El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Galicia | galicia@elcorreogallego.es  |   RSS - Galicia RSS

GALICIA XXI // ACTORES DEL CAMBIO

César Portela: "Es irreversible: la mitad de la costa está degradada"

ARQUITECTO // "Hay arquitectos que son grandes estrellas y hacen grandes edificios, pero en las ciudades los espacios públicos van a menos"

LUIS POUSA • SANTIAGO   | 10.05.2009 
A- A+

Ramón Escuredo
El arquitecto César Portela Fernández-Jardón en su estudio de arquitectura en Pontevedra
FOTO: Ramón Escuredo

César Portela Fernández-Jardón (Pontevedra,1937; casado: tres hijos) es uno de los grandes de la arquitectura española contemporánea. Doctor en Arquitectura y ex catedrático de Proyectos Arquitectónicos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de A Coruña, Portela fue galardonado en 1999 con el Premio Nacional de Arquitectura de España por el edificio de la estación de autobuses de Córdoba. Entre sus proyectos más destacados están también la Domus-Casa do Home (A Coruña, 1995, en colaboración con Arata Isozaki), el faro de punta Nariga (Malpica, 1995), el cementerio de Fisterra (2002) o el Museo do Mar de Vigo (2002, con Aldo Rossi). En la actualidad, César Portela está en plena faena con la Estación Central de Valencia, la torre del aeropuerto de Granada y el Palacio de Congresos de Beiramar (Vigo).

_ ¿Qué le aportaron Aldo Rossi y Arata Isozaki?

_ Son dos grandes arquitectos, dos grandes personas y dos grandes personajes. Aprendí mucho de Isozaki, un gran profesional de una cultura muy distinta a la mía. Pero para mí Aldo fue decisivo: era un gran teórico. En 1974 hicimos en Santiago un Seminario Internacional de Arquitectura en el que se dijeron algunas cosas que no se habían dicho nunca desde la Segunda Guerra Mundial, y tenían como trastienda un trabajo teórico de Aldo Rossi, La arquitectura de la ciudad.

_ ¿Y qué decía Rossi?

_ Que la arquitectura realmente importante es la de la ciudad. Que los arquitectos estaban aceptando encargos muy herméticos, y se desentendían un poco de los problemas de la ciudad. Eso lo dijo en los años 70, y luego se comprobó que era cierto. Hay grandes estrellas que hacen grandes edificios, pero en las ciudades los espacios públicos van a menos. En cualquier ciudad grande o media, los mejores espacios públicos son de hace 50 ó 100 años. Con ser muy espectacular la arquitectura de los edificios en Santiago, lo es más la de sus plazas. Se percibe que esos edificios están pensando una plaza, configurándola. El encanto de Pontevedra son sus placitas. La plazas son el espacio social donde haces amigos, te encuentras con ellos; donde hay niños, mayores... Son la esencia de la ciudad.

_ ¿Con qué obras suyas se siente usted más realizado?

_ Con el cementerio de Finisterre, el faro de punta Nariga, el Museo do Mar de Vigo o con el arreglo que hice en las islas de San Simón y San Antonio. También me siento muy identificado con la estación de autobuses de Córdoba, el parque de los Toruños de Cádiz, el puente de Shinminatto en Japón o la Escuela de Bellas Artes de Ciudad Bolívar, en Venezuela. Son como los hijos, cada una tiene su manera de ser, pero los quieres a todos.

_ ¿La Estación Central de Valencia es su mayor reto?

_ Es un reto muy grande por muchos motivos. Por la escala que tiene el proyecto, después de Atocha será la más grande de España y pasarán por ella 12 millones de personas al año. Porque es muy complejo: hay tren de cercanías, tren regional, tren de alta velocidad, estaciones de metro, una estación de autobuses, un edificio que es un World Trade Center. Hay varias plazas que articulan ese conjunto. Además, tiene que engullir a la actual Estación del Norte, un proyecto magnífico del arquitecto valenciano Demetrio Ribes. Están muchas administraciones por medio: el Ayuntamiento de Valencia, la Generalitat, el Ministerio de Fomento. Es un reto porque Valencia es una ciudad en la que, igual que hay una arquitectura barroca un poco rococó, hay una arquitectura barroca extraordinaria. Y también porque en Valencia tengo muchos amigos, y si el proyecto no me sale muy bien no me atreveré a volver allí.

_ ¿Entra en sus planes hacer alguna estación del AVE en alguna ciudad gallega?

_ De momento estoy haciendo la de Valencia y la intermodal del Prat de Llobregat, que es la anterior a la de Barcelona y donde se bifurca para el aeropuerto. Me gustaría hacer una actuación en Galicia, pero es bueno no encasillarse. Suelo alternar una casita pequeña con un gran proyecto.

_ ¿En vivienda, la actual crisis es de oferta o es de algo más?

_ Es una crisis de modelo de crecimiento. Hace años un grupo de profesionales, reunidos en la plataforma Cíes, hicimos un proyecto, por encargo de Consejo Superior de Colegios de Arquitectos, que se llamaba Crecimiento versus desarrollo. Decíamos que la sociedad debía tener un desarrollo equilibrado, armónico y autosostenido y, sin embargo, estábamos propiciando un mero crecimiento. Si te planteas que en esta sociedad debe haber un mínimo de igualdad y todo el mundo tener los mismos derechos, no puede ser que uno tenga tres casas y diez coches, y muchos no tengan ni una casa ni un coche. Esto debe replantearse. Realmente eres más feliz cuando no llevas dinero encima, das una vuelta con los amigos, te sientas en una playa y ves una puesta de sol.

_ ¿En Galicia hay buenas puestas de sol?

_ Viendo una puesta de sol en Finisterre no envidio a Onassis ni a la madre que lo parió. Al final, cuando estás bien es cuando te enamoras de alguien; cuando estás en una tertulia con unos amigos hablando de lo divino y de lo humano; cuando disfrutas del tiempo. Esas cosas son todo lo contrario a esa idea de que si no tienes miles de millones eres un pringado. En sus últimos treinta años Picasso vestía un pantalón corto y calzaba unas sandalias. Yo envidié a aquellos personajes que vivían bajo los puentes en París, los clochards.

_ ¿Por qué?

_ La primera vez que fui a París estuve con ellos hablando horas y horas. No tenían dónde caerse muertos, pero se tenían a sí mismos; eran generosos y hacían lo que les daba la gana. Eso es lo máximo. Tenemos muchas cosas porque no valoramos lo que somos. El acto más revolucionario es intentar convencer a la gente de que teniendo salud, tiempo y amigos, lo demás no es necesario. Hay que garantizar que toda la gente coma, tenga enseñanza y asistencia médica. Deberíamos hacer un esfuerzo para que los estados correspondientes puedan garantizarlo. No puede ser que en el mundo se mueran niños de sed. ¡Terrible! ¿No?

_ ¿Se impone la sostenibilidad?

_ Es fundamental. En mi casa no se tiraba nada, y las sobras de la comida se guardaban y por la tarde venía una persona a recogerlas; las llevaba para los cerdos. Luego, cuando mataba el cerdo, nos traía unos chorizos. Ese intercambio era sostenibilidad. La mitad de la fruta que se consume en Galicia y hasta el pescado, ¡fíjate tú!, vienen de fuera. Vas al campo y en los árboles hay manzanas, peras, naranjas, etc., que nadie las coge. No sabemos valorar lo que tenemos.

_ ¿El deterioro de la costa gallega es irreversible?

_ Es irreversible. La mitad de la costa gallega está degradada.

_ ¿Esa degradación es relativamente reciente?

_ De las tres últimas décadas.

_ ¿La Ley de Protección del Litoral era necesaria?

_ Aunque sólo fuera como una señal de alarma, yo la daría por bien empleada. Combarro es una maravilla; los faros que jalonan la costa, lo mismo. Cuando la arquitectura es buena, sublima la naturaleza, no la destroza, pero lo que se hizo en la costa gallega es de tan mala calidad, de tan mal gusto y de tan mala construcción que es horrible. Hay lugares a los que no voy porque me pongo malo al verlo, caso del tramo de Pontevedra a A Toxa.

_ ¿Se necesitan unas directrices de ordenación del territorio?

_ Es básico. Las leyes ayudan, pero lo importante es la cultura; que la gente haga bien las cosas porque le sale de dentro.

_ ¿Hay que ir a un gran pacto político por el territorio?

_ Rotundamente, sí. Porque si destruimos la costa, los valles, los ríos, las montañas..., ¿qué nos queda? Si fuéramos conscientes de todo eso no hubiéramos repoblado Galicia de eucaliptos, no hubiéramos cargado la costa de apartamentos estúpidos, no nos hubiéramos cargado la pesca en las rías ni nos hubiéramos cargado los ríos. No tenemos perdón de Dios. Es una tragedia. ¡Vaya herencia le estamos dejando a nuestros hijos!

_ ¿La ubicación, en su día, de las factorías de Ence y Elnosa, impidió la convergencia natural y armónica de Pontevedra y Marín?

_ Ríete tú del Muro de Berlín, Ence paró Pontevedra por un lado y Marín, por el otro. La zona donde está Ence se llamaba Los Placeres, porque era maravillosa. La finca de Montero Ríos (Lourizán) acababa en una especie de junquera y playa, que era el sitio de marisqueo más importante de toda Galicia. Metimos ahí una fábrica, y estragó todo.

_ ¿Los planes de urbanismo acaban haciéndose a medida de las grandes inmobiliarias?

_ La figura del plan de urbanismo es como un corsé, pero si no lo interpretas, malo, y si lo interpretas, se presta al amiguismo. Vivimos en una sociedad basada en la desconfianza. En los paises que nos llevan la delantera, la Administración toma las decisiones independientemente de que gobierne Juan o Pedro, pues las necesidades de la gente no cambian porque esté Juan o Pedro.

_ ¿Qué importancia le concede usted a los materiales?

_ Los materiales son a la arquitectura lo que las palabras a la literatura. Cela era amigo de mi padre. Una vez vino a Pontevedra, enfermó de gripe, y acompañé a mi padre a visitarlo al hotel. Estaba en cama, con una bolsa de agua en la cabeza y un diccionario entre las manos. Nos contó que, como no podía escribir, le estaba dando un repaso al diccionario para aprender más palabras. Y Cela ya era un escritor famoso. Eso mismo pasa en la arquitectura, no hay materiales buenos o malos; son buenos o malos si sabes o no emplearlos en cada caso. Hay que gastarse el dinero que requiere cada cosa, porque, al final, lo barato suele salir mucho más caro.

_ ¿El arquitecto ejerce de arquitecto o condiciona su intervención a lo que diga el promotor?

_ Como arquitecto no puedo decirle a un promotor que gaste más o menos, pero en la configuración de los espacios decido yo y no él. Los arquitectos deberíamos tener muy claro que no debemos hacer una obra -una casa, un hospital, un colegio- en la que no nos gustaría estar. No me perdonaría hacer casas, y no es cuestión de caras o baratas, donde yo no fuese capaz de vivir.

EL PERFIL

Ramón Escuredo
El arquitecto César Portela Fernández-Jardón en su estudio de arquitectura en Pontevedra
FOTO: Ramón Escuredo

¿En qué lecturas anda?

Estoy con relecturas. Estoy leyendo por tercera vez El ruido y la furia, de William Faulkner. He vuelto con la obra completa de Alejo Carpentier; me asombra, porque creo que se perdió un gran arquitecto: La ciudad de las columnas es la mejor descripción de la arquitectura de La Habana que se hizo nunca, además está hecho con fotos de Gasparini, un fotógrafo venezolano, de origen italiano, maravilloso. Y estoy releyendo Tirano Banderas, de Valle-Inclán, un poco como consecuencia de que estoy haciendo el proyecto de la torre de control del aeropuerto de Granada.

¿Y...?

Tenía dudas de si me iba a presentar al concurso... Pero pensé, si Federido García Lorca hizo cuatro poemas gallegos, transmitiendo esa sensación de la niebla de Galicia, por qué no voy a ser capaz yo de hacer una torre para el aeropuerto de Granada. Y estoy leyendo Tirano Banderas, porque Valle escribió una novela sobre un dictador mejicano como si él fuera un mejicano más.

¿Va con frecuencia al cine?

Muy poco. Y si existe el pecado, que no lo sé, yo estoy cometiendo un gran pecado. No tengo tiempo. Al cine hay que ir a la sala, porque es distinto a verlo por televisión; en la pantalla grande, cuando te metes en la película es un poco como cuando te sumerges en el mar, que te envuelve y te olvidas de todo.

¿Y al teatro?

Al teatro voy menos, aún, y eso que me encanta. De joven yo no tenía claro si estudiar arquitectura, hacerme marino o actor de teatro.

¿Le gusta escuchar música?

Me encanta. En eso coincido con mi amigo Farruco Sesto, hasta hace poco ministro de Cultura en Venezuela, que es poeta y arquitecto, que en una noche en la Guayana, escuchando cantar a una amiga nuestra que es una cantante fabulosa, me decía que daría todos sus poemas y todas sus obras de arquitectura por poder cantar como ella. Pones un disco de Louis Amstrong, e inmediatamente estás en otro mundo. La música es algo prodigioso.

¿Cuáles son sus preferencias en artes plásticas?

Mi padre era un gran dibujante, y creo que eso lo heredé de mi padre: más de la mitad de mis libros son de arte. Los artistas son unos seres excepcionales, que están dotados del don de ir más allá y luego volver para contártelo. Muchos se quedan en el viaje, porque esa esquizofrenia supone bordear la locura.

¿La arquitectura es arte?

Sin duda es arte; pero, también es técnica. Los arquitectos nos diferenciamos de otros artistas en que puedes imaginar y elevarte, pero no puedes perder la perspectiva de pisar tierra. La arquitectura de verdad es muy útil y muy bella, y, cuando es así, es doblemente útil.

¿Le gusta viajar?

Mucho, sólo me falta por conocer Australia.

¿Cómo recibió el teléfono móvil?

Muy mal. Me acomodé a él, pero sólo sé llamar y contestar las llamadas.

¿Usa el PC portátil?

No lo tengo, uso un boli y una libreta.