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Domingo 08.02.2009      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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la década policial

Diez años de matanzas familiares y cadáveres ocultos bajo el cemento

Iniciada en 1999 por los asesinatos del Hotel Eumesa, la gasolinera de Laraxe y el niño de Londres // Y con el peor hito en el año 2002: el dramático caso de Vanesa Lorente y la suegra asesinada de Neda

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PATRICIA HERMIDA • FERROL

Un extraño hombre seguía desde hacía algún tiempo al pequeño Diego Piñeiro. Con antecedentes penales por delitos contra menores, Edward Alex Crowley se apostaba en la puerta del colegio y lo vigilaba. Su obsesión culminó a plena luz del día, acuchillando a Diego en las calles del Soho y ante la aterrada mirada de su hermanastro. El asesinato del niño de Pontedeume, residente en Londres, conmocionó a la comarca y abrió el sangriento registro de 1999 en el Eume.

Porque la última década policial se abría con nada menos que tres crímenes vinculados a Pontedeume. Y con graves dificultades para su resolución. En ese año fatal, el vigilante del Hotel Eumesa caía abatido a tiros. José Manuel Camino Huertas fallecía por disparos en el pecho, a cargo de la escopeta de un desconocido. Su asesino actuó a sangre fría para llevarse únicamente el dinero de la caja de caudales: equivalente a 1.600 euros. El colombiano Alfredo Zamorano, con tan solo 16 años, fue identificado entonces como presunto homicida. Pero él huyó a Roma para continuar una carreta delictiva, frenada en 2008 cuando regresó al lugar del crimen: para asaltar un chalet de As Somozas.

Un crimen sin resolver completa el historial eumés de 1999. El empleado de una gasolinera de Laraxe, Miguel Ángel López, fallecía asesinado a tiros. El arma homicida, un revólver del 9 corto, hizo pensar en un asesinato por encargo. Pero el caso sigue sin esclarecer y sobreseído por el Juzgado de Ferrol. En el mismo año, un doble crimen produjo escalofríos en el ferrolano barrio de Caranza. Ismael Dan Sampana, de origen ghanés, asesinaba al matrimonio que lo había alojado durante una semana. El agresor había entablado previamente amistad con el hijo de los fallecidos, conocido delincuente, en la cárcel. Por este motivo, las sospechas judiciales también se centraron en el hijo y en su novia: con el móvil de robar las joyas a los padres asesinados.

El siguiente ciclo mortal se abriría en el año 2002, cuando coincidieron el asesinato de Vanesa Lorente en Monfero y Dolores Pereiro en Neda. Aunque pocas muertes conmovieron tanto a la sociedad ferrolana como la de la pequeña Natalia Andrea Zapata, con su madre y el novio de ésta implicados. Una tragedia que levantó gritos contra la violencia infantil.

Golpe final sobre la pequeña Natalia Andrea Zapata

Terror en Monfero: mató a Vanesa y se quedó con su hijo  FOTO: JESÚS L. FRADE
Terror en Monfero: mató a Vanesa y se quedó con su hijo
FOTO: JESÚS L. FRADE

Totalmente indefensa y supuestamente golpeada por su madre y el novio de ésta, fallecía Natalia Andrea Zapata Vélez en junio de 2005. El último golpe le desgarró el intestino. Pero los agresores, Iván Naveiras y Paola Andrea Vélez, le dejaron agonizar durante seis horas.

La nuera que fingió un robo en casa de la asesinada

Rocío Gestal se ocultó con una bolsa de basura al ser detenida FOTO: KIKO DELGADO
Rocío Gestal se ocultó con una bolsa de basura al ser detenida
FOTO: KIKO DELGADO

En la televisión apareció Rocío Gestal, contando sus cuitas: se llevaba fatal con su suegra. Y decidió matar a Dolores Pereiro, fingiendo un robo. Pero erró al romper los cristales de la casa hacia el exterior. Incluso utilizó a su hijo menor de edad para cometer y ocultar el asesinato.

Terror en Monfero: mató a Vanesa y se quedó con su hijo

Isabel Marcos, en el medio, escucha al juez en la Audiencia FOTO: CABALAR/EFE
Isabel Marcos, en el medio, escucha al juez en la Audiencia
FOTO: CABALAR/EFE

Enterrada bajo cemento permanecía Vanesa Lorente. Su amiga Isabel Marcos la mató para quedarse con su hijo. Con la complicidad de sus padres y su marido, llegó a registrar al bebé como propio. Aquí se levantaron las sospechas y se destapó uno de los crímenes más horribles.

LA MUJER ES LA VÍCTIMA

Un largo y duro camino de lucha contra la violencia doméstica

En 2002, un hombre mató a su mujer en Canido y se suicidó FOTO: KIKO DELGADO
En 2002, un hombre mató a su mujer en Canido y se suicidó
FOTO: KIKO DELGADO

Durante la última década, se ha avivado la concienciación contra la violencia doméstica. Los asesinatos cometidos contra mujeres, por sus parejas o ex parejas, colmaban antiguamente las páginas de sucesos como meros crímenes escabrosos. Pero la sociedad ya denuncia públicamente el drama del maltrato, que puede acabar tristemente en muerte.

En 2002, en el ferrolano barrio de Canido, Heriberto García Rocha decidía matar a su mujer, Pura Prieto Fernández. Y a continuación, se quitaba la vida. En 2003, un vecino de la parroquia mugardesa de O Seixo mataba a su mujer. Las últimas muertes violentas registradas en la comarca se catalogan como casos de violencia machista. Como el asesinato de María Fraguela en la víspera de Nochebuena. O el fallecimiento de María Teresa Troncoso, a manos de su ex pareja.

Un caso aparte: el del joven ferrolano que mató a su padre en el año 2004, cansado de las constantes agresiones cometidas por su progenitor contra su madre desde hacía tiempo.

ARMA HOMICIDA

Con una pata de cabra y un machete

Para finiquitar a su suegra, Rocío Gestal empleó una pata de cabra y un objeto contundente tipo machete. Contó con la ayuda de su hijo, al que manipuló para que después se autoinculpase. Golpearon a Dolores en la cabeza, y después rociaron su cuerpo con un líquido corrosivo con la intención de desfigurarlo. Rocío había planificado el asesinato, consiguiendo que todos los miembros de la familia permaneciesen ocupados con tareas fuera de la vivienda a excepción de su hijo.

Somníferos y un golpe en la nuca

Con el acuerdo de su madre, Isabel Marcos cavó una fosa antes de matar a Vanesa Lorente. Le ofreció un zumo con somníferos y le atizó un golpe mortal en la nuca. Todo con el objetivo de quedarse con el bebé de la víctima. Con la debida antelación, Isabel anunció en su entorno un falso embarazo. Bajo el cemento de un tendal de ropa, enterró el cadáver. No contaba con que las verdaderas amigas de Vanesa la buscarían nada más desaparecer.

Joyas delatoras en el bolsillo del chándal

Dan Sampana conoció a Javito en la cárcel y lo libró de más de una paliza. Al quedar libre, el ghanés se refugió en casa de los padres del joven de Caranza. Pero las joyas del hogar ferrolano desataron su furia homicida. Sampana mató a golpes al matrimonio y los ocultó bajo su cama. Intentó escapar desde la estación de autobuses, pero la Policía seguía sus pasos. Los agentes metieron las manos en un bolsillo de su chándal, y sacaron las joyas delatoras.

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