Martes 17.06.2008
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Ojalá me equivoque. Hasta ahora ha sido muy fácil. Más de lo previsible. El presidente se metió en el bolsillo de una tacada a la oposición, sindicatos y empresarios. Demasiado sencillo como para no desconfiar. A la oposición, por su debilidad es más comprensible. Además, la jugada maestra de la ley de cajas la cogió desprevenida, aunque no va a ser tan fácil coincidir en sus contenidos. El PP quiere unas entidades profesionalizadas mientras que nacionalistas y socialistas politizadas. Más incomprensible resulta la actitud sindical que da por buena la desaparición de un millar de puestos de trabajo salvo que tenga el convencimiento de que cualquier otra solución destruiría más. Se entiende mejor la postura de la organización patronal que, al menos en Galicia, siempre se sitúa oficialmente al lado del poder. Fue muy transparente su presidente cuando dijo que los empresarios preferían dos pero que apoyarían la propuesta de la Xunta. La que fuere.
Feijóo realizó durante estos meses un excelente trabajo personal. Se ha ganado a la opinión pública para la causa y la foto de ayer, flanqueado por sus adversarios, vale el peso de los tres en oro. Lo que proclamó, su apuesta por la fusión no fue sorpresa. Lo dijo ante la cúpula del partido e inmediatamente fue filtrado a determinados medios, lo cual desde mi punto de vista no sólo era innecesario sino que resulta contraproducente para alcanzar el objetivo.
Superada esta fase, con nota, queda la más difícil. Casar a dos que no se quieren.
