Martes 17.06.2008
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| A sus 68 años, José Manuel Otero Novas ejerce como asesor en varios consejos de administración FOTO: Luis Sinde |
Sesenta y ocho años plenos de experiencia, criterio, cultura y conocimiento, conforman a este eterno joven al que el tiempo no parece alcanzarle. Recuerdo cuando, trabajando para el diario YA, tuve que asistir a su toma de posesión como ministro del primer Gobierno del Adolfo Suárez elegido por las urnas. Yo era muy joven… él no tanto… Todos salimos convencidos, por su aspecto, de que apenas era un adolescente. El tiempo nos demostró que su capacidad y sagacidad sobrepasaba a todos los que hoy pintamos la cincuentena.
Los fundamentos sobre los que se asienta la memoria histórica de José Manuel Otero Novas son: reconciliación, tolerancia, libertad y convivencia. Ha cuajado su vida de servicios al Estado desde el cuerpo de abogados del Estado, desde el de Inspectores de Servicios de Economía y Hacienda. Jamás dejó pasar una ocasión para demostrar su honda, emocionada y coherente condición de gallego-galleguista. Me confía que los "ismos" no le producen rechazo, pero, cuando habla de Franqueira, se le encienden los ojos por admiración a quien rindió tributo incondicional y sabio a la tierra de pertenencia. Son los privilegios de quien ejerció con dignidad la política y decidió abandonarla desde los saberes de haber fundado el grupo Tácito, de haber dirigido la política interior tras la muerte de Franco, de haber sido subsecretario técnico del presidente Suárez y titular de las carteras de Presidencia y Educación con la UCD. Ahora, ya dedicado al ejercicio libre de la profesión como letrado asesor de importantes consejos de administración, mira la vida desde la cúpula universitaria de la fundación San Pablo-Ceu. Sin duda, este gallego de la Sexta Provincia ha sabido siempre afrontar el presente desde la sencilla ingenuidad de la fortaleza.
"La verdad, no he vivido circunstancias especialmente difíciles. El miedo físico no lo he sentido nunca…"
– ¿Ni siquiera aquel 23-F…?
– Cuando estuvimos secuestrados en el Congreso de los Diputados, algunos me decían: "¿No te inquietas…?" Yo les mostraba mi preocupación pero, ante la posibilidad de un tiro, no tuve miedo físico.
– Así que no conoces el miedo…
– Bueno, el miedo psíquico sí lo he sentido.
– Cuando atentaron contra Gabriel Cisneros, muchos pensamos que el siguiente serías tú…
– No me gustaría que quienes lean esta entrevista piensen que presumo de ser indiferente ante la amenaza terrorista. En todo esto del miedo hay un aspecto educacional. Cuando algunos políticos se escaqueaban de la calle por temor al terrorismo, yo opté por recorrer todo el País Vasco en el Dodge-Dar oficial, con la bandera de España desplegada.
– Hoy te habrían tachado de "provocador…"
– La dignidad del Estado ha de mantenerse siempre.
– ¿Y si te hubiesen pegado un tiro?
– Pues me habrían matado.
– No te hacía relativista…
– Soy de esos escépticos que dudan sistemáticamente de sus posiciones…
– ¿De las propias…?
– Ni que decir de las de los demás…
– ¿Y las convicciones?
– Son todo lo relativas que requiere la condición humana.
– ¿Existe la verdad?
– Hay cuestiones que me parecen sujetas a la verdad y conforme a ello las vivo.
– ¿Por ejemplo?
– Hablando de tejas abajo: la familia, la amistad y la ley natural.
– Si la democracia construida fuese un disco: ¿serías uno de sus letristas?
– Tuve la suerte de estar en el lugar oportuno, en el momento adecuado. Mi nivel de decisión fue directamente proporcional a la capacidad de pasar desapercibido.
– ¿Tocaste poder?
– Las mayores cotas las alcancé cuando nadie sabía que existía…Quien quiere llevar adelante sus ideas, ha de saber esconder su protagonismo.
– ¿Hiciste la Transición "a modiño"?
– Digamos que fui "a modiño"
– ¿Qué es ir a modiño?
– Valorar las circunstancias, saber pegarse al terreno, pasar desapercibido…
– ¿De dónde te viene?
– Más por Otero que por Novas. Mira, en los últimos cuatrocientos años hemos sido un pueblo preterido, que ha sufrido… Nuestros padres nos enseñaron el apego por lo nuestro.
– ¿Los ‘Novas’ no se pegaron tanto…?
– Son muy gallegos, pero mi propio abuelo materno fue asesinado…
– ¿Por no pegarse al terreno?
– Se pegaba bien, pero no tanto como necesitaba.
– La memoria histórica, Otero…
– Nací tras la Guerra Civil. Mis padres fueron víctimas de los excesos de una de las partes. No lo dudaron: aparcaron su memoria histórica…
– ¿Olvidaron…?
– Fue la consecuencia lógica de esfuerzos como los de la la Iglesia católica pidiendo tras la contienda reconciliación y olvido.
– ¿Supisteis perdonar?
– En 1950 se detuvo al cabecilla del grupo que asesinó a mi abuelo. Mi familia fue invitada a reconocerlo en la cárcel de Vigo. Les hicieron el ofrecimiento de acciones, como en derecho procede. Se abstuvieron de ejercitarlas, ya estaban en ese proceso de reconciliación.
– ¿Actuarías hoy igual…?
– Fui educado en esa escuela... Quienes intervinimos en la Transición, practicamos esa positiva virtud.
– ¿Cómo acabó aquello…?
– Quedó probado que aquel hombre le metió trece tiros en el cuerpo a mi abuelo. Tras ser condenado a muerte, se le conmutó la pena. Diez años más tarde fue indultado. Volvió a vivir a Vigo, muy próximo a nuestra familia… Jamás escuché en casa hablar de que Quintas estaba viviendo allí al lado, todo fue como si no hubiera existido...
– Pero jubilasteis por el "artículo 3" a quienes habían vivido la guerra.
– Ha sido uno de los fallos de la vida político-social española. Jubilamos anticipadamente a las generaciones anteriores. Prescindimos de gentes muy preparadas que podían haber aportado más.
– ¿Te arrepientes…?
– Me parece tan absurdo…
– ¿Es la tradicional ingratitud del centro derecha…?
– No fue cuestión de ideologías. El Partido Socialista ya lo había hecho con los ‘Llopis’ y los ‘Prats’…
– ¿Una lógica sucesión?
– Son relevas generacionales absurdas y desgraciadas. Digo esto porque se manifiestan fenómenos como este de la memoria histórica. He llegado a la convicción de que el problema radica en que ni el señor Zapatero, ni sus compañeros, ni sus padres hicieron la Guerra Civil. Son personas que nunca estuvieron advertidos de los riesgos que desata resucitar aquellos enfrentamientos con los que no se debería jugar.
– ¿Quienes fueron los ‘Tácito’?
– La plasmación del espíritu de gentes del Centro de Estudios Universitarios que nos movimos en torno a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Nunca pretendimos formar un partido confesional sino pequeños grupos de preparación para ser lanzados a la política en el momento oportuno.
– Tuvisteis un papel decisivo…
– En los gobiernos de la transición se pueden identificar a once miembros del grupo Tácito. Tuvimos la oportunidad de participar activamente en la democratización del país.
– ¿Como se pode ser ‘demo’ e ‘cristián’ o mesmo tempo?
– Nunca me he definido como demo-cristiano. Es un concepto demasiado político, concreto y ambiguo.
– Es que lo había preguntado en gallego…
– Y yo he contestado en gallego, pero utilizando el castellano…
– ¿Lo dejamos en humanista-cristiano…?
– Soy cristiano por religión pero, política y socialmente, participo de la filosofía humanista derivada del cristianismo. Es lo más progresivo que hay bajo el sol.
– ¿Dónde se quedaron las ilusiones?
– La ilusión por la democracia no se pierde nunca. Merece la pena dar la vida por ello.
– ¿Qué tal la democracia española?
– No es gran cosa. El político de hoy pretende convencer a la gente de que el poder esta en el pueblo, pero en verdad no lo está. En el sistema democrático actual, el pueblo puede elegir entre Zapatero o Rajoy, pero... ¿eso es decidir la gobernación del país…? Eso es limitar al pueblo a decidir entre dos personas que otras le han puesto sobre la mesa…
– ¿Quién fue Felipe González?
– Un personaje muy positivo en la historia de España. Parte de presupuestos ideológicos y filosóficos que no son los míos, aunque se ha ido moderando progresivamente. Es un patriota que responde perfectamente al concepto de España.
– ¿Y Santiago Carrillo?
– Un miembro de las juventudes socialistas que se hizo comunista. Carrillo tiene un pasado negro en cuanto a su responsabilidad social y política sobre quienes están en las fosas de Paracuellos. Esas fosas se empiezan a llenar seis horas después de que Carrillo se hiciera cargo del orden público en la ciudad de Madrid, cuando el gobierno republicano escapa. Las fosas siguieron llenándose todas las madrugadas hasta que un director general anarquista decidió cuadrarse ante él y decirle: "No le tolero que me saque gentes de las cárceles para que los fusilen allí". Viejos amigos comunistas me han dicho que es responsable de muchas otras cosas en las que no quiero entrar.
– ¿Y ya en la democracia?
– Nunca dudé de que al morir Franco había que legalizar el Partido Comunista. Recuerdo que se me encomendó la primera gestión para la legalización del PCE. Le transmití las condiciones para la reconciliación.
– ¿Cuáles fueron?
– La condena rotunda del terrorismo de los comunistas del Grapo y la aceptación de la monarquía parlamentaria. Santiago Carrillo lo entendió, jugó el proceso y lo apoyó extraordinariamente.
– Ahora parece un convencido de la Memoria Histórica…
– Sus primeras declaraciones no eran propias del Carrillo con que yo hablaba en la transición. No obstante, he vuelto a escucharle criticando las pretensiones de reabrir las barbaridades que unos y otros pudieron hacer. Está claro que es persona inteligente.
– ¿Y Suárez?
– Le tengo devoción. Siendo subsecretario técnico suyo entré en su intimidad política. La cercanía me hizo conocer sus defectos… pero sus virtudes son inmensas.
– ¿Fue un genio?
– Nadie es genio en todo. Adolfo no era una persona extraordinariamente culta, tampoco un ignorante… Era extraordinariamente inteligente, analizaba mucho las cosas. Discutía cada línea hasta la extenuación. Sólo cuando llegaba a convencerse, asumía.
– ¿Y como gobernante?
– Un patriota con un gran sentido de la dignidad del Estado. Lo subrayo especialmente porque, las gentes ancladas en el Régimen anterior, le acusaron de "chalaneo", y eso es falso. Siempre tuvo el sentido del Estado impreso.
– Suárez fue un hombre del Movimiento…
– Soy una de las personas que, por anti-franquista activo, fui procesado por el Tribunal de Orden Público. Pese a ello, no me cuesta reconocer que aquel Régimen inculcaba a sus servidores el sentido del Estado.
– ¿Negociaste con ETA…?
– En mayo-junio del 77, Adolfo Suárez me asignó la gestión de unas conversaciones con ETA. Me dijo: "Sabes hasta donde podemos llegar, no te voy a decir lo que tienes que hacer…" Y cogiendo uno de esos papeles que tenía siempre encima de la mesa, me escribió de su puño y letra: "Por encima de todo mantén la dignidad del Estado, no negociamos con terroristas".
– Eso suena a formalismo…
– Te aseguro que ese concepto lo tenía profundamente enraizado. Quienes le han acusado de dilapidar el Estado, mienten. Sólo demuestran su profunda ignorancia o su baja catadura moral.
– ¿Y Fraga?
– Una de las personas a las que todavía no se le ha hecho justicia y uno de los cuatro españoles más importantes que he conocido. Posee una gran cabeza y es una gran persona, lo que no le exime de tener también sus defectos.
– Trabajaste para él en el primer gobierno de la monarquía…
– Siete meses y juré que no volvería a hacerlo. Aún así debo reconocer que ha sido uno de los mejores jefes que he tenido. Fraga es una persona de gran cultura, rapidez de pensamiento y gran lealtad con el subordinado o colaborador.
– ¿Cómo te demostró en siete meses lealtad…?
– Cuando me incorporé al Ministerio de Interior, una de las cosas que pretendíamos era normalizar el tema regional. Sabíamos que no era fácil. Comenzamos autorizando los topónimos en la lengua regional y las banderas. Un día, tuvimos que asistir a un almuerzo con los entonces altos mandos militares de las fuerzas de orden público. Fraga les expuso sus ideas y uno de ellos, que por cierto luego tuvo una gran relevancia con el PSOE, dijo que no lo aceptaba, que de ninguna manera lo iba a consentir…
– Imagino la bronca…
– Fraga puso pies en pared y me dijo: "Mi querido amigo, con estos bueyes hay que arar. Espera un poco antes de legalizar la ikurriña, lo haremos pero espera…" Pocos días después de aquello, entre los muchos papeles que tenía que firmar, me pasaron uno para legalizar la bandera en un partido de la Real Unión. Di por hecho que se refería al equipo de Murcia… Me equivoqué de cabo a rabo porque era la autorización de izar una Ikurriña en un partido del equipo de Irún…
– ¿Llegó la autorización a Guipúzcoa?
– El teniente coronel Tejero, que estaba al frente de aquella comandancia, acababa de enterrar a uno de sus guardias. Había muerto a consecuencia de la bomba que estalló cuando procedía a quitar una de las ikurriñas ilegales…
– La reacción no se haría esperar…
– Me llamó el Gobernador Civil y fue cuando me percaté de que, por error, había incumplido las instrucciones de esperar…
– ¿Presentaste la dimisión…?
– Le dije a Fraga: ministro, me he equivocado. Acabo de dar la contraorden. Puedes decir al Gobierno que tu director de Política Interior te ha presentado su dimisión"
– ¿La reacción…?
– Se limitó a escucharme y me dijo: "Hasta luego…" Nada más llegar a mi despacho de nuevo, recibí las visitas del subsecretario y de los directores del ministerio. Me dijeron que venían a darme ánimos porque el ministro se lo había pedido...
– ¡Sorprendente!
– La cosa no quedó ahí. Un buen amigo del gobierno me contó que Fraga, atacado duramente en el Consejo por el incidente, se limitó a decir: "Me he equivocado, ya está corregido".
– ¿Asumió el error como propio?
– Jamás me dijo ni una palabra de aquello. Esto revela una categoría humana fuera de lo común.
– ¿Y Pío Cabanillas?
– ¿Cual de los dos?
– El que fue político serio…
– Tuve debilidad por él, aunque no siempre se portó bien conmigo. Fue un gallego listo. Sentí mucho su inesperada muerte.
– ¿Lo más importante de la vida?
– La familia, su solidez su unidad…
– ¿Lo bueno y lo malo de la vida?
– En el terreno personal, estoy muy satisfecho. En el sentido político, me siento dolorido. Llegué a la política muy joven. A los cuarenta años ya era ex ministro… fue todo demasiado rápido. Cuando llegas antes de tiempo, por las circunstancias históricas, puedes demostrar el talento de la juventud, pero te falta el poso, la sabiduría de la vida…
– Todos reconocieron tu labor…
– Tuve buenas ideas, pero sabía muy poco. Jamás se me llegó a pasar por la cabeza que, si aprobábamos una Constitución, fuera para que otros la incumplieran.
– ¿Somos un país de tramposos?
– Somos un país de gentes pacientes en el que, unos pocos, pretenden permanentemente hacer trampa.
– Le pregunté a nuestro paisano Rodríguez Bereijo si la Constitución era de chicle o de aire…
– ¿Qué te contestó…?
– Que en nuestra Constitución cabe casi todo…
– Los juristas que forman parte de un tribunal inapelable, como el Constitucional, jamás deben considerarse el poder constituyente…
– ¿Te morirás siendo un inconformista?
– Es la condición natural de la persona con inquietud intelectual.
– ¿Sigues siendo político?
–Pero no en activo, por eso digo la verdad…
– ¿Sabes? He decidido que me invite a este almuerzo uno de Cortejada de los Baños…
– Eso es la leche, Beotas… ¿Quién…?
– Tú…
– Lo siento, mi padre era de Cortejada, yo nací en Vigo...
¿Al amigo?
Amistad.
¿Al enemigo?
Nada.
¿Al indiferente?
El derecho de gentes
Tu música
La Segunda de Mahler.
La película…
‘Los cañones de Navarone’.
Para comer…
Cocido gallego o fabada asturiana. Y siempre marisco.
El lugar.
Bayona.
La mujer de tu vida.
Aquella que me conquistó en Asturias.
