Lunes 20.04.2009
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| El exorcista y párroco de San Campio, padre José Luis Portela Trigo, nos bendice y libra del mal ante un protector crucifijo |
En el frío enero de 1949, el padre William Bowdern y el jesuita Walter H.Halloran lucharon contra el demonio que devoraba a un joven de 14 años. Ocurrió en Maryland, en el seno de una familia luterana de origen alemán. En el cuarto del chiquillo se oían arañazos, mientras la cama volaba. Y nueve días después fallecía de esclerosis múltiple la tía Tilly, la mujer que inició a la familia en las nocivas prácticas del espiritismo y la ouija.
Aquella triste historia se convirtió en bola de nieve a través del Washington Post, la novela de William Peter Blatty y la película El exorcista de William Friedkin. Y desde entonces nada ha podido con la fe del hombre, ni en lo sagrado ni en lo maligno. Dos párrocos de Galicia cuentan con la autorización del Papa de Roma para la práctica de exorcismos: el padre José Donsión desde el santuario de O Corpiño (Lalín), dependiente del Obispado de Lugo; y el padre José Luis Portela, del santuario de San Campio (Tomiño) en la Diócesis de Tui-Vigo.Desde que Donsión se encuentra enfermo, el padre Portela se ocupa de todos los exorcismos: a veces hasta seis a la semana. Recalca que cada diócesis cuenta con un exorcista nombrado por el obispo, "aínda que os seus nomes son segredos para non dar publicidade". Y hasta San Campio acuden los fieles "buscando solucións ós seus problemas, dende unha enfermidade, ata que o fillo aprobe o curso". Incluso los médicos recomiendan a sus pacientes "que veñan ata aquí, cando a enfermidade se converte en espiritual e as mediciñas non fan efecto".
La sombra de un extraño
Desde el año 2002, el libro del santuario ha recogido más de 5.600 páginas con peticiones de gente desesperada o agradecimientos de los salvados. Muchos se encuentran perdidos en fronteras desconocidas: se despiertan en medio de la noche, y encuentran a un extraño sentado a su lado. El amable padre Portela comparte las pesadillas de sus fieles. "O afectado sente ruidos na súa casa, unha sombra o acompaña continuamente, as portas e as persianas se abren soas, as luces se acenden...", enumera impertérrito.
El mal ya se encuentra al acecho, "o afectado ten unha influencia parapsicolóxica ou paranormal". ¿Cuándo nos encontramos ante una posesión diabólica? "Os que teñen o demo no corpo se resisten a entrar no templo, e hai que metelo no lugar sagrado á forza", relata el párroco. Si le arroja agua bendita, se quemará. Si el cura le pone la mano en la frente, arderá. A su alrededor se alzará un muro malvado de frío invernal. La siguiente estampa sólo será presenciada por valientes: "O poseído fala en linguas estranas, pode darme labazadas no exorcismo e bota espuma pola boca, teño enchido latas con 15 litros de espuma azul ou vermella".
Según el padre Portela, no nos encontramos ante muertos que se revuelven en sus tumbas "senón ante influxos negativos". Lamenta "a invasión de ritos satánicos e maxia negra, que chegan de culturas africanas e sudamericanas". Y reniega de aquellos curanderos "que tamén se ofrecen a realizar traballos como botarlle un meigallo a alguén". Los ojos de este párroco del Sur se han encontrado con invitaciones a Satán en medio de la Galicia rural. "Nas encrucilladas das parcelarias vemos un mantel con pratos, botella de champán, pintura de labios, comida... É un rito que se ofrece ó demo", nos revela.
Más regalos al Ángel Caído: "Cabezas de cordeiros ou galos sangrando, animais en sacrificio para facerlle mal a unha persona". Por los pueblos, abundan anécdotas de parroquianos perseguidos por el mal de ojo. "A propietaria dun bar fixo nun fin de semana 3 euros de caixa. Só acudira un cliente e debaixo da súa mesa atopamos plumas de polo, ofrecera ó demo un animal en sacrificio para que lle fora mal ó bar", explica Portela.
Algunos coitados se encontraron con restos de ritos satánicos ante sus comercios, con cenizas de quemar papeles y velas de colores. Un círculo trazado en el suelo con tiza mostraba triángulos y números 6: el símbolo del demonio. Incluso el santuario de San Campio sufrió diversas profanaciones por ritos satánicos. Desde la quema de papeles en el altar mayor, la propagación del número 6 por el atrio, o la aparición de sangrantes cabezas de cordero en el cementerio.Muchos poseídos llegan afectados por practicar la ouija, incluso en colegios. Mandamientos para librarnos del mal: fe y una cruz protectora, al igual que con los vampiros.
Salves a la Virgen, agua bendita
Cualquier sacerdote puede practicar un exorcismo menor: agua bendita por la cabeza, oraciones en castellano pese a que el rito oficial sea en latín, rezos a San Miguel Arcángel... y siempre dentro de la iglesia. "O que máis dano fai ó demo é a Virxe, e o poseído ten que rezar a Salve. No proceso o afectado pode recibir labazadas porque o demo debe notar unha autoridade espiritual".
Incluso el demonio hace que el padre Portela se olvide de las Salves. Los exorcismos mayores sólo los pueden practicar los autorizados por el Papa, y previo permiso del obispo. "As oracións se fan con máis forza e autoridade", explica. Y después, el liberado sigue protegido con cruces de Caravaca o la Virgen del Carmen.
La familia que jugaba con la ‘ouija’ en casa
Hace 15 años, el párroco de San Campio se adentró una noche en una casa poseída por el demonio. "Enriba da mesa atopei moedas, velas e un altar para a ouija. Berrei: ¡Fóra daquí! Os vasos voaban polo aire. Bendecín a casa con auga bendita e tamén as escaleiras. Ó día seguinte esa superficie apareceu totalmente calcinada".
Y el extraño caso de la fábrica de piedra
También el dueño de una fábrica de cortar piedra requirió los servicios del exorcista. Una máquina que funcionaba por ordenador se averió: "Boteille auga bendita e non pinchou unha roda en 8 meses". El padre Portela bendice al día a entre 150 y 200 personas, de nueve y media de la noche a la una de la madrugada.
