Lunes 20.04.2009
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Ni se considera ni se ve como un héroe, aunque sí reconoce que su espíritu de colaboración y sus prioridades personales han marcado su existencia. Es incapaz de ser un simple espectador ante las catástrofes internacionales. Su mundo tiene definidas las fronteras en función de las misiones humanitarias en las que participa desde hace una década desde la primera línea de acción.
El vigués José Antonio Torres es el único bombero gallego que pertenece y participa activamente en las actividades internacionales de Bomberos del Mundo y de Médicos del Mundo por las que han quedado grabadas a fuego en su memoria imágenes terribles de sucesos que han conmovido al mundo como el huracán Mitch; el tsunami de Indonesia, o el terremoto de Perú.Su mirada ya está plenamente enfocada a la misión humanitaria que le llevará el 20 de enero de 2009 a la provincia afgana de Badghis, donde está asentado el campamento de Qal-i-Naw. Allí montará con otros compañeros un parque de bomberos y allí llevarán un camión contraincendios donado por el Ayuntamiento de Málaga, porque en Galicia no ha encontrado la solidaridad suficiente por parte de las administraciones para aportar material útil y para facilitarle la participación en las misiones. Explica que el proyecto de Afganistán, que comenzó con el traslado de extintores, ha crecido hasta planificar tanto la instalación del parque de extinción como la docencia de cursos específicos tanto para los afganos como para los militares españoles en la zona. Consciente de que viaja a Afganistán en la peor época, la de más frío, y de las precarias condiciones de seguridad en las que tendrá que realizar el trabajo, Torres asegura mantener intacta la ilusión por la nueva encomienda de Bomberos sin Fronteras.
Pesimista por los portazos de la administración recibidos, no mide sus palabras al decir que "en Galicia es inviable tanto cualquier tipo de donación como de permisos de ningún tipo. Las razones habría que preguntárselas a los políticos. El actual equipo de gobierno de Vigo ni siquiera me ha recibido no sólo para exponer las necesidades de la nueva misión humanitaria, sino incluso para plantear la necesidad de llevar adelante el acuerdo avanzado con la anterior alcaldesa, la popular Corina Porro, para firmar un convenio con Bomberos sin Fronteras para que en caso de emergencia internacional yo pudiera salir inmediatamente en comisión de servicios sin que se viera mermado mi sueldo".
Aunque para escribir todas las páginas en su historia de colaboración en acciones humanitarias, José Antonio Torres ha tenido que luchar contra la incomprensión y falta de apoyo de sus superiores inmediatos –porque "sales a jugarte la vida y te encuentras con que la respuesta de la administración en la que trabajas es no sólo un desinterés absoluto, sino un recorte en el sueldo"–, afirma que no ha mermado ni un milímetro su vocación solidaria.
A sabiendas de que el mes de enero cobrará un sueldo mínimo por participar en la misión de Afganistán, y de que disfrutará las vacaciones en los meses que no quiere nadie, no está dispuesto a dejarse vencer "porque se trata de mi forma de ver la vida, la sociedad, y de entender mi trabajo como bombero. Los que tienen mucho dinero lo donan y otros, como yo colaboramos de este modo, con el trabajo".
La tensión, el estrés y el agotamiento, que representa tanto la trastienda de participar en cada misión humanitaria, como el trabajo posterior sobre el terreno, compensa espiritualmente a José Antonio Torres. "A mí me compensa muchísimo todo lo que hago cuando me expatrían para misiones humanitarias, simplemente por ver las caras de la vente a la que ayudas, su agradecimiento, además de por comprobar la forma de vida que tienen y las precariedades cotidianas con las que tienen que sobrevivir, que hacen que cuando vuelves a casa tus problemas se reduzcan a la mínima expresión. Cuando vienes de allí utilizas una balanza diferente para medir la importancia de los problemas".
En el horizonte de 2009 Torres también planea una misión con Médicos del Mundo y Bomberos sin Fronteras en África para instalar potabilizadoras que darán agua en colegios. "A veces no es importante el sitio a donde se va sino lo que se va a hacer. Se trata de un trabajo bonito, interesante y que me hace muchísima ilusión", reconoce.
