Lunes 20.04.2009
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| José Luis Castro Beceiro, ejemplo de lucha contra el mal del amianto, desde su casa de Ferrol |
En los años 90, se inició un triste fenómeno en la ría de Ferrol. Jóvenes abuelos de 65 o 70 años desaparecían tras cánceres repentinos, mientras desde la ventana del hospital señalaban los astilleros: "Iso é o que me está matando. Todo é por culpa do amianto". Antes de que los médicos certificasen el origen de la asbestosis, los antiguos trabajadores del naval sabían que sus órganos se deshacían por el metal inhalado. Por el camino, fallecieron ex operarios que no pasaban de la cincuentena. La autopsia de una de las últimas víctimas, Paulino Pereiro, revela una situación sangrante: su pulmón almacenaba 110.000 fibras de amianto. El tope permitido ya se encuentra en las 1.000 fibras.
Ante las constantes bajas, hasta seis muertos por mes, la asociación de víctimas Agavida recurre a un bufete norteamericano: Seeger Weiss LLP, que trabajará asociado en España con Oria-Peña-Pajares. CCOO también llevará sus casos con letrados ingleses. Cristóbal Carneiro, presidente de Agavida y huérfano de una víctima del amianto, salía justo ayer del entierro de un compañero. José Antonio Bastida Cartelle se suma a la lista negra, tras un largo tiempo "padeciendo y portando una bombona de oxígeno, deja atrás toda una vida en Bazán". El fallecido se había convertido recientemente en la primera víctima "que ganaba un recargo en la prestación, la empresa tenía que pagarle un incremento del 30% en su pensión". Otra muerte reciente también ha provocado una drástica decisión de Agavida, anunciada estos días. Estudia presentar una demanda penal contra Navantia, por posible "homicidio por imprudencia". El fallecido es un ex-trabajador de carenas, y se acusaría a la empresa de "incumplir la normativa de seguridad".
En diversos frentes se mueve Agavida. Si recurre a la vía penal, seguiría el ejemplo del astillero Unión Naval Valencia. Los directivos se enfrentaban a penas de cárcel, se reconocieron culpables para bajar la condena y las víctimas fueron indemnizadas. Con los abogados estadounidenses, se irá por la vía judicial convencional. También se solicitarán ayudas de un fondo de compensación de EEUU, para obreros que reformaron viejos buques de guerra norteamericanos en la ría de Ferrol: tumbas de amianto reconvertidas en barcos para la Armada española.
