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Reportero gráfico

José Manuel Cendón: ‘‘Cualquiera de las historias que cuento es mucho más importante que mi secuestro’’

07.11.2009 África, en general, no huele bien. Es sucio, con mucha basura. Esos olores están en mis fotografías

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POR ENRIQUE BEOTAS

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El fotógrafo, nacido en Venezuela y de ascendencia gallega, José Manuel Cendón Docampo durante la entrevista
El fotógrafo, nacido en Venezuela y de ascendencia gallega, José Manuel Cendón Docampo durante la entrevista
Su genética es gallega, su pasión africana y su vocación universal. Pienso que su corazón le acerca al Kapuscinski apasionado por ese continente de ébano, donde cada reyezuelo es emperador y donde cada europeo fantasea con desenterrar pirámides a las orillas de Sudán. Intuyo que su alma está condenada a sobrevivir entre dos civilizaciones: la del desarrollo y la abocada a la supervivencia. Presumo que su vida está destinada a no sentirse extranjero en ningún lugar, pues, donde hay lumbre y vino, José Cendón tiene su hogar. Me vienen a la cabeza estas consideraciones tras leer ese imprescindible libro con que mi admirada paisana de la Sexta Provincia, Susana Fortes, ha conquistado el premio Fernando Lara de narrativa. Es la primera novela española comprada por un estudio de Hollywood desde los tiempos de Blasco Ibáñez. En sus magistrales líneas identifico al Robert Capa más esperado y pienso: ¿No será Cendón el Capa gallego…? Me propongo resolver la cuestión en tres horas de conversación con este hijo de Breogán, nacido en Venezuela hace treinta y cuatro años… Y es que ha sido una constante en su quehacer, el aforismo que define al reportero gráfico:

"Si tus fotos no son lo bastante buenas, es que no estás lo suficientemente cerca"

– ¿De qué vives?

– De hacer fotografías. Es mi trabajo, por el que me pagan.

– Te dio por estudiar Económicas…

– Para Periodismo me exigían la media más alta. Tan sólo había cien plazas. O me iba a la privada o elegía otra carrera...

– ¿Por qué no la privada?

– Por no pedir dinero en casa. Opté por Económicas en Santiago y fueron cuatro años de fiesta estupendos.

– Volviste al redil…

– Periodismo era mi vocación. Me matriculé en la Carlos III de Madrid.

– Colgaste Económicas a la mitad…

– Y tanto. Me licencié en Periodismo y lo completé con estudios de cine en una academia especializada.

Colombia y Venezuela marcan los primeros pasos profesionales de Cendón, pero Israel y los territorios palestinos; Sudán y Ruanda; Uganda, Burundi, El Congo, Somalia, Etiopía… son los lugares donde descubre las luces y las sombras buscadas... África es su referente…

"Es el continente que mejor conozco. Mantengo con él una relación de amor-odio continua. Siempre me estoy diciendo que me debo ir de allá… y nunca me voy…"

– Hablas castellano, inglés, francés y gallego. ¿Cuando fotografías en qué idioma piensas?

– La clave está en lo estético. En sí mismo es un lenguaje universal.

– ¿Titulas tus fotos?

– Los pies de foto son los titulares.

– ¿Las firmas?

– Lo verdaderamente importante es el tipo que sale, no el autor.

– Descríbeme "la foto" a una mujer.

– Pues depende de dónde esté…

– Pongamos que en Etiopía, donde vives ahora.

– Es una mujer que escapa de la guerra con su hijo. Está huyendo de la muerte. Lleva una olla y un colchón. Sus prioridades son el agua y el descanso del hijo.

– ¿Cómo es…?

– Joven en años, pero vieja de apariencia… Ni ella misma sabe su edad.
– ¿La mejor luz?

– Fue en un reportaje sobre hospitales psiquiátricos de los Grandes Lagos. Buscaba el drama, los efectos de la guerra, el dolor…

– ¿Puede fotografiarse el drama?

– Hay tanto de ello en África que estoy mentalmente cansado de fotografiarlo.

– Es tu día a día…

– Una agencia me pidió fotografiar la pobreza. Me percaté de que llevaba mucho tiempo fotografiándola… me sentí bastante mal y no he dejado todavía de preguntarme por aquello.

– Es el estigma...

– El continente africano no levanta cabeza.

– ¿Ni siquiera atisbas un ligero cambio?

– Los cambios son a peor.

– ¿Los responsables?

– Ellos mismos y la injerencia internacional. Es cierto que esa presencia de intereses extranjeros es una de las excusas que utilizan los africanos para autojustificarse. Sé que me iré de allí sin ver mejoría… es algo que me trastorna y me enfurece. Necesito ir a un lugar donde pueda fotografiar la esperanza.

– ¿Pondrás distancia?

– Habrá que intentarlo.

– ¿Encontraste la fiesta?

– Me apasiona fotografiarla porque me contagio fácilmente. La gente en África es alegre incluso en la tragedia. Hasta en un campo de refugiados te transmiten buen humor.

– ¿Y los olores…?

– África, en general, no huele bien. Es sucio, con mucha basura… Me llama la atención que son muy pocos los escritores que hablan de ello… Esos olores están en mis fotografías.

– Hablando de escritores… ¿El que más te llega?

– Me gusta Kapuscinsky, aunque reconozco que soy crítico con ese tipo de literatura romántica a la hora de definir los colores, los olores de las especias…

– ¿Color o blanco y negro?

– África te llama a fotografiar en blanco y negro.

– ¿Entonces…?

– Es que yo veo la vida en color...

– ¿El drama es también en color?

– Hay que tener cuidado con él. Recuerdo que, fotografiando campos de refugiados en Darfur, un compañero me advirtió: "Hacemos fotos demasiado bonitas".

– ¿Tenía razón?

– Lo bonito no está en el color, que es realismo, sino en la percepción de quienes las ven…

– ¿La estética distorsiona su realidad?

– Intento transmitir de otra manera. Pretendo que tus ojos vean lo que yo quiero. Por ejemplo, en mis fotos de los psiquiátricos, los enfermos parecen peor de lo que realmente están… pero es que yo lo quiero así. Trato de transmitir ese sufrimiento que está en el interior, que no aflora, que sólo se siente.

– ¿El ojo decide?

– Hay dos tipos de fotógrafos: quienes fotografían todo lo que ven y quienes hacemos muchas fotos de una sola cosa.

– Es la técnica impresionista…

– Muchas veces descubres lo que no has visto cuando disparabas. Te puedo asegurar que ese descubrimiento es maravilloso. Esa es la foto que decides publicar.

– Es la eterna discusión del periodismo…

– No me gusta ese periodismo presuntamente objetivo que nos venden por ahí. Prefiero a Isabel Sansebastián o a Iñaki Gabilondo, cada uno en su pazo.

– ¿Y eso…?

– Sé de qué pie cojea cada uno.

– Vamos, que en la profesión también hay ‘pretenders’.

– Llamémoslos por su nombre: "Los que te la quieren meter doblada". Con mis jefes de la agencia suelo tener este tipo de debate para que entiendan que nuestro papel es el de mediadores de la realidad.

Cendón enciende otro cigarrillo africano… Ya van cuatro. Uno cada diez minutos. Se ve que es un hombre acostumbrado a la permanente espera, la propia del cazador. Me llama la atención el formato de su cajetilla, a pesar de que los cigarrillos son prácticamente iguales a los que compro en el estanco… pero huelen más intensos… ¿Qué llevan…?

– Imagino que lo de todos, pero en plan africano…

– ¿Te dijeron que podías estar loco?

– Si me lo dice un amigo, pienso que me envidia. Si me lo dice un funcionario que trabaja de nueve a dos en una oficina, pienso que el loco es él.

– ¿Y eso?

– Porque no sabe disfrutar de la vida.

– ¿El nacionalismo es una forma de aldeanismo?

– Viajando te encuentras con muchos nacionalistas… Yo tengo algunos buenos amigos nacionalistas españoles con los que ejerzo de nacionalista gallego, pero soy profundamente antinacionalista.

– ¿Galicia es el lugar más bonito del mundo?

– Hay lugares preciosos en todos sitios, pero los peligrosos son los más sugestivos.

– ¿Has sentido miedo?

– Y quién no… Pero África no es tan peligrosa como parece. Puede resultar chocante que te diga esto después del secuestro...

– Me dice Martínez Reverte que en África siempre te espera una sorpresa…

– A excepción de Somalia, que es el país más peligroso del mundo, he recorrido todo el continente sin problemas.

– No parece así en la distancia.

– La información que llega de África a Occidente es paupérrima. El novecientos por mil de su población es pacífica, buena y tranquila. Los ladrones, asesinos y bandidos son el uno por mil... Igual ni eso. Ya es mala suerte toparte con ellos.

– ¿Sólo tuviste mala suerte en Somalia?

– He pasado muchos otros momentos complicados y de crisis. Recuerdo que en Kenia, el año pasado, veíamos los cadáveres por las calles… quienes nos los mostraban eran las gentes que los habían matado...

– ¿Y ante eso?

– El factor psicológico es fundamental. Enciendo un cigarro y hago ver que no pasa nada. Es una manera de decirles: "Esto lo he visto mil veces y no me vas a impresionar con tus muertos..."

– ¿Y por dentro…?

– Es otra cosa…

– Seguro que tu madre, antes de salir para África, te dio algún consejo.

– Uno muy gallego: "Desconfía de todo el mundo"

– ¿Hiciste caso?

– Mi trabajo consiste en confiar en la gente… al menos es lo que crees en un principio. Pero, a base de que te hayan dado por culo unas cuantas veces, desconfías, como ella aconseja.

– Ponme un ejemplo…

– Cuando hay dinero de por medio, no puedes confiar en un pobre. Pero no porque sea mala persona, sino porque lo necesita…

– ¿Qué te dice tu padre?

– Tiene setenta y tres años. Guarda la experiencia de haber emigrado a un país más rico. Yo lo hago al revés: de un país rico me he ido a trabajar a países pobres. Es algo que le cuesta entender. Cuando me fui por primera vez me dijo un elocuente y entrañable: "Ten cuidado"

– Descríbeme cómo raptan a un fotógrafo...

– El fotógrafo va muy tranquilo con su compañero al aeropuerto. Piensa que saldrá por fin de ese agujero en el que lleva varios días sin hacer nada... Lleva su cámara de vídeo, por si puede hacer también algo para la tele… Quiere rodar a sus guardaespaldas. De repente, ellos aceleran y se ponen a la altura de su coche. El fotógrafo piensa que les va a poder sacar mejor… Pero ellos no adelantan, se quedan al lado... Cambian la expresión de repente, en un instante. Le hacen una señal al conductor. Es una expresión inequívoca...

– ¿Qué sentiste?

– Te dices a ti mismo: "Se acabó, la hemos cagado…"

– ¿Era imprevisible?

– Es el peligro real que hay en esa zona de Somalia.

– ¿Qué pensaste entonces?

– Se te pasan miles de cosas por la cabeza, a cual más estrafalaria. Sabes que no puedes hacer nada contra esos diez tipos con Kalashnikov. Intuyes que no las van a usar… Pero el "por si acaso" está presente.

– ¿Arrepentimiento o rabia?

– Sencillamente consciente de que todo se acabó. Ese riesgo que no creías que te fuera a pasar... pasa. A partir de ahí debes mantener la tranquilidad y aparcar el optimismo.

– ¿Pensaste en los tuyos?

– Recordaba a mi madre diciéndome que le fuera llamando por si me pasaba algo… Es una sensación entre el drama y el humor negro…

– Lo suyo es que la madre nos pida que la mantengamos informada…

– Me recordaba una y otra vez diciéndole: "No te preocupes, mamá, si me pasa algo te vas a enterar enseguida, aunque no te llame". Es curioso, pero, cuando no nos llaman, es que todo va bien.

– ¿Quién la informó?

– Mi compañero de France Press. Te aseguro que era lo único que me preocupaba, saber que habían avisado a mi madre.

– ¿Y a partir de ahí?

– El sufrimiento de saber que tu vida, que es tuya y de nadie más, pertenece a otras personas... Una sensación inimaginable para mí.

– ¿Derecho o sentimiento?

– Es un sentimiento de culpabilidad que aún me persigue y me impide volver a Somalia de momento.

– Hay algo que me inquieta de lo que dices…

– Pues no te cortes…

– Sigues llamando "guardaespaldas" a tus captores...

– Pese a todos los pesares, nos mantuvieron a salvo y cuidaron de nuestra salud. Incluso, en el peor momento, cuando llegó otro grupo que quiso sacar tajada del secuestro, estuvieron firmes. Nos fueron cambiando de escondrijo para evitar problemas mayores.

– ¿Acabarás agradeciéndolo?

– No tengo nada que agradecer, me privaron de mi libertad durante cuarenta días. Pero he de reconocer que lo hicieron bien. Había tanta gente implicada… incluso gente del Gobierno.

– ¿Sabes quién fue el jefe?

– Quien organizó casi todo era un periodista local…

– ¿Un trabajo así es compatible con tener hijos?

– Espero que sí, porque a mí me encantan los niños. Lo que ocurre es que no es cuestión de elegir entre una "mujer florero" y una "mujer maleta". Conozco muchos casos de parejas de diplomáticos y cooperantes que se deprimen en África. ¿Qué hace una mujer en Etiopía sin trabajar? La cuestión de los hijos parte de encontrar a la mujer que quiera y pueda compartir una vida como la mía.

Llegamos a la recta final de nuestra conversación. Cendón observa cada movimiento a su alrededor con una mirada entre irónica y escéptica. Tiene maneras distinguidas y un descuidado aliño indumentario. En el centro de su pecho, las coordenadas de Medusa: 8 grados, 32 minutos, 30 segundos Oeste; 42 grados, 52 minutos, 55 segundos Norte... Prescinde de cualquier otro adorno: ni pulseras africanas, ni anillos de compromiso, ni siquiera reloj… El tiempo parece no importarle. Su notoriedad no llegó con sus excelentes trabajos para Associated Press en Darfur o con sus reportajes únicos para France Press y los periódicos y revistas más importantes del mundo. El país del que se siente ciudadano no le concedió el tributo merecido cuando se alzó en 2007 con el World Press Photo, el Leica Oskar Barnack y el Pictures of the Year. Tampoco saltó a los titulares por ganar una mención de honor en el Best of Photojournalism y en el China International Press Photo, con fotografías de la invasión de la isla índica de Anjouan. Tan sólo parecimos percatarnos de su existencia cuando el 26 de noviembre de 2008 fue secuestrado, junto al periodista británico Colin Fremann, en Somalia, en la ciudad de Bosasso, capital económica de la región de Puntlandia, mientras cubría informativamente la piratería en ese país. Me atrevo a preguntarle por su posible frustración hacia una sociedad que sólo reconoce, como mérito para la notoriedad, el haber sido secuestrado…

"Frustración ninguna… Sencillamente tristeza. Sé bien que cualquiera de las historias que cuento es mucho más importante que mi secuestro. Unai Aranzdazi, un freelance que conocí en Israel, me escribió y me comentaba la paradoja que suponía que ninguno de esos grandes medios españoles me quería comprar una foto y, sin embargo, ahora aparecía en todas las portadas como un gran fotógrafo… ¿por el secuestro…? Lo dicho: simplemente tristeza…"

– A lo mejor, ahora vas y trasciendes.

– En España no me conocía nadie, tampoco me importa… para lo mal que pagan… Un día, mi jefe me dijo: "Si pagas cacahuetes, alimentas monos". Eso se me quedó grabado.

– ¿Puede ser el momento de trabajar para medios españoles?

– Los medios españoles no entienden lo que es el periodismo internacional y a mí no me gusta tener que pegarme con nadie para negociar por dinero.

– ¿Tu medicina contra el escepticismo?

– Depende de uno mismo, aunque reconozco que me puede en muchos momentos... Un amigo me dijo: "En África o te vuelves cínico o te vuelves racista’’. Así que he optado por el cinismo, que lo utilizo como armadura.

– ¿Como armadura?

– Es la manera que tengo para no coger mi equipo, lanzarlo contra una roca y decir: "Que haga fotos su puta madre, porque esto no le interesa a nadie y estoy perdiendo el tiempo…"

– ¿Y por qué sigues?

– Son historias que deben ser contadas, porque hay gente que está sufriendo. Si hay cien mil personas desplazadas por un grupo de rebeldes, alguien tiene que contarlo.

Vive por y para hacer fotografías. Trabaja para bastantes más medios de los que él puede imaginar. Asegura que ahora vive bastante bien, aunque sabe que no se hará rico con esta profesión… Eso es tener las ideas claras, saber asumir el corto, lábil y frágil tiempo de la vida. Sin reloj, pero con las coordenadas de Medusa grabadas en su corazón.

Muy personal

El viaje.
Está por llegar.
El paisaje.
Sudáfrica.
La maleta.
Muy ligera.
¿Meterías un libro?
Tres: ‘El extranjero’, de Camus; ‘Desgracia’, de Coetzee y ‘El guardián en el centeno’, de Salinger.
¿Algo de música?
Coltrane, que es el jazz clásico… 
¿En la tartera?
El marisco gallego.
¿Alguna foto para recordar?
La de la aldea donde crecí, yendo con mis padres a la matanza y a la vendimia. 
¿Alguna pasión para evadirte?
El cine de John Ford.
¿Y para trascender?
‘La fuga’, de Jacques Becker, el mejor cuidando los detalles.
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