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"Las facultades de Medicina fueron los baluartes del evolucionismo"

Novoa Santos hizo aportaciones "geniales" en torno a la teoría de la evolución en la España de comienzos del XX // Thomas Glick, profesor de la Universidad de Boston, hablará hoy de ellas en la apertura del Año Darwin en la USC

I. CASAL • SANTIAGO   | 05.03.2009 
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Thomas Glick

Uno de los grandes conocedores de la obra y el pensamiento del médico gallego Roberto Novoa Santos (1885-1933) vive al otro del Atlántico. Pero estos días el profesor de Historia Medieval de la Universidad de Boston (Estados Unidos) Thomas Glick visita la tierra del prestigioso patólogo, como invitado de honor en el comienzo de la celebración del Año Darwin en la Universidade de Santiago de Compostela (USC). El doctor Glick ofrecerá esta tarde (19.30 horas) en Medicina una conferencia en la que abordará la relación de Novoa con el darwinismo, que nutrió con "ideas geniales" como la del "origen patológico del hombre".

"Novoa utilizaba el lenguaje de la adaptación darwiniana, que habla de la supervivencia de los seres mejor adaptados al ambiente. Para él, el fracaso de la adaptación equivalía a la enfermedad. Siempre buscaba en los pacientes el equilibrio, que es otra manera de decir adaptación", explica el profesor.

El eminente patólogo llegó a la universidad compostelana a comienzos del siglo XX, 40 años después de la publicación de El origen de las especies. El ­darwinismo ya había entrado (aunque con retraso) en España, pero su aceptación en los círculos académicos fue irregular.

"Las facultades de Medicina fueron baluartes del evolucionismo. Antes de la Guerra Civil, los médicos solían ser de izquierdas y cuando Novoa llegó a la universidad, la mayoría de los médicos ya lo habían asimilado. Pero todavía a comienzos del siglo XX era muy difícil hablar abiertamente de Darwin en las facultades de letras", apunta.

Más adelante, se sucederían las aportaciones de Novoa a la teoría de la evolución. "Él decía que el primer hombre erguido era un animal inferior al antropoide que lo precedía (...). El Novoa maduro no era muy radical, pero de joven era anarquista y esta idea era una manera de picar a la Iglesia", explica.

También sostenía que al acostarnos volvemos a ser animales a cuatro patas y que cuando los bebés empiezan a caminar extienden los brazos hacia delante como lo hacen los orangutanes.

Prohibición de Supermán

Pero no solo echó mano del ­darwinismo para molestar a la moral católica o buscar huellas de la evolución humana. También procuró en la teoría de la evolución justificaciones a su misoginia. "Darwin dijo que había especies de pájaros en las que la hembra se asemejaba al macho joven. El darwinismo social hizo una mala apropiación de la idea, y así Novoa podía decir que la mujer es un hombre incompleto o infantilizado", advierte Glick. Ciento cincuenta años después de la divulgación de la teoría de la evolución, estas ideas han quedado atrás, pero el evolucionismo no ha hecho más que ratificar su validez científica.

Sin embargo, las reticencias morales no han cejado. En los primeros años del franquismo en España se prohibieron las historias de Supermán porque el régimen veía en él la evolución futura. En pleno siglo XXI, es Estados Unidos uno de los bastiones del creacionismo, que niega de raíz la evolución biológica. Es, dice Glick, "un problema político y social", de quienes temen "la desintegración de un sistema de valores tradicionales".

Pero la sociedad actual se ha encargado de cultivar más dilemas alrededor de la evolución: la selección no natural, que permite ya en una clínica de su país elegir bebés a la carta. "Es peligroso", recalca Glick, a quien la medida le recuerda el intento de los nazis de crear una nación de "hombres rubios y de ojos azules".

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