Lunes 20.04.2009
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Lejos de sentir el menor indicio del síndrome del quemado, el maestro de Educación Infantil Cayetano Chenel rompe estereotipos y espera con impaciencia cada año las vacaciones de verano para cambiar las "cómodas" aulas del colegio San José de Cluny de Santiago por una de las misiones de la congregación en Mozambique. "Los niños son niños, sean blancos o negros, aquí o en Mozambique", resalta este compostelano de 34 años que considera que "las diferencias las marcamos los adultos".
Reconoce que desde siempre sintió "admiración" por las misiones y animado por los Padres Somascos, a los que conoció en la parroquia de San Cayetano en los barrios de Meixonfrío y A Gracia, se enroló en una de ellas, en Mozambique, hace ya cuatro años. La experiencia fue "impresionante", afirma, no sólo por lo que significa la gratificación de poder ayudar en el estudio a los chicos de un internado, sino por comprobar que "viviendo como ellos no echas de menos el agua caliente, el sofá, la televisión o el coche". "Nunca pensé que fuera capaz", reconoce, y, sin embargo, verano tras verano "cada vez me cuesta más hacer la maleta, pero para volver, porque ahora echo más de menos lo de allí, aquí".
Sus tres siguientes estancias durante los meses de julio y agosto en Mozambique fueron de la mano de la congregación de Cluny en tres misiones distintas que estas religiosas mantienen abiertas en el país africano. Desempeñó múltiples funciones ya que los centros cuentan con escuelas, orfanatos y hospital.
Cayetano Chenel destaca la satisfacción de trabajar con los más pequeños, a quienes acogen en la misión "básicamente para sacarlos de la calle", además de aquellos que están en el orfanato, que "terriblemente, en más de la mitad de los casos, están aquejados de sida". Son niños, describe, que "viven en un mundo muy distinto al de aquí: no tienen nada, pasan mucha hambre y necesidades. Sus juguetes son los que hacen con barro, plásticos y cristales. Son muy ingeniosos y se buscan la vida". No obstante, subraya, "sienten la curiosidad, el interés y el querer saber igual que los niños gallegos". Añade que "a lo mejor aquí tienen que esforzarse menos, porque hay de todo. Pero, en cualquier caso, ni son más burros los de aquí, ni más listos los de allá".
Desde su experiencia de trabajo con niños de tres a seis años a lo largo de once cursos, la diferencia más significativa radica, en su opinión, en que los mozambiqueños "tienen una fuerza física impresionante con sólo dos o tres años, a pesar de pasar hambre". No es de extrañar, apunta, porque "allí las distancias son enormes y se va caminando a todas partes, además tienen que trabajar y ayudar en casa".
En el "poco tiempo" que este maestro considera que echa una mano, puede percibir el "agradecimiento de los niños al aprender algunas letras y números entre canción y canción". También contribuye a formar a los profesores, que "como mucho cuentan con estudios de Secundaria y no saben cómo enseñar" a los más pequeños. "Los más afortunados, y con mucha suerte, podrán dar clases en una escuela que no es más que cuatro paredes y un techo; y es que la mayoría son sólo troncos al aire libre".
Una lección fundamental que saca de su experiencia en Mozambique es que "te das cuenta que aquí somos muy ricos, aunque nos cueste llegar a fin de mes. Allí, ni siquiera están cubiertas las primeras necesidades". No obstante, esta no es la única enseñanza: "Ves que en sociedades donde no hay nada, las distintas religiones colaboran y se ayudan, y te das cuenta de que detrás de los enfrentamientos están otros intereses, que no son religiosos". Concretamente, en el caso de un orfanato de las misiones de Cluny "uno de sus grandes valedores es una familia musulmana".
Cree que es "muy triste" escuchar a gente que duda de la llegada del dinero a las misiones. Frente a lo que opinan los escépticos, afirma tajante que "toda la recaudación va íntegramente a la misión y no se malgasta nada". Comenta con satisfacción que hasta la última de las semillas que sus vecinos de A Gracia le dieron hace dos años "está dando ahora de comer a los niños del orfanato".
