Martes 17.06.2008
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Galicia » Alta velocidade galega
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| El ministro de Fomento, José Blanco, en el centro, durante una visita a las obras del viaducto de Puente Ulla FOTO: Fernando Blanco |
“Voy a decirle a los gallegos la verdad y no seguir en la huida hacia delante en la que estábamos. La llegada del AVE a Galicia en 2012 no es posible”. Hace falta tener mucho valor y coraje político para hacer esta afirmación en el Congreso de los Diputados. Desde que el ministro lucense José Blanco se atrevió a hacerla, poco después de su desembarco en la cúpula de Fomento, la llegada de la alta velocidad ferroviaria a Galicia dejó de ser una historia interminable. Hasta entonces, el baile de fechas contradictorias prometidas por los diferentes responsables políticos de las obras convertían la realización de esta infraestructura vital para la comunidad gallega en un viaje a ninguna parte.
La historia del AVE gallego es larga, mucho más de lo que los habitantes del noroeste peninsular quisieran. Se remonta a mediados de la década de los 90, cuando el último Gobierno de Felipe González avanza un tímido plan de modernización de las líneas férreas entre Vigo y A Coruña. Corría el año 95 y el estudio encargado por Josep Borrell, en aquel tiempo ministro de Obras Públicas, no contemplaba todavía la alta velocidad. Un año más tarde, el PSOE fue desalojado del poder por el PP y el plan Borrell pasa a mejor vida en los despachos del nuevo titular del Ministerio, Rafael Arias Salgado. Fueron cuatro años perdidos, hasta la llegada de Francisco Álvarez Cascos a Fomento. En 2001, el nuevo ministro diseñó un ambicioso Plan de Infraestructura del Transporte (PIT) a nivel estatal, que contemplaba la llegada del AVE de Madrid a Galicia y las líneas de alta velocidad entre Ferrol y Vigo (el Eje Atlántico), Santiago-Ourense y Ourense-Lugo. Por primera vez alguien en el Ministerio se tomaba la modernización del ferrocarril gallego en serio.
Plan Galicia
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| Detalle de las obras del viaducto del AVE en Ponte Ulla |
Tras el hundimiento del Prestige en las costas gallegas, en noviembre de 2002, el proyecto del AVE a Galicia experimentaría un inesperado impulso, con el diseño del Plan Galicia. Álvarez Cascos lo presentó en enero de 2003, y su mayor virtud era que dotaba de mayor velocidad a todas las líneas ya diseñadas, además de crear dos nuevas, la de Lugo-A Coruña y la conexión a Portugal a través de Vigo-Tui. Un año después, el PP perdería las elecciones generales, con lo que Cascos apenas tuvo tiempo de licitar, contratar y comenzar las primeras obras, aunque se fue dejando unos plazos de ejecución muy optimistas, que contemplaban la entrada en funcionamiento del AVE gallego en el horizonte de 2009.
A Francisco Álvarez Cascos lo sustituyó al frente del Ministerio de Fomento Magdalena Álvarez, que pasaría a la historia por sus nada disimulados cabreos cada vez que oía hablar del Plan Galicia. Sea o no esa la razón, lo cierto es que hasta le llegó a cambiar el nombre y lo incluyó en el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT). Magdalena Álvarez siempre se quejó con amargura de la herencia recibida del ministro asturiano, al que acusó repetidamente de comprometer una fecha demasiado precipitada para lo poco avanzados que, en su opinión, estaban los proyectos. Con ella los plazos del AVE gallego sufrieron un nuevo baile de fechas, hasta que por fin se atrevió a fijar el 2012 como el año en que se podría viajar de Galicia a Madrid en trenes de alta velocidad.
Plazos irreales
El 24 de junio, tras una reunión con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, José Blanco anuncia una inversión récord para el AVE gallego, 4.678 millones de euros para el período 2009-2010, “el mayor impulso dado nunca a un AVE en España”, según él mismo aclara. Además, empeña su palabra en que en 2011 se alcanzará “el hito de poner en marcha la primera línea de alta velocidad en Galicia, Ourense-Santiago, con doble vía electrificada y ancho internacional”. También promete que en 2012 todas las ciudades gallegas estarán comunicadas por trenes de alta velocidad y que 2015 será el año en el que, por fin, se podrá circular en AVE hasta Madrid.
En la historia del AVE gallego hubo demasiados plazos y demasiadas frustraciones. Pero por primera vez, por el ritmo de inversión y de las obras, hay poderosas razones para pensar que estamos ante las fechas definitivas.
A dos horas de la capital española
Cuando la nueva conexión ferroviaria a Madrid esté finalizada, en el año 2015, el viaje en AVE desde cualquiera de las ciudades gallegas a la capital española se reducirá de forma considerable, hasta las dos o tres horas.
El AVE de Madrid a Galicia aprovechará las infraestructuras del que une la capital del Estado con Valladolid, pero se desviará por la variante de Olmedo. Desde esta ciudad se circulará hasta Zamora, vía Medina del Campo, tramo que se prevé acabado en 2012.
Dos años después, se espera que esté concluido el Zamora-Lubián, y el Lubián-Ourense, el trecho de mayor complejidad técnica, sería el último en entrar en funcionamiento, a finales del año 2015.
Adif garantiza la integración ambiental
Adif, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias, destina el 14,7% del presupuesto de la construcción de la alta velocidad a garantizar su integración ambiental, asegurando rigurosamente el cumplimiento de las Declaraciones de Impacto Ambiental y realizando mejoras en el entorno de forma voluntaria.
Respeto y protección de vegetación y fauna
Las actuación de Adif en la línea Ourense-Santiago conlleva la construcción de 47.000 metros lineales de cerramiento metálico para evitar el acceso de la fauna a la plataforma ferroviaria, el transplante de vegetación autóctona y la plantación de 159.000 árboles bajo un plan de prevención y extinción de incendios.
