Martes 17.06.2008
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En vuelo libre por callejones, pisos y clubes nocturnos, la prostitución masculina destaca por su espíritu vagabundo. Unos 4.000 hombres venden sus cuerpos en España, con una gran movilidad que los lleva a recorrer todo el país y cruzar Europa. Luchan así contra el "efecto cara quemada", para renovar su clientela y evitar el estigma social. En Galicia, 400 hombres ejercen la prostitución de forma voluntaria. Aunque la explotación ya empieza a dejar huellas: la Policía Nacional desmontó el martes por primera vez en España una red de prostitución masculina.
La trama desmantelada retenía a casi 80 chicos, sobre todo procedentes de Brasil y captados con la promesa de trabajar como modelos. En la comunidad gallega, el 87,1% de los hombres que se prostituyen son extranjeros y suelen tener una situación administrativa irregular. Proceden sobre todo de Brasil, Rumanía, Bulgaria, Venezuela y República Dominicana. Un informe del Instituto Catalán de Estudios de la Violencia (ICEV), La prostitución masculina. Un colectivo oculto y vulnerable, alerta sobre la presencia del VIH entre este colectivo. En España, casi un 20% de los trabajadores se encuentran infectados. "Presentan una gran vulnerabilidad debido al elevado número de personas con las que entablan contactos sexuales y por el escaso uso del preservativo en su vida privada", indica el estudio de Iván Zairo, coordinador del programa de atención a Trabajadores Masculinos de Sexo.
El ICEV relata las características de cada nacionalidad, con los rumanos más enfocados a una prostitución de calle y los búlgaros inmersos en una comercialización de alto standing en espacios cerrados. En su entorno proliferan las drogas a la caza de una mayor actividad sexual: como la cocaína, la viagra o el popper. Este último vasodilatador, que se consume por inhalación, capitanea los locales de ambiente desde finales de los 70: como documenta Más grandes que el amor, crónica de Dominique Lapierre sobre la irrupción del sida. Entre los clientes figuran hombres de todas las clases sociales, que pagan de 60 a 150 euros por cada hora. Aunque los gigolós o escorts, prostitución de mayor caché, cobran a partir de 250 euros la hora y afirman que sus clientes son mujeres.
Gran parte de los servicios callejeros corretean custodiados por proxenetas. Los chulos reciben el 50% de la tarifa del cliente. Y a cambio costean la manutención de los trabajadores del sexo. En Galicia, imperan los pisos custodiados por terceros o proxenetas. Los hombres que se prostituyen deben mantener su plaza por un mínimo de 21 días. Y el gerente de la vivienda o el proxeneta se hacen cargo de los gastos y el alquiler. Sobre el colectivo impera un manto de invisibilidad, frente a los numerosos datos sobre la explotación femenina. Según el Instituto Catalán de Estudios de la Violencia, "un 30,7% de los prostitutos se definen como heterosexuales, un 46,5% como bisexuales y un 22,8% como homosexuales".
19,8
Por ciento con VIH Según el informe del Instituto Catalán de Estudios de la Violencia, un 19,8% de los prostitutos portan el VIH: en contagios por drogas, multiplicados por la vía sexual
25
Años La edad media del hombre que se dedica a la prostitución es de 25 años, y ejerce en un tiempo limitado de 12 meses
1%
Mujeres seropositivas El alto índice de portadores de VIH entre hombres contrasta con el 1% de prostitutas seropositivas, según datos del ICEV
