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Galleguista, demócrata, cristiano, moderado y con 'sentidiño'

Albor, con su vicepresidente Mariano Rajoy, en el antiguo parlamento gallego - FOTO: MANOLO BLANCO
Albor, con su vicepresidente Mariano Rajoy, en el antiguo parlamento gallego - FOTO: MANOLO BLANCO

13.07.2018 
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Hasta el último de sus días, aconsejaba Gerardo Fernández Albor seguir "luchando por la democracia, por la libertad, por Galicia, por España y por Europa", frase que podría usarse como compendio de la ideología que movió sus acciones políticas siempre que incluyamos en él sus convicciones católicas. O, dicho de otra manera y también utilizando sus propias palabras: "Me siento liberal, cristiano y humanista. Lo que me interesa ahora es que se unan las raíces cristianas con el liberalismo. En estos tiempos globalizados, esa mezcla entre Ortega y Herrera Oria tenemos que saber defenderla".

Albor repitió hasta la saciedad que se había dedicado a la política por imperativo y que, siguiendo la máxima de Ramón Piñeiro de que "somos gallegos por nación, españoles por historia y europeos por cultura", a él le había tocado defender el espectro galleguista de la derecha. "Abandoné la medicina por la política sólo por obediencia a Ramón Piñeiro. Como sabía que yo era liberal y cristiano -y eso parece que es ser de derechas-, me pidió que estuviese presente en el Parlamento. Conviene que el galleguismo se extienda a todos los partidos, decía, porque sabía bien que se trataba de un sentimiento que podía habitar en todas las ideologías", señalaba.

Peña Guitián, Beatriz Gil de la Peña, Reyes Leis y Albor, en los premios Gallegos del Año

Interesado por la política desde la adolescencia y convencido de que el servicio público es la máxima aspiración de una persona, justificaba Albor la demora en su dedicación. "Muchos -decía- me habían pedido que participase en ella durante el franquismo. Incluso me llegaron a ofrecer la alcaldía de Santiago con veintinueve años, pero había que jurar los principios del Movimiento y yo no podía jurar algo en lo que no creía. Sin embargo, cuando llegó la democracia acepté trabajar en política, pero sin marcharme de Galicia".

Para definir Galicia, Albor echaba mano de la descripción de Celso Emilio Ferreiro -"limita al norte con los vientos alisios y al sur con un barrio de Buenos Aires"- y tenía claro cómo denominarla si le preguntaban si se trataba de una nación, un estado o una comunidad autonómona: "Si hubo una nación importante en España, se llamó Gallaecia, tal y como la denominaron los romanos". Insistía en que los galleguistas -"quienes nos identificamos con Ramón Piñeiro y Otero Pedrayo"- lo que intentaron fue "españolizar España" y, para ello, era necesario "saber bien lo que significa la existencia de Cataluña, el País Vasco, Galicia...". De ahí también que Albor, tan parco en críticas por lo general, mostrase su malestar con la izquierda por achacarle una intención partidista a la hora de fundar la CRTVG o de gestionar el traslado de los restos de Castelao. Así, por ejemplo, se lo contaba a Rafael L. Torre con motivo del treinta aniversario del Parlamento: "Teño un recordo agridoce... O Parlamento tomara aquel acordo por unanimidade e, non obstante, algúns grupos radicais increparon a AP porque dixeron que quixeramos aproveitarnos da figura e o significado de Castelao. Sufrimos uns ataques terribles, que me pareceron moi inxustos". Albor se desmarcó toda su vida de los totalitarismos. Insistió una y otra vez en el debate cordial de ideas y, haciéndose eco de un dicho anglosajón, propugnaba estar en desacuerdo dándose la mano. Era ese espíritu el que provocó que se le calificase con frecuencia de moderado. Y "sentidiño" es la otra palabra a la que recurren quienes le conocieron cuando se trata de definirlo. Tanto la moderación como el sentidiño los vinculaba a sus creencias religiosas. "El cristianismo, además de ser una religión, es también una cultura que ha contribuído a vertebrar Europa, dotándola de una unidad espiritual antes incluso de que se creasen los Estados modernos. El cristianismo nos ha enseñado los valores de igualdad, fraternidad, respeto, libertad, amor. Unos valores que la cultura democrática ha incorporado por ser los más elevados", manifestó. Padre de siete hijos, uno de ellos adoptado, estimaba también como fundamental en política la defensa de la familia, su mayor orgullo.

europeísta a ultranza

••• Como colofón a su ideario, quizás podría destacarse que el europeísmo a ultranza que profesaba Albor, acentuado estos últimos años a raíz de su etapa como eurodiputado, se encontraba precisamente ligado tanto al galleguismo como a sus creencias, teniendo la peregrinación a Compostela como un eje fundamental. "La importancia de tener aquí enterrado al Apóstol es fundamental. Con Pedro, que está en Roma, es el único discípulo de Cristo que está enterrado en un pueblo de Europa. Hay más de doscientas ciudades en el mundo que han tomado su nombre de Santiago y no se le da la importancia que tiene", resaltaba.