Lunes 20.04.2009
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"Aunque los padres me suelen comentar que no saben cómo puedo aguantarlos, trabajar con los niños engancha", dice María Rosa Freire, una profesora y educadora social que lleva ya desde el año 1990 trabajando, dentro de Cáritas Diocesana de Lugo, con familias de inmigrantes que se asientan en la capital de Lemos.
Mary, como la llaman sus amigos, dedica la mayor parte de su actividad social a dar clases de apoyo y adaptación de nivel a hijos de inmigrantes establecidos en Monforte, todos ellos escolarizados. En la actualidad atiende a una treintena de chavales, con edades comprendidas entre los tres y los dieciocho años, de trece nacionalidades diferentes.
El pequeño local en el que imparte sus clases Mary, perteneciente a las dependencias de la parroquial de A Régoa, se convierte por las tardes, de lunes a jueves, en un hervidero de chavales, en un auténtico lugar de encuentro multicultural en el que conviven niños procedentes de Portugal, Marruecos, Rumanía, Bulgaria, China, Argentina, Cuba, Venezuela, Brasil, Colombia, Santo Domingo, Perú y Ecuador.
"Con las clases de apoyo lo que pretendemos, además de ayudarlos a hacer las tareas que les marcan en el colegio y reforzar sus carencias educativas, es que tengan un canal para consultar sus dudas, inquietudes, problemas, ilusiones...", explica Mary. Añade que "todas esas cosas, pese a la variada procedencia de los chicos, sirven de vínculo de unión y convierten la clase en un lugar de encuentro en el que se comparten experiencias y muchas vivencias".
El trabajo en valores como la amistad, el compañerismo, la solidaridad, el respeto y la vida familiar es otro de los objetivos que persigue esta clase de apoyo, según cuenta Mary. Indica que "pese a que son niños y se comportan como tal, no son nada conflictivos y responden muy bien a los estímulos educativos que tratamos de inculcarles".
El trabajo de Mary, al margen de la labor docente, es también una ayuda muy importante para lograr la integración de los pequeños en su nuevo entorno social. "Los niños al llegar a un país extraño, dejando atrás a su familia, amigos y entorno social lo pasan mal. El desarraigo es muy fuerte y aquí solo tienen como referencia al llegar a sus padres y, en algunos casos, solo a su madres. No es fácil para ellos adaptarse y en ese proceso también influye mucho la edad. Por lo general son los más pequeños los que mejor y más rápido se adaptan a su nueva vida ", subraya.
Prosigue relatando que "echan de menos todo lo que dejaron en su tierra, olores, sabores, colores, clima, paisaje, tradiciones..., la mayoría añora su país, lo idealizan y son los sudamericanos los que más morriña tienen, en ese sentido se parecen a nosotros, a los gallegos emigrados".
Además del desarraigo, el idioma es otra barrera que tienen los chavales al llegar, en especial los procedentes de países del Este y "la niña china que tenemos", precisa Mary. Sin embargo –añade–, "los niños del Este aprenden muy rápido, sobre todo, los más pequeños".
En el terreno educativo, el mayor problema que tienen es el diferente nivel educativo existente entre España y los países de origen. "Aunque hay gente que viene muy preparada, por lo general les cuesta ponerse al nivel que les correspondería por su edad y se quejan de que aquí es más difícil y que hay que estudiar mucho más", cuenta Mary. Continúa "dentro de nuestro cometido de apoyo, estamos en contacto con los colegios en los que estudian para reforzar las carencias que tienen en materia educativa", puntualiza.
En el grupo multirracial de chavales con el que trabaja Mary hay casos de constante superación, niños con verdadero afán por aprender y también hay ejemplos que están en el polo opuesto. En este aspecto Mary explica que "los niveles de adaptación influyen en la marcha que llevan en el colegio; de este modo, los que se adaptan sin grandes problemas suelen ir bien en la escuela y, por el contrario, a los que les cuesta adaptarse a su nuevo entorno suelen tener problemas en el colegio".
Pero el trabajo de esta educadora social dependiente de Cáritas Diocesana de Lugo no se limita solo a las clases con los pequeños, es también un punto de referencia para sus familias, a las que ayuda en tareas de asesoramiento, información y trámites de papeleo cuando llegan con la intención de establecerse en Monforte.
Mary, una mujer dinámica, abierta, buena conversadora y siempre con una sonrisa en la cara, no duda en reconocer que su trabajo educativo y social, pese a la dedicación plena que requiere, es de lo más gratificante.
"Enriquece mi vida y creo que es un lujo, ya que me permite absorber conocimientos y modos de vida de otras culturas y compartir vivencias", asegura. Añade a renglón seguido que "desde que trabajo en Cáritas, con los pequeños y sus familias dentro del programa destinado a inmigrantes, me cambió la vida para bien".
Concluye aseverando que "ante todo, las personas son lo más importante, son el centro de atención de nuestra labor desde la óptica cristiana con la que trabajamos".
