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GENTE CON HISTORIA

Finn Rosenkranz: "Construyo tejados: soy todo un perfeccionista y Galicia es caótica"

03.12.2008 Constructor de tejados en Ferrol, alemán de corazón gallego ··No hay nadie como él, porque solo en Alemania hay un ciclo formativo para construir tejados. Reconoce que "siempre voy mirando hacia arriba y me apenan las casas abandonadas". Lleva 15 años en los cielos de Ferrol

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PATRICIA HERMIDA • FERROL

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Terriblemente simpático, lleva el mismo apellido que el camarada de Hamlet: aquel Rosenkranz shakesperiano y tunante, antiguo compañero de la infancia. Y portando tan noble apellido, Finn se asoma desde su última creación: un inmenso edificio de 130 años en el corazón de Ferrol y con refinado dueño inglés. Sus tejados están en sus manos, y solo él podrá recuperar su frescura modernista original.

Porque no hay nadie como Finn Rosenkranz. Este sonriente alemán de 43 años estudió un ciclo de formación profesional especializado en la construcción y reparación de tejados, y exclusivo de su país natal. Con buzo y volcado por la escalera de caracol, enseña sus avances: "En este edificio llevo dos meses y me tiraré otros dos, tengo que reponer el tejado de uralita sobre teja y reforzar la estructura antigua de las vigas". Su reino se asienta en el trono de la madera, a veces mezclada con hierro. "Mis estudios los realicé en Alemania y en una zona donde todas las casas se construyen con techo de madera, ninguno fundido", recuerda.
Y aquí empiezan las aplaudidas ironías: "En Galicia hay mucho hormigón y falta formación, en mi sector la gente viene de trabajar por su cuenta o en el monte". Él se tiró tres años de aprendizaje en Alemania, "conociendo desde los estilos de construcción hasta los bichos que se comen la madera". Y sabe que cada clima requiere su propio tejado: "En zonas de lluvia necesitamos aleros, y en la nieve de As Pontes un techo inclinado". ¿Sus virtudes? "Un constructor de tejados tiene que saber mucho de matemáticas, superficie, escuadra..."

Nacido en Kemnat, de padre ingeniero y abuelo militar, siempre quiso integrarse en un "gremio viajero y en constante aprendizaje, que trabaja en uniforme de pana negro". Tras su formación, se tiró "tres años conociendo los tejados de España, Francia, Polonia o Checoslovaquia". Aunque el flechazo gallego ya surgió de niño, "cuando mi padre compró una casa en Pantín, y la empezamos a restaurar". Visitó las casas centenarias de Estados Unidos, y se asentó profesionalmente en España hace 15 años. Aunque se muere por viajar a China, "para aprender un sistema desconocido en los tejados".

Muy "minucioso y perfeccionista", se enfrentó a la restauración del edificio más antiguo en Alemania: "Una vivienda de 600 años, con una estructura de madera y adobe que se hundía lentamente. Lo bueno de Galicia es que los pisos son muy altos, aunque también más difíciles de calentar. Ja,ja,ja,ja".
Tras su infancia de vacaciones en Galicia, "con muchos colegas desde 1973", regresó para asentarse profesionalmente. Con su capacidad visual, construyó miradores y paseos marítimos por toda la costa. Y afronta la crisis "con apaño, con más flexibilidad que otras profesiones relacionadas con la construcción". Aunque lucha contra los impagos de los constructores: "Cobro todas las semanas, al estilo americano". Lamenta que los arquitectos "no tengan formación práctica para hacer tejados, deberían trabajar con los albañiles". En el mundo de los techos, "no hay nada que inventar, sólo adaptarse al clima". Cuando le piden un tejado, él pregunta: "¿Pizarra o teja? ¿Viento o nieve?". Su encargo más curioso lo recibió en Cedeira: un gran complejo de turismo rural a partir de cinco alpendres, "mi obra maestra".

Cuando camina por la calle, "siempre miro hacia arriba, y en obra nueva veo mucha chapuza". Su mayor trauma: "Cuando vi volar los tejados de Caranza, no calcularon el viento en su construcción. Y me dan mucha pena las casas abandonadas". Aunque el cambio de cultura le ha sentado de cine. "Siempre que llego a trabajar a un pueblo me encuentro con gallegos que emigraron a Suiza o Alemania, son muy abiertos y en los bares todos me piden que les haga tejados".

Como buen gallego conoce el granito de Ourense y la pizarra del Noroeste. Le encanta que las paredes de piedra queden a la vista. Diseña sus propias herramientas y tiene un hijo que estudia en Alemania mecánica de camiones. El trabajo siempre es duro, "cargando bloques de 50 quilos". Busca un socio y se ríe cuando le preguntan sobre cómo se trabaja aquí: "En Galicia se va sobre la marcha, son más caóticos y anárquicos. Ja,ja,ja,ja,".

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