Lunes 20.04.2009
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No son tiempos para la queja, o quizás la clave sea que los protagonistas de la historia de la financiación universitaria son ahora otros, pero lo cierto es que el debate sobre la estrategia económica para afrontar la etapa más crucial de la historia reciente de la universidad gallega se ha desarrollado, al menos hasta ayer, lejos del alto tono reivindicativo que mantuvieron en público algunos de los rectores en la negociación de los dos planes plurianuales anteriores. En plena crisis la universidad se ha librado del recorte generalizado de fondos de los presupuestos de la Xunta para 2011, un indulto que justificaría en parte los ánimos más calmados de los rectores, pero tampoco hay que olvidar que la congelación presupuestaria llega para las tres universidades justo en el momento en el que deben dar más.
Este curso se ha completado la adaptación de todas las licenciaturas y diplomaturas a grados, una nueva estructura, la del proceso de Bolonia, que debe ir acompañada de una docencia más personalizada, con más prácticas y grupos de menor tamaño. Más exigencia en la calidad docente que, en definitiva, no puede tener un coste cero, advierten los académicos.
Llueve además sobre mojado: el rector de la Universidade da Coruña (UDC), José María Barja, recuerda que su institución lleva ya tiempo apretándose el cinturón y que no sabe por dónde podrá recortar más gastos.
El ajuste continuado de los últimos años en las cuentas de la UDC son fruto del plan de financiación 2004-2010, con el que entonces Barja se mostró conforme. El catedrático es el único de los tres actuales rectores que repite en la negociación de un marco de este tipo, y quizás por eso es el que ha adoptado un tono más vehemente, aferrándose a aquello de quien no llora no mama. Su batalla ha sido sobre todo en clave de equidad: la UDC se considera discriminada por un sistema que hasta ahora, opina, ha primado los criterios históricos, es decir, a la Universidade de Santiago de Compostela (USC), que hace ahora 20 años se tripartía con la creación de las universidades de A Coruña y Vigo.
Pero Santiago está lejos de sentirse privilegiada. En el año 2004 su entonces rector, Senén Barro, se mostraba manifiestamente disconforme con el plan de financiación que la llevaría hasta el final de la década y advertía que tendría que desviar fondos de calidad para cubrir gastos corrientes. Educación calculaba que le permitiría llegar con superávit a 2010.
Fue Barro el que más se acercó a la realidad con sus vaticinios. Hoy la USC cuenta con uno de los selectos sellos de Campus de Excelencia Internacional concedidos por el Gobierno central, gracias en buena medida a la repercusión de su investigación biomédica, pero su prolija producción científica genera también unos gastos añadidos que hasta ahora no se han tenido en cuenta en la financiación universitaria estructural. El nuevo plan será el primero en computarla en este apartado, pero la USC acumula también una lista de infraestructuras docentes e investigadoras estratégicas pendientes, como las nuevas facultades de Medicina y Odontoloxía, cuya financiación sigue siendo una incógnita.
El nuevo rector de la USC, Juan Casares Long, reconoce que en tiempos de crisis nadie puede estar satisfecho en lo económico, pero pese a los proyectos de la USC que corren el riesgo de verse truncados se ha desmarcado, al menos en público, se aleja del tono combativo de su predecesor.Casares opta por ceñirse a la realidad y anuncia que, a diferencia de los de 2010, los presupuestos de la institución para 2011 no recurrirán a la deuda.
Desde la Universidade Vigo, el también nuevo rector, Salustiano Mato, ha dado incluso un paso más allá en diplomacia académica y reconocido que la congelación de la financiación universitaria en 2011 es una buena noticia. El que fuera director xeral de I+D+i con el Bipartito, promotor de la estrategia de investigación de la Xunta a punto de expirar, incluso evitaba ayer por la tarde -minutos antes de empezar la reunión del Consello Galego de Universidades- explicitar crítica alguna al nuevo plan de ciencia e innovación, que se ha quedado en una declaración de objetivos sin el acompañamiento de las medidas concretas para alcanzarlos.
Pese a emplear el mismo tono tranquilo, entre la USC y la Universidade de Vigo hay una diferencia sustancial. La veinteañera institución viguesa vive un momento dulce tras conseguir hace unas semanas el mismo sello de Excelencia Internacional de la USC para su Campus do Mar, pero su situación económica está muy lejos de la compostelana. Las 'hipotecas' de la vieja Fonseca superan los 70 millones.
