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Los bosques bien conservados sólo ocupan el 2% de la superficie forestal

Los grupos ecologistas denuncian el excesivo peso del eucalipto, que supone el 30% de la masa arbolada gallega//La comunidad tiene más de la mitad de los ejemplares de España

NATALIA SEQUEIRO SANTIAGO E.P.   | 22.03.2011 
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FRAGAS DO EUME Es el último reducto de bosque autóctono en la franja atlántica gallega, pese a ser parque natural sigue amenazado por la plantación de eucaliptos.

El bosque bien conservado es un bien escaso en Galicia. Según el último Inventario Forestal Nacional que realiza el Ministerio de Medio Ambiente en la comunidad hay 1.319.000 hectáreas arboladas. Pero sólo unas 25.000, según los datos publicados por el catedrático de ecología Adolfo Cordero, se corresponden con bosques primigenios de buena calidad ambiental. Su extensión no llega ni al 2%.

La implantación de una política forestal basada en la introducción de especies foráneas como el pino y, sobre todo, el eucalipto ha sido en buena medida los responsable de la desaparición de los bosques autóctonos. Los grupos ecologistas aprovecharon ayer la celebración del Día Internacional Forestal para denunciar estas prácticas y firmar un manifiesto en el que 20 organizaciones de toda España proponen nuevas medidas para solucionar la conflictividad social y ambiental de las plantaciones de eucalipto. En Galicia la presencia de este árbol originario de Australia se ha multiplicado por 4,5 veces en los últimos veinte años. Actualmente, Galicia cuenta con más de la mitad de todos los eucaliptos presentes en España, con una superficie de 396.344 hectáreas de las 750.000 que existen en todo el Estado. Solo o acompañado por otros árboles, el eucalipto está presente en el 28% de la superficie arbolada gallega. Organizaciones ecologistas gallegas como Adega, Ríos con Vida, Amigos da Terra, Sociedade Galega de Historia Natural y Verdegaia recuerdan los problemas que acarrea este cultivo para el medioambiente. Pese a su importancia económica, los eucaliptos lastran la conservación de la fauna, la gestión de los recursos hídricos, la preservación de los espacios protegidos o la ordenación del territorio.

La situación es más preocupante en la franja atlántica que en el interior. "En la costa de A Coruña y Pontevedra quedan poquísimas hectáreas de bosques autóctonos atlánticos, el ejemplo más destacado es el parque natural de las Fragas do Eume, pero incluso aquí se están plantando eucaliptos", subraya el profesor de la escuela universitaria de Enxeñería Técnica Forestal de la Universidade de Vigo, Adolfo Cordero. Un equipo de investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos I demostró el año pasado que a mediados de los años 50 la presencia de eucaliptos en las Fragas do Eume suponía tan sólo el 6,9% del parque, mientras que en la actualidad ocupan el 20%.

LAS RAZONES HISTÓRICAS. "En los últimos años se ha realizado un esfuerzo importante por plantar árboles, pero poco se ha hecho por recuperar los bosques", subraya Cordero. Galicia cuenta ahora con más superficie arbolada que en el siglo XIX, cuando la construcción de barcos, la llegada del ferrocarril y fundición de hierro acabaron con importantantes masas forestales. En los años 20-30 del siglo XX las autoridades impulsaron la reforestación, pero se fijaron exclusivamente en especies de crecimiento rápido, primero el pino y a partir de los años 60 el eucalipto. El clima gallego se convirtió en un aliado excepcional para la especie australiana, que según Cordero, consiguió también expandirse gracias a la proliferación de incendios. "Los fuegos acaban con otras plantas, pero tras la quema los eucaliptos rebrotan con facilidad, es fácil ver numerosas pequeñas plantas", indica el catedrático de ecología.

Mientras en la costa el deterioro del bosque autóctono parece imparable, en el interior la situación está empezando a cambiar. El despoblamiento del rural está logrando que robles o castaños comiencen a ganar terreno antes destinado a pastos. "Se regeneran de forma natural, pero todavía no se pueden considerar bosques", indica Cordero. Los mejores ejemplos de bosques bien conservados se encuentran en Ancares y Courel, pero en estas zonas intereses industriales, como las pizarreras, vuelven a poner en peligro a las masas árboreas.