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El futuro de la USC tiene pasado... de estudiante

Los siete 'rectorables' fueron alumnos en los años más reivindicativos de la historia reciente de la universidad

IOLANDA CASAL  | 18.04.2010 
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En Galicia no hubo mayo del 68. La Universidade de Santiago (USC) se adelantó a París y las mayores protestas estudiantiles en Compostela se concentraron en marzo, recuerda Juan Casares Long. Hace casi 43 años, el hoy candidato al rectorado de la USC llegaba a la capital gallega, desde A Coruña, como alumno de Ciencias. Ese curso, el 67-68, también se estrenaba como universitaria Mercedes Brea, rival electoral de Casares junto a otros cinco catedráticos. Entre los veteranos y el más joven, Lourenzo Fernández Prieto, hay 11 años de diferencia, un tiempo en las que la universidad cambió, aunque, a juzgar por sus recuerdos, menos que en los 20 siguientes años.

Los alumnos de entonces marcaban con fuerza el latido de una ciudad mucho más pequeña -aún tardaría en ser sede del poder autonómico- y actuaban ansiando el cambio social. Otras cosas se mantienen. De aquella época, además de "moi bos recordos", todos conservan grandes amigos, e incluso a quienes han compartido con ellos el resto de su vida.

"Vivín os movementos do 68, pero máis correcto sería dicir que pasei por alí, porque era unha auténtica pipiola que non se enteiraba de nada", recuerda Mercedes Brea con humor. "Iso si, asistín a algunhas asembleas e acompañaba durante o día os compañeiros pechados na que hoxe é a Facultade de Xeografía e Historia. Só anos despois souben que algúns compañeiros de curso estaban autenticamente implicados nas revoltas, a pesar de que tiña bastante relación con eles", cuenta la catedrática.

"Foi un ano moi especial", rememora Casares, que apunta a un problema de gestión económica de servicios para estudiantes de su facultad como detonante de un movimiento contra el "ancien régime da España daqueles tempos". Él también participó en uno de los encierros y recuerda el temor "porque se pensaba que podían entrar os grises". "Esta etapa formounos a moitos en moitas cousas, aínda que foi difícil dende o punto de vista académico recuperar o tempo perdido", resume.

Los dos candidatos más veteranos se albergaban en colegios mayores. Casares, en el de San Agustín, y Brea, en el campus. Cada mañana atravesaba la Alameda, hasta llegar a la Praza da Universidade, donde por entonces se impartía Filosofía y Letras.

En el recuerdo de la catedrática de Filoloxía Románica perduran aquellos paseos, "a calidade humana" de los amigos que le pasaron a limpio apuntes para recuperar el curso tras superar una meningitis y también muchos docentes. "Tiven a fortuna de telos excelentes. O plan de estudos que cursei segue parecéndome moito mellor que os que viñeron despois, incluíndo os novísimos graos", valora Brea.

Casares define el suyo como "un plan especialmente difícil", con clases incluso los sábados por la mañana, y también enumera una serie de nombres de profesores, incluido el célebre Vidal Abascal. Pero las personas clave de aquella etapa fueron los amigos que mantiene, y su mujer, también compañera de carrera.

Mercedes Brea. Casares, con dos colegas. Jaime Gómez Márquez y Pilar Bermejo.

INDEPENDENCIA. Llegar a Santiago como estudiante era sinónimo de la independencia y la libertad de las que entonces no se disfrutaba en el hogar familiar, aunque eran sobre todo las malas comunicaciones de la época las que convertían en muy esporádicas la visitas a casa. "Eu só volvía por vacacións e ao mellor nalgunha ponte", asegura Casares.

Juan Varela fue en ese sentido un universitario algo atípico. Por su condición de compostelano vivió la mayor parte de la carrera en casa de sus padres. "Pero a espiniña de non ter vivido autenticamente como un estudante cureina en Heildeberg (Alemania), onde pasei dous semetres en 4º e 5º de carreira", aclara.

Cuando llegó a la Facultad de Medicina, en el 68-69, era la única del noroeste de España. "Santiago estaba cheo de estudantes doutros sitios", explica. Junto a compañeros de uno y otro lado, participó en las protestas estudiantiles que se sucedían en unos tiempos que recuerda "con mucho agrado". "Vivíase a universidade cunha grande intensidade política e o ocio era diferente. Practicaba moito deporte e faciamos saídas en grupo ao campo, ou ao mellor algunha a Madrid os que eramos seareiros do Real Madrid", dice.

Pilar Bermejo, también compostelana, debutó en otro año agitado. Un cambio de calendario universitario que no prosperó hizo que no empezase el curso hasta enero del 74. Un año después moría Franco. "Foi un tempo especialmente conflitivo. Sucedéronse folgas que pararon as clases varios meses e había unha ilusión moi grande polo cambio. Era una situación moi diferente á de hoxe e coido que entre os estudantes había un compañeirismo que hoxe non existe", analiza la catedrática de Química Analítica.

En lo académico, eran también otros tiempos. "Os profesores non eran tan accesibles como agora e as fotocopias estaban empezando. Lembro tomar apuntes con papel de calco para pasarllos aos compañeiros!", ríe. En lo personal, en segundo conoció a quien luego sería su marido, con el que se casó en el último curso.

Laura Sánchez Piñón llegó a Santiago desde A Coruña en el 74-75 para estudiar Biología, que entonces se impartía en el edificio de Farmacia, donde compartió clases y amistad con el músico Maximino Zumalave o el escritor Xavier Queipo, del que conserva algún manuscrito, recuerda con afecto. "Cando morreu Franco interrompéronse as clases varios días que nos viñeron moi ben para preparar un parcial de Zooloxía!", cuenta la catedrática de Xenética, que compatibilizó durante tres años su elección inicial con la carrera de Psicología y compartió piso en el ensanche.

Pero además de estudiar, fue una joven muy implicada políticamente. Participaba en el Movemento Comunista, en la clandestinidad hasta el 77, y grupos feministas. "Na universidade había moita actividade política, e tamén unha vida cultural moi potente, tiñas que escoller porque non se podía atender toda a oferta", apunta.

Lourenzo Fernández Prieto. Laura Sánchez Piñón y Juan Varela.

PISOS PRECARIOS. Jaime Gómez Márquez fue su compañero, aunque el actual decano de Bioloxía llegó más tarde a Santiago. "Foi no 77, porque os tres primeiros cursos fíxenos na Coruña. Pero integreime axiña", dice. "O primeiro ano vivín nun sitio moi fermoso, no Campo da Angustia, pero nun piso cunha humidade infernal!". Él nunca participó en grupos organizados, aunque como todos, coincide, participaba en las protestas. "Nunca fun líder, era un estudante normal", se define. Profesaba, eso sí, una defensa activa del gallego y se hacía llamar Xaime Xosé. "Eran outros tempos, aínda había a idea de que o galego era cousa de pailáns e había que reivindicalo. Agora toca traballar para que se use máis na docencia e na investigación", justifica.

El ocio, coincide, era muy diferente. "Non existía botellón e a vida nocturna era moito máis tranquila. Algún día podías saír ata as 2, 3 ou 4 da mañá, pero non era o habitual", asegura el catedrático de Bioloxía Molecular. La guitarra era ya entonces una de sus pasiones, y en su tiempo libre incluso musicó poemas de Celso Emilio Ferreiro. "Eran os tempos da canción protesta. Cantabamos cancións nosas e doutros, pero era todo para consumo privado. A ver como o explicas, que non soe cursi!", advierte con sorna.

El más joven de esta prehistoria de rectorables empezó la carrera en el 79. Lourenzo Fernández Prieto estrenó varias cosas. Fue de la primera generación de la EGB y el BUP e inauguró como estudiante la autopista del Atlántico, aunque tardaría en llegar a Ferrol, donde creció. Y también participó en la que define como la primera protesta de estudiantes "como usuarios", aunque la de entonces seguía siendo una universidad "moi politizada na lóxica do antifranquismo" y marcada también por la masificación.

"A miña primeira manifestación foi para pedir aloxamento máis barato", relata. El suyo en 1º estaba junto a la discoteca Jericó, "a meca dos mozos dos institutos de toda Galicia", bromea. "Logo empezaron os conflitos de verdade, houbo unha intensa folga e pararon as aulas moito tempo. Non chovía e sacamos ás clases á rúa, como se repetiu coa LOU", sigue. Lograron la mayor red de residencias universitarias de España.

Lo que no cambió, lamenta el catedrático de Historia Contemporánea, es la idea de que la suya es una carrera "inútil e con moito paro". "Convencín aos meus pais para non facer Veterinaria ou Dereito, pero matriculándome en primeiro ao mesmo tempo en Dereito pola UNED".

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