Lunes 20.04.2009
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Una vez asentadas en España, mujeres relacionadas inicialmente con el negocio del sexo son captadas por organizaciones delictivas que, entre otras cosas, las utilizan para blanquear capitales procedentes de actividades ilícitas. ¿Ejemplos? La Fiscalía llegó a solicitar cinco años y medio de prisión, así como multas de ocho millones de euros, para las dos principales testaferros del narco José Antonio Pouso Rivas: Teresinha de Jesús Carvalho y Lidia Niele Maia Costa.
Como ya publicó este diario, Pouso Rivas, alias Pelopincho, y su exabogado, Manuel Franco Argibay, ambos en paradero desconocido y máximos responsables de la trama desarticulada en la operación Cormorán, no comparecieron en el considerado mayor juicio celebrado en Galicia por blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico (quince millones de euros), donde sí lo hicieron estas mujeres.
Teresinha de Jesús Carvalho, que fue compañera sentimental de Pouso Rivas, fue una de los nueve encausados en este proceso que no alcanzaron ningún acuerdo con el fiscal y se enfrenta a una pena que oscila entre los cuatro y los seis años de prisión, el máximo previsto para el delito de blanqueo de capitales, que, en su caso, el Ministerio Público considera además doloso.
Durante su comparecencia, coincidió con la también brasileña Niele Maia Costa al declarar que había comprado con dinero propio su patrimonio actual. Estas mujeres sólo respondieron a las preguntas de su abogada, negándose a contestar las cuestiones previstas por el representante del Ministerio Público y el resto de los letrados.
Llegado un momento, Lidia Niele Maia relató ante el tribunal que ella podía ganar hasta 30.000 euros al día gracias a la prestación de servicios especiales (trabajos relacionados con el sadomasoquismo, coprofilia...) que le solicitaban clientes fijos con residencias en otros puntos de España, como Barcelona, Málaga y Madrid, por citar tres ejemplos. Esta brasileña también sostuvo que le tocó la lotería hasta en dos ocasiones y que utilizó el dinero de los premios para comprar un bajo comercial y un restaurante.
El fiscal, que calificó de recurrentes este tipo de argumentos, tuvo que exonerar, sin embargo, a Natividad Laborde, la mujer de Manuel Franco Argibay. "Reconozco que casi todas las operaciones las hacía Franco", afirmó. Y así, dos de las nueve fincas que le fueron intervenidas a este abogado pontevedrés, que no dudó en pagar una fianza de dos millones de euros para quedar en libertar provisional y huir, deberán ser reintegradas a Natividad Laborde.
