Viernes 10.02.2012
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| Conferencia de Jesús Eirís Puñal, neuropediatra del CHUS, ayer, en el hotel NH Obradoiro de Santiago FOTO: Patricia Santos |
A mediados del siglo XIX, Phineas Gage trabajaba en las obras del ferrocarril en Vermont colocando dinamita. La carga explotó y la barrena que Gage manipulaba salió disparada atravesando su cráneo desde la mejilla izquierda y asomando por la parte superior de su cabeza. El operario se recuperó con rapidez, pero la barrena, que había perforado su lóbulo frontal izquierdo, modificó drásticamente su personalidad. Gage, un joven trabajador, sensato y equilibrado, se había convertido en una persona irreverente, impulsiva e intolerante con las restricciones. "El equilibrio o balance entre su facultad intelectual y sus propensiones animales se había destruido", dijo su médico. Su matrimonio terminó -su mujer no le reconocía- y Gage perdió sucesivos trabajos hasta mostrar su cicatriz en los circos. Su caso sirvió para demostrar el papel de la corteza frontal en el correcto funcionamiento de las funciones ejecutivas del cerebro y el cráneo y la barrena se conservan hoy en el Museo de Medicina de Harvard.
La historia de Phineas Gage fue retomada ayer por el neuropediatra Jesús Eirís Puñal (médico adjunto del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago) para ubicar su conferencia en torno a las bases biológicas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el más frecuente de entre los problemas neuropsiquiátricos en la población infantil.
Eirís Puñal participó con esta charla en el Congreso Internacional sobre la Infancia Avancemos con ellos que organiza la Unidade de Atención Temperá de la Universidade de Santiago. En su exposición, el facultativo desautorizó la tendencia a calificar el TDAH como un trastorno fraude, hiperdiagnosticado y ligado a problemas de educación. "Por mucho que se diga", indicó Jesús Eirís, "posiblemente no estemos llegando ni a la cuarta parte de los diagnósticos".
Distintos estudios sitúan la incidencia del TDAH entre el 5 y el 10% de los niños, de modo que en una consulta pediátrica tipo, con 1.500 cartillas por profesional, la estadística coloca a 90 niños afectados por este trastorno neuropsiquiátrico. El déficit de atención, señaló Eirís Puñal, es además un diagnóstico crónico que, aunque con cambios en sus manifestaciones en función de la edad, en un 40-60% de los casos va a ser persistente en la edad adulta.
En el TDAH hay además un claro componente genético (un 75% de heredabilidad) y unas bases biológicas contrastadas. El cerebro de las personas con déficit de atención es un 5% más pequeño y los estudios con resonancia magnética funcional han evidenciado que las áreas cerebrales que los afectados emplean en el desarrollo de tareas difieren de las que se activan en la población sin TDAH, afectando a sus funciones ejecutivas.
. rlizcano@elcorreogallego.es
Proclives al despido y la lesión
Los síntomas del TDAH se pueden agrupar en déficit de atención, hiperactividad e impulsividad. El menor no termina las tareas que empieza, reacciona a estímulos irrelevantes, contesta de forma irreflexiva, mueve pies y manos cuando está sentado... Los síntomas evolucionan con la edad y el tratamiento consigue la remisión total en el 10-20% de los casos. Cuanto más tarde se trate, explicó Eirís Puñal, "más cortas serán las metas". Los síntomas cambian, pero los problemas de autocontrol se mantendrán, haciendo al adulto con TDAH más proclive a lesiones físicas, adicciones o problemas legales. Un estudio en pacientes indicó que el 42% frente al 13% de la población general había repetido curso, que sólo el 21% frente al 78% inició estudios superiores, que el 55% frente al 33% fue despedido o que el 25% frente al 1% tuvo hijos antes de los 25 años .
