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Secretario federal de la Federación del Mar de UGT

Manuel Domínguez Segade: "Los marinos se merecen dignidad, orden y libertad"

13.03.2009  "Mi madre fue la perfecta representación de la madre coraje. Enviudó con veintisiete años... Éramos tres"

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POR ENRIQUE BEOTAS

Manuel Domínguez Segade, en un momento de la entrevista FOTO: Luis Sinde
Manuel Domínguez Segade, en un momento de la entrevista
FOTO: Luis Sinde

A Pobra do Caramiñal nació un niño de genética y vocación marinera. Desde muy pequeño, cogido de la mano de su madre, se asomaba al espigón a despedir a esos hombres que soñaban con levantar un jardín en el mar… Y se metió a jardinero. Estando el jardín en flor, el marinero se fue… por esos mares de Dios...

"El mar. La mar.

El mar. ¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre

a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste

del mar?

En sueños, la marejada

me tira del corazón.

Se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me

trajiste acá?"

A Manuel Domínguez Segade nadie le tuvo que contar. Asimiló desde muy niño que la rabia y el dolor no podían ser sentimientos. Aprendió de la vida que el llanto y la desesperación son el permanente tributo de la infinita espera... Supo en hora temprana, de primera mano, que el regreso es a veces inexistente, a veces lacerante, a veces frustrador…

El mar y Dios eran las dos únicas latitudes de sus mayores. Agolpadas en el malecón, las gentes de su pueblo cantaban viejas canciones de esperanza… Pero en la Puebla nadie acertaba a decirle a ese niño del 48, el porqué de la resignación de esas mujeres de negro y llanto… Del tañer triste de las campanas que anuncian la desgracia… Presagio siempre de una misa en la que el cura hablará de esperanza, resignación y gloria… Pero él, de muy niño, ya se rebelaba: ¿Por qué no vuelven, madre…? ¿Por qué no vuelven…?

"En realidad, sigo siendo aquel niño de quince años que inició por entonces su andadura como marino mercante"

– Fuiste niño de aldea…

– Sí. En mi casa estaba prohibido hablar de la mar porque yo era huérfano de marina. Mi padre había naufragado en un barco, siendo maquinista de pesca.

– Pero optaste por ser niño de mar…

– Hice mis pinitos en el 63, saliendo por la ría a pescar. Recuerdo que, tres años más tarde de aquello, un 22 de enero, ya navegaba rumbo a Guinea... Apenas tenía diecisiete años… Tan sólo era un grumete… Mozo de pinche en cocina.

– Empezaste desde abajo.

– Y llegué a lo más alto dentro de mi carrera de marino.

– ¿Echabas de menos conversar con tu padre?

– Mi abuelo quedó en tierra… A falta de poder conversar con mi padre, tenía grandes charlas con mi abuelo

– ¿Tua nai te dio la fuerza?

– Fue la perfecta representación de la madre coraje. Enviudó con veintisiete años… Éramos tres. Me di cuenta enseguida de que alguien tenía que tomar el relevo de mi padre. Ese fue el motivo por el que un día la hice firmar un papel. La pobre no sabía que, con aquella rúbrica, me estaba autorizando para marchar…

– ¿Permiso…?

– Yo era menor de edad.

Manuel Domínguez Segade, ojos como chanquetes chinos, lágrima de mar sincera, manos de piedra y acero… Es de esos tipos duros de película en blanco y negro, de muelle y estiba, de cajón de madera, hielo picado y gancho de hierro. Peleó toda su vida por él y por todos sus compañeros…

"Y por todos los que se rompían el alma, el primero..."

Se balancea entre el sentimiento romántico y la obligación…

"Es que, muchas veces, la poesía es la trampa del poderoso…"

Quienes tienen que compartir mesa de negociación con él, saben que no deja lugar a la duda o a la debilidad. No hay Polifemo que lo doblegue...

"Viví aquella circunstancia en donde cada doscientos cuarenta y cinco días tenías veinticinco de vacaciones… De eso logramos pasar a sesenta y cinco días de trabajo y cuarenta y uno de vacaciones. ¡Ojo!, nadie nos lo ha regalado, lo tuvimos que pelear…"

– ¿De quién era la culpa de aquello?

– El problema del marino siempre estuvo dado por la lejanía. Era una profesión abandonada, dejada de la mano de Dios...

– ¿Tu primer paso?

– Estaba claro que había que legislar. Aquella situación estaba abandonada por la Administración, olvidada por la sociedad, incluso por la propia familia… por el propio marino.

Se me define así: marino, gallego y español. Yo busco la provocación y le recuerdo que le llamaban "rojo" Me confiesa que le molesta el apodo porque él siempre navegó bajo la bandera de su Galicia blanca de paz y azul de mar… Orgulloso de su pabellón español, en rojo de honor y amarillo de esperanza...

"Déjate de coñas, Beotas. Me molestó siempre, profundamente, lo de "rojo" o "azul"… ¿Pero que es eso de "rojo", si yo no lo soy…?"

– ¿Nunca te lo llamaron…?

– Fui calificado de todo, algo que no comprendía: desde terrorista sindical a moderado sindical… Me preguntaban en qué sitio estaba...

– Entonces: ¿qué eres?

– Soy un marino, gallego y español, que simplemente pelea por algo justo…

– ¿Dónde comenzó la pelea?

– Éramos cuatro compañeros y entramos en la UGT. Aquello era lo que más se asemejaba al Sindicato de Marinos de Barcelona, así que de ahí la singladura de empezar y conducir la flota hasta el tiempo actual.

– Sigues siendo un niño…

– Te agradezco el homenaje, pero del 48 hasta aquí no me dejaron serlo…

– ¿Sabes por qué te llamé niño?

– ¿Porque me viste la ingenuidad?

– ¡Que coño!, porque aún sigues llorando…

– Y mucho…

– ¿Qué te hace llorar?

– No haber conseguido aún el propósito final, aunque realmente está muy cerca...

– ¿No te rindes?

– En absoluto. No me rindo porque se puede conseguir.

– ¿El qué?

– El cocido… ¿Tú sabes como se hace el cocido…?

– Mejor me lo explicas tú que fuiste pinche…

– Para mí hay tres cuestiones fundamentales: la estructura de una empresa, la mano de obra cualificada y la parte laboral. Con estos tres ingredientes puedes hacer un buen cocido. Pero, evidentemente, hay que seguir llorando…

– ¿Son tantas las decepciones que te hacen llorar…?

– La gente se equivoca cuando uno es prudente o llora. Lo confunden con debilidad… y es un error… Nada más lejos de la realidad. El llanto es la fortaleza del paisano noble.

– ¿Qué traerá la crisis?

– Para este sector un cambio de modelo. Cuando proponemos esto, unos buscan la huida y otros pretenden correr a más velocidad…

– ¿La clave?

– Que para ganar una carrera, hay que participar en ella.

– ¿Cómo te ataste para no sucumbir a la mullida moqueta?

– No es fácil… Es complicado. Recuerdo el año 82, cuando el PSOE ganó las elecciones. Se produjo un trasvase de gente del sindicato al Gobierno. Curiosamente yo me di de baja en el partido socialista, porque elegí el camino de representar a los trabajadores… Veía muy complicado estar en los dos lados a la vez. Así que me desvinculé de pisar eso que tú llamas despachos y moquetas.

– ¿Te intentaron comprar?

– Tampoco lo intentaron muchos, creo que la gente fue suficientemente inteligente conmigo.

– ¿Y los que no lo fueron…?

– Llevaron siete puntos en la cabeza…

– ¿Y a ti…? ¿Te rompieron alguna vez las narices?

– Lo intentaron, ¡ya lo creo…! pero no lo consiguieron.

– ¿Te comprendieron?

– No del todo, pero aún me queda tiempo para ello.

– Dicen de ti que si se te dan espuela… muerdes…

– Tuve que pegar algunos mordiscos, pero también me he llevado unos cuantos espuelazos.

– Segade…

– Beotas…

– Que luego llegó la política… siempre la política…

– La política desarregló algunos temas, pero es bastante comprensiva. A veces se queja…

– ¿Con razón?

– La razón no está instalada en el mundo.

– ¿Y no te rompiste los puños de tanto intentar explicar a tus compañeros políticos que no era eso, no era eso, no era eso…?

– Y me los sigo rompiendo diciéndoles que no es eso... Los vientos son fuertes, los mares son bravos y las gentes hemos de ser inteligentes para combatirlos.

– ¿Con que mano te sujetas: con la izquierda o con la derecha?

– Soy diestro...

– Y parco…

– Déjalo en concreto…

– ¿Prefieres al imbécil o al traidor?

– Al traidor, porque sé que lo voy a combatir. El imbécil es muy difícil para el combate…

– ¿Y eso…?

– Por imbécil.

– ¿Lo que no toleras?

– La desigualdad, la injusticia, la guerra…

– ¿Rezaste?

– La última vez, ayer.

– ¿Por qué rezas?

– Por un mundo mejor.

– ¿Te morirás siendo el último idealista?

– Créeme, quedamos unos cuantos…

– ¿En español o en gallego?

– ¿El qué…?

– La palabra…

– Hay que hablar siempre en gallego, pero en el momento y circunstancia adecuada.

– ¿Y el español?

– Siempre, ante toda circunstancia

– ¿Y cuándo te hablan en inglés?

– Me esfuerzo, aunque me sabe a puñetas.

– ¿Fuiste a Lugo por San Froilán?

– De ahí es el pulpo para comer…

– ¿Pides pulpo o polvo?

– Polvo a la gallega

– ¿Y el pulpeiro…?

– También me entiende

Momento para ahondar en el corazón. Manuel se ha relajado. Nos ofrece La Nicolasa tres orujos gallegos: blanco, amarillo y negro. Él ha elegido el amarillo… Yo, el ron con Coca-Cola… Me dice que lo de mezclar es una "mariconada"… Ríe con la coña del pulpeiro, lo hace con todos los músculos de su cara…

"Tengo claro que, por mis amigos y por mi familia, le doy bocados al mundo"

– ¿Y Galicia…?

– Una gran dama.

– ¿Y la mujer?

– Mi esposa: bella, inteligente y comprensiva.

– ¿Dónde te la ligaste?

– En mi pueblo.

– ¿Cómo?

– Por una apuesta

– ¿Quién ganó?

– Gané yo.

– ¿Todavía no has descubierto que fue ella quien te ligó?

– Ella fue la que mató.

– ¿Así que no tuviste en cada puerto una novia?

– No tuve necesidad, vivo enamorado.

– ¿Qué es el amor?

– Como la cáscara de una nuez, no sabemos lo que tiene dentro…

– Os casasteis muy jóvenes. Ella con dieciocho y tú con veintitrés… A partir de ahí, la eterna partida.

– Era duro y sigue siendo duro, porque evidentemente ella vive en Galicia y yo continúo con la vida de marino.

– ¿Lo que nunca se te olvidó?

– Lo que siempre me repitió mí madre y yo le digo a mis hijos: que ser valiente y pelear en la vida merece la pena

– ¿Y la coherencia?

– Uno de los valores imprescindibles en el hombre.

– ¿Es el más infrecuente?

– Y el más preciado.

– ¿En qué crees?

– En la vida en sí misma.

– ¿Y cuando te mueras?

– Que me entierren.

– ¿Viste mas brujas en la tierra o en el mar?

– En la mar muchas más…

– ¿Cómo son?

– Horribles

– ¿Bailaste con ellas?

– Al vals de las olas

– ¿Y después, cuando llegas a tierra y tienes que negociar?

– Entonces me siento más fuerte que nunca.

– ¿Si volvieses a nacer?

– Marino.

– Marino: ¿libertad, orden o dignidad?

– Dignidad, libertad y orden; esa es la jerarquía.

– ¿Tu bautismo de mar?

– En la pila bautismal.

– ¿Cómo miras?

– A medida que vas sufriendo, vas mirando de otra manera.

– Dame una frase para cuando me encuentre con "el señorito".

– A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

– ¿Y para el hombre que viene desde abajo del todo?

– ¡Ánimo!, la escalera es corta.

– Una frase para el que se quedó a mitad de camino por miedo.

– De los cobardes no hay nada escrito.

– Para el que combatió y no llegó…

– Ojalá perdure su idea.

– Para Manuel Domínguez Segade…

– Manuel Domínguez no merece una frase... la merecen los marinos.

– Dámela.

– Dignidad, orden y libertad.

– ¿Al enemigo?

– Desprecio

– ¿Al indiferente?

– Más desprecio todavía…

– ¿La mayor decepción?

– Está por llegar…

– ¿Tu mayor alegría?

– El nacimiento de mis hijos.

– ¿Y si te salen marineros?

– Que Dios les bendiga, que seguirán siendo una alegría.

 

El tripulante me extiende la mano, tiene la mirada limpia. Me mira de frente, fijo… me da un abrazo y confiesa:

"Gracias por la travesía, marinero".

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