Lunes 20.04.2009
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| El lugar del crimen horas después de la aparición de los cadáveres: un camino en el bosque FOTO: Kiko Delgado |
Un desolador y brutal final encontraron José Manuel Gómez Rodrigo y Claudia Alejandra Castelo Castro: los jóvenes asesinados y descuartizados en Betanzos, y abandonados en un páramo de Ferrol. A sus días ha puesto fin un delincuente reincidente, un hombre que ya mató a un taxista de Santiago en 1999. Manuel Antonio Prado y su compañera Adriana Amoedo permanecen detenidos desde ayer en la Comisaría de la Policía Nacional de Narón, como presuntos autores de este doble asesinato.
Ambas parejas compartieron destino en los últimos tiempos. Vivían en Betanzos, y tanto Manuel como José contaban con antecedentes por robos y trapicheos de drogas. En este aspecto radica la investigación del doble crimen: en un presunto ajuste de cuentas como móvil de Manuel Antonio. Y este joven de 32 años, de la parroquia de O Pindo (Carnota), guardaba además un pasado oscuro. Había pasado siete años en prisión, condenado por acuchillar doce veces hasta la muerte a un taxista.
Según la investigación de la Policía Nacional, la misma saña empleó en la muerte de la joven pareja. Claudia Alejandra, natural de Buenos Aires y de 25 años, y José Manuel, nacido en París y de 37, eran hijos de emigrantes gallegos y residían en Betanzos. Al fallecido lo conocían como Pachá en Sada, municipio donde sus padres viven y regentan una hamburguesería del mismo nombre. Las drogas llevaron al chico a la cárcel y a centros de rehabilitación, incluso im- plicado en una trama de compra de joyas robadas. Sólo hacía un año que había salido de prisión, e intentaba rehacer su vida junto a su novia.
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| Manuel Antonio Prado Riveiro, en el centro durante su juicio FOTO: Correo |
En su camino se cruzó Manuel Antonio Prado, que ya residía en Betanzos junto a su compañera Adriana, de 26 años y natural de Asturias. Según los vecinos, "se enfrascaron en un asunto de drogas" que terminó en tragedia. La investigación apunta a que Manuel Antonio pudo cometer el crimen en Betanzos, armado de un machete y un cuchillo, hace unos cuatro días. Su novia lo habría encubierto y ayudado a deshacerse de los cadáveres. Los cuerpos se despiezaron en un vano intento de ocultar pistas: los miembros se metieron en bolsas de basura, y las cabezas y troncos se depositaron en una maleta. Incluso los presuntos autores habrían utilizado la furgoneta de los fallecidos para trasladar los restos hasta Ferrol.
Huida en el coche del muerto
Los familiares de los fallecidos recibían la descorazonadora noticia sobre las cuatro de la mañana, diez horas después de la aparición de los cadáveres. Mientras la madre de José Manuel era atendida en una ambulancia, la Policía Nacional rastreaba el entorno en busca de sospechosos.
Las miradas no tardaron en dirigirse hacia José Manuel, con su pasado de asesinato y robos con violencia. La pareja de presuntos autores huyó al amanecer junto a su hijo de corta edad. Pero para su escapada utilizaron la propia furgoneta de las víctimas. En un control rutinario, la Guardia Civil dio con ellos en Viveiro. El supuesto asesino logró escapar, mientras su mujer era detenida. Horas después, también él era arrestado en Lourenzá.
La familia del asesinado lloraba la pérdida, traumatizada por la brutalidad perpetrada: "No tiene perdón, no se puede matar a nadie como un perro". Y su padre recordaba "el último beso recibido de mi hijo".
Una camarera de padres emigrantes
Claudia Alejandra, hija de emigrantes como su novio, había trabajado como camarera en varios bares de Sada. Planeaba con José Manuel irse diez días de vacaciones en la furgoneta. La familia apunta el robo como móvil, y niega un posible ajuste de cuentas .
Inmerso en una fase de rehabilitación
La familia de José Manuel reconoce que el joven había sido politoxicómano. Pero también indica que "se encontraba en plena fase de rehabilitación". Los amigos lo definen como un "buen chico que al final eligió malas compañías". Su familia es "muy buena y trabajadora".
‘‘¡Cuánto van a volver a sufrir sus padres!’’
‘‘¡Cuánto van a volver a sufrir sus padres!, ¡no doy crédito a lo que estoy oyendo!’’. Estas eran las primeras palabras que pronunciaba Manuel Martín Gómez, el abogado defensor de Manuel Antonio Prado durante el juicio que se siguió contra el joven, que entonces contaba 23 años, por el asesinato del taxista José María García Corral.
"Este joven tenía un buen talante mientras estuvo en prisión y tenía muchas ganas de volver a la normalidad para organizar su vida. Sé que alardeaba incluso de que estaba estudiando en la prisión", continuaba entrecortadamente e intentando hacer memoria el letrado Manuel Martín.
"Es un drama que me duele humana y profesionalmente, no soy capaz de reaccionar, ya que me coge completamente por sorpresa. Pero lo que me duele sobremanera son sus padres, unos padres ejemplares que lo único que han deseado es la felicidad de su hijo, y por lo que han sufrido lo indecible en esta vida".
Manuel Martín también recordó que el joven fue condenado a nueve años de prisión por aquel crimen y que había salido de la misma no hacía mucho tiempo. "No sé qué pudo pasar", terminó.
