políticos anuncian el futuro como si retornase Cristo. En el franquismo las estrellas de Hollywood ligaban a los toreros de verde luna y Ava Gardner a Dominguín. Hoy en los garitos suena cada noche lo último de Buika o de Diego el Cigala. Lo de la Robinson irlandesa suena normal porque las nuevas leyes le dan a la mujer espacio sexual pleno. Pero la moda ya no es el sexo sino las noches de relámpago y coca. Los tablaos giran con las ombligos de las bailaoras hechizantes y los quejíos del flamenco roto del sur. El turismo ha disminuido pero los cachas de lámina pastorean guiris esbeltas que se colocan más con el canuto que con la cama.

 

Haití nos ha dejado sin habla. Dios no estaba allí. Estos son problemas y no los excesos de políticos que sólo piensan cómo vender su credo. Estamos tan locos que el misil del etarra Olano nos deja fríos como si el magnicidio frustrado de Aznar fuese del siglo pasado. Los políticos, siempre avispados, descubren el alma del guerrero que llevan dentro y los de tropa escuchamos con tanta emoción que nos eriza la carne. La edad nos ha dejado sin venenos, dijo el poeta. Desde Esquilo el teatro está en crisis y la política que es representación y tablas, cabalga en las nubes. Por eso, José Blanco, se puso el uniforme de capitán general con mando en plaza y mandó parar a los controladores. Hay quien dice que si a Zapatero le relevan, Blanco está en la línea de salida. Hoy por hoy es el imbatible del Gobierno, el que ordena las nubes y gobierna el rayo. Como Júpiter.

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