Lunes 20.04.2009
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Manuel Díaz Ares, "nacido emigrante", como se autodefine, es un ecologista convencido, practicante y pionero en Galicia en la difusión de este movimiento. También fue un pionero en impulsar la agricultura ecológica y el aprovechamiento de la energía solar en suelo gallego.
A Díaz Ares muy bien se le podría definir con la etiqueta de "el hombre verde".
A los 27 años dejó su Barcelona natal y regresó a Monforte, la tierra de sus padres. "Al llegar monté un negocio de bicicletas hechas a medida, era una especie de sastre de las bicis. De hecho diseñé y construí el tándem del invidente Pablo Rodríguez, con el que participó en los Juegos Paralímpicos de Atlanta", cuenta.
Sus primeros pasos en el mundo del ecologismo ya los dio en Barcelona, donde fue, en 1979, cofundador de la revista Integral, dedicada a la ecología, la salud y la vida natural. Dos años después fue también uno de los fundadores del grupo Amics de la Bici, cuya finalidad era difundir las bicicletas como medio de transporte urbano no contaminante en la ciudad condal.
Manolo, como le llaman sus amigos, relata que "paralelamente al negocio de las bicicletas, en 1989, en una asamblea celebrada en el alto de O Faro, una decena de amigos concienciados con la conservación del medioambiente dimos vida a la agrupación ecologista Xevale, una de las primeras de Galicia y con un ámbito de actuación centrado en el sur lucense".
"Nuestro objetivo –añade– era contribuir a difundir el movimiento ecologista como una herramienta para llegar a concienciar en la necesidad de respetar el medio en que vivimos y del que nos alimentamos".
Afirma, de manera rotunda, que "sin conciencia ecológica no hay futuro posible para la vida". Su mensaje, en esencia, es que "en nuestra actividad y en nuestras actitudes diarias tenemos que pensar de manera ecológica, no debemos olvidar que la Tierra no es nuestra, nosotros somos de la Tierra", subraya.
Su actividad en el terreno del ecologismo se hizo extensiva también a la agrobiología. "Al llegar a Monforte ya preparé mi huerto ecológico, para cultivar verduras y hortalizas para autoconsumo", relata. Cuenta que "junto con otras personas sensibilizadas en el consumo de productos ecológicos montamos en Monforte, allá por los años 89-90, una de las primeras asociaciones gallegas de consumidores de este tipo de alimentos".
"Nuestra idea –señala– era divulgar los beneficios que supone el consumo de productos naturales, cultivados sin abonos y pesticidas químicos".
Esta asociación propició la formación de una cooperativa de ámbito gallego, con sede en Pontevedra, de consumidores de productos ecológicos. "A partir de aquí empezó a cuajar en Galicia la sensibilidad por la agroecología y por el consumo de su producción y fue por esta época cuando se creó la Coordinadora de Agricultura Ecológica de Galicia", rememora Manolo en su historia.
Esta coordinadora estuvo federada con el resto de las de España, y Monforte en 1992 acogió el primer congreso de agricultura ecológica que se celebró en Galicia. Manuel fue uno de los que estuvo detrás de la organización de este evento. "A raíz de todo este caldo de cultivo
–cuenta– se dieron las condiciones para la creación del Consello Regulador de la Agricultura Ecológica de Galicia (Craega), entidad que nació en 1996".
Díaz Ares participó activamente en las reuniones con la Administración gallega para la creación del Craega, en cuyo primer consello fue vocal en representación de los consumidores.
En 1997 impulsó la apertura de la tienda Ecocentro Natureza en la capital de Lemos, una de las primeras de Galicia en comercializar productos ecológicos. Regentada por su compañera, cuenta con la más completa oferta en agrobiología en el ámbito gallego.
Manolo saltó de la ecología a las energías limpias y cuenta que "en 1988 monté mi primera instalación fotovoltaica para dar suministro eléctrico a una vivienda unifamiliar de unos amigos, en un paraje aislado, lejos de la red de suministro".
Fue en 2002 cuando se dedicó de manera profesional al montaje de instalaciones de energías renovables. Dos años después daría vida a Enalbío Solar, firma que dirige en la actualidad, especializada en instalaciones de aprovechamiento de energía solar.
"El primer seguidor solar conectado a la red eléctrica de Galicia lo monté en 2003 en O Saviñao y me decían que estaba loco. Hoy son miles en toda España los enganchados a la red", afirma con orgullo.
"Cuando nadie daba un duro por la energía solar, aposté por ella y por la rentabilidad que suponía su aprovechamiento", indica. "Poco tiempo después se demostró que tenía razón", sentencia.
