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integración

Monterroso, reeducar en prisión con el binomio trabajo y respeto

Medio centenar de reclusos transforman al mes más de 400.000 kilos de ferralla en vigas para la construcción

ÁNGEL ARNÁIZ • MONTERROSO   | 02.11.2008 
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Panorámica de la nave donde los reclusos trabajan la ferralla, en la prisión lucense de Monterroso

El taller de ferralla que funciona en la prisión lucense de Monterroso es una de las estrellas del amplio programa de formación y empleo destinado a reeducar y socializar a los internos de este centro.

Forma en un oficio y da trabajo a medio centenar de reclusos, que transforman mensualmente más de 400.000 kilos de ferralla en vigas de acero para la empresa Acerías As Pontes. Es un trabajo productivo remunerado, amparado con todos los derechos laborales, que permite obtener a los reclusos una media de 400 euros mensuales, según la producción que hagan.

Esta prisión es la única de España que cuenta con una grúa puente para permitir que funcione este taller de ferralla.

El director del penal lucense de Monterroso, Víctor Fraga, asegura que "la formación constituye un elemento fundamental en la reeducación, cuya finalidad es preparar a los internos para su acceso al mercado laboral cuando alcancen la libertad".

"Si te relacionas con una persona en función de lo que es, lo seguirá siendo. Si lo abordas como si fuera lo que podría ser... lo será". La frase es de Goethe y el director Víctor Fraga, un hobre implicado y comprometido, junto con su equipo, en el complicado objetivo de "reeducar y resocializar" a las personas encarceladas, la tiene siempre presente en su relación con los internos del centro.

En esencia, la filosofía que se aplica para educar y socializar en el centro penitenciario de Monterroso se basa, según explica el director, "en fomentar que el interno pueda acceder durante su estancia a oportunidades con las que en su momento no contó o no aprovechó, que pongan a su disposición herramientas de desarrollo personal y social".

Hacer esto con cerca de medio millar de reclusos, de casi 50 nacionalidades, con bajo nivel educativo, deficientes hábitos laborales y diferentes problemáticas personales, no es tarea fácil.

Respeto mutuo entre internos y funcionarios, junto con el desarrollo de programas educativos y formación laboral, con trabajo remunerado, es la receta que se aplica aquí. Y parece que funciona, a tenor de los reconocimientos y distinciones que han logrado las iniciativas desarrolladas en Monterroso: bronce y plata al mérito penitenciario en 2006 y 2007 y mención de honor a las Buenas Prácticas este año.

ENTREVISTA

Antonio Pacín Otero Maestro de Taller: "La actitud para aprender es muy buena"

Antonio Pacín Otero, maestro de taller, lleva algo más de dos décadas en la prisión de Monterroso formando en el terreno laboral a reclusos. Él es uno de los impulsores y docente del taller de ferrallista, que tan buenos resultados está dando en la institución penitenciaria de Monterroso. El director reconoce que es "el alma máter" de esta experiencia.

- ¿Cuál es el objetivo fundamental del taller de ferrallista?

- El objetivo fundamental del taller está centrado en la formación del interno y el aprendizaje de una profesión que pueda valerle para desempeñar un puesto de trabajo, tanto dentro como fuera del centro penitenciario.

- ¿Qué balance hace de los tres años de andadura?

- Es muy positivo, tanto para la institución penitenciaria como para los internos. Hemos logrado formarles, darles trabajo como ferrallistas a un elevado número de personas en el centro penitenciario de Monterroso y, además, a alguno de ellos trabajo en el exterior.

- ¿Es gratificante este trabajo, responden los internos a la hora de aprender y trabajar?

- El trabajo es muy gratificante. Primero por la respuesta e interés de los propios internos ante los planes de formación y, después, porque les supone poder disponer de una retribución económica y gozar de los derechos de la Seguridad Social mientras cumplen su condena. Algunos de ellos, gracias al trabajo remunerado, pueden colaborar económicamente con su familia.

- ¿Esta iniciativa ayudará a los reclusos a ganarse la vida cuando salgan?

- Sin lugar a dudas, el plan de formación y ocupación en la prisión es una oportunidad de desarrollo personal, laboral y social que facilitará la reinserción tanto laboral como social. En última instancia, además de la voluntad de los propios internos dependerá de las oportunidades laborales que puedan existir en el mercado de trabajo en la calle. En todo caso, la formación y el trabajo en la prisión facilitará el poder acceder al mercado laboral en mejores condiciones que cuando entraron.