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EN otro mundo

Blanca García: "A los recién nacidos les daban chocolate para que fuesen listos"

Matrona con medio siglo de trabajo a la espalda, ayudó a nacer a más de tres mil niños // " En los años 50 en el rural había mucha superstición" // "Las mujeres parían encima de la artesa o en un banco"

ÁNGEL ARNÁIZ • MONFORTE DE LEMOS   | 20.03.2010 
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Blanca García fue homenajeada en Monforte con motivo del Día Internacional de la Mujer

"En las aldeas, allá por los años 50, muchas madres le daban a tomar a los recién nacidos chocolate con una peseta de plata porque tenían la creencia de que así saldrían más listos". Situaciones como esta, que parecen salidas de otro mundo, tenían lugar en el rural gallego hace poco más de medio siglo y las vivió en primera persona Blanca García, una matrona monfortina, que ayudó a nacer a más de tres mil niños en el sur lucense.

A Blanca, como a muchas otras profesionales de su tiempo, le tocó vivir una época en que ser partera era toda una heroicidad. En sus casi cincuenta años de trabajo como comadrona en las comarcas de Lemos, Quiroga y O Courel vivió decenas de experiencias que darían para escribir un interesante libro.

Rememora que los partos en las aldeas por aquel entonces eran muy diferentes a los de hoy. "La falta de medios era muy grande, en alguna casa no podías pedir dos toallas porque no las tenían, la luz era de candil y la asistencia a la parturienta se hacía a través del tacto, era más natural, de aquella no había ecografías", cuenta. Añade, "la clave del parto, como decía mi profesor Romero Girón, estaba en saber esperar, en no precipitarse".

Blanca relata: "Las mujeres querían parir encima de la artesa sobre un lecho de hojas de maíz o en los bancos de respaldo que tenían en la cocina, porque dejaban la cama limpia para acostarse después del alumbramiento, ya que no tenían otras sábanas para cambiarla". Las costumbres, creencias y supersticiones vigentes todavía en aquella época "eran la batalla que librábamos a diario", subraya Blanca. Agrega que "había lugares en los que a las embarazadas les untaban un ungüento de aceite, porque creían que así dilataba antes y cuando llegabas a atender el parto aquello no había por donde cogerlo". En otros casos, prosigue, "le daban a la embarazada a beber una especie de caldo de culebra supuestamente contra los dolores de vientre".

Reconoce que, por desgracia, en el rural había en esos tiempos de posguerra mucha miseria y poca cultura, "lo que dificultaba el trabajo e incluso era un riesgo para los niños a los que hacían mil diabluras por las supersticiones tan al uso", subraya con una sonrisa de nostalgia.

En este sentido recuerda que además del chocolate en cuchara de plata para que fuesen más listos -"y como no tenían la cuchara se lo daban en una peseta de plata de la época"-, otra creencia muy extendida era la de "coser un trozo del cordón umbilical a la ropa del niño para que no le tocase hacer la mili fuera de España, en Ceuta o Melilla". También era muy común, según relata, que les apretaran el pecho "para sacarles la leche de brujas, práctica que solía ocasionar infecciones y complicaciones".

delegmonforte@elcorreogallego.es

TRAYECTORIA: DE MADRID A MONFORTE, CON ESCALA EN SADA

Pionera en impartir clases de preparación al parto

Blanca García fue una de las primeras mujeres de Galicia en impartir clases para la preparación del parto. Cree que esos cursos pioneros, que promovió en Monforte de Lemos, y la educación maternal ayudaron a preparar a las mujeres para dar a luz como algo natural y a desterrar miedos y terrores tan en boga entre las embarazadas.

Blanca, a sus 81 años, "18 escritos al revés", como dice ella con una pícara sonrisa, comenta que un parto es algo complicado que implica un cierto sufrimiento, pero si la mujer conoce su cuerpo, sabe a lo que se enfrenta y como comportarse, todo es muy diferente y más llevadero. "Con los cursos creo que logramos normalizar los partos y educar y preparar a la mujer para vivir uno de los momentos más importantes en su vida", explica. Aunque está a favor de los medios que ofrece la tecnología actual, es más partidaria del parto natural, "algo a lo que se está volviendo en muchos lugares", dice. Blanca, que llegó a atender tres partos en un día, no duda en afirmar que la mejor medicina y el mejor instrumental "es el cariño, un gesto amable, una caricia, algo que creo se está perdiendo en la atención sanitaria actual, más deshumanizada".

Blanca García cursó sus estudios en la Escuela Oficial de Matronas de Madrid. Al acabar sus tres años de formación, trabajó un año en la capital madrileña, pero la morriña pudo con ella y se vino para su Galicia natal en cuanto pudo. Primero consiguió una plaza de Asistencia Pública Domiciliaria (APD) en la localidad coruñesa de Sada y de ahí se fue para Monforte, donde ejerció desde el año 1951 hasta su jubilación.

Esta partera, que para llegar a muchas de las casas en las que atendió partos tenía que ir en caballo o andando por caminos de tierra, por los que no entraban los coches, y alumbrándose con teas cuando era de noche, fue objeto en Monforte, con motivo del Día Internacional de la Mujer, de un merecido homenaje a su labor profesional. Antes, cuando se jubiló, sus compañeros y la Dirección Provincial de Sanidad ya habían reconocido su meritorio trabajo .