Lunes 20.04.2009
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Por ser incapaz de decir "no" y por rechazar la idea de adaptarse a la excusa fácil de que la llave del cambio del mundo sólo está en las manos de los grandes dirigentes políticos y no de los anónimos mortales, el abogado vigués Antonio Heredero ha decidido echarse las dificultades a la espalda para crear y mantener a toda máquina la Fundación Balms para la Infancia, que ayuda de forma directa a más de 500 niños sin recursos entre Bogotá y Lima.
Sin buscarlo, pero sin rehuir del compromiso, la aventura vital de Heredero comenzó al acompañar a su hermana a recoger a su hija adoptiva a un orfanato de Bogotá. La visión de extrema pobreza en que se encontraban los niños fue determinante en todos los acontecimientos posteriores del compromiso de Heredero, y en la máxima implicación de sus compañeros de despacho y en los cientos de "padrinos" conseguidos en Vigo. "Ante la pobreza que tenía ante mí pensé que desde España se podía hacer mucho, porque lo que aquí es poco allí es muchísimo". Explica que "sin poder decir que no", el primer proyecto fue poner en marcha una organización para adopciones de niños colombianos.
"Todo me ha venido dado", asegura Antonio Heredero al explicar que durante los trámites de organización de todo lo relativo con las adopciones recibió la llamada de una organización de Colombia que buscaba ayuda para el mantenimiento de un centro de acogida de Ciudad Bolívar, en Bogotá, "con el que nadie se comprometía". Explica que desde el primer momento en que recibió la propuesta "me vi obligado y echamos adelante con el proyecto" entre la Fundación Imago y la Fundación Balms. "Nos encontramos con que había que mantener a 91 niños de entre 2 y 13 años en situación de extrema pobreza y evitar que se conviertan en pandilleros o prostitutas, porque desde que son muy pequeños sus padres les dejan literalmente solos durante todo el día". En este centro de Ciudad Bolívar los niños cuentan con un espacio que les proporciona todas las comidas del día, además de apoyo escolar, y estancia de 7 de la mañana hasta la noche, porque de otro modo tendrían que estar en la calle". Para mantener el centro, con profesores, cocineros y monitores, la fundación aporta cada mes 6.000 euros.
También sin proponérselo, en uno de los viajes que realiza cada año a Colombia, "que pago de mi bolsillo", al visitar Lima se encontró con un jesuita que había estudiado en el colegio de Vigo, el padre José María Garín, quien inmediatamente le explicó la situación de necesidad en que se encontraban los 450 niños de su centro escolar y la posibilidad de buscar ayudas en España a través de un sistema de apadrinamiento. "De nuevo otro proyecto, pero en esta ocasión me dirigí a la asociación de antiguos alumnos del centro en Vigo y hubo una respuesta mayoritaria porque se consiguieron 100 padrinos para poner en marcha el segundo proyecto". Así, el colegio recibe ayuda periódica desde Vigo a través de los cien padrinos que colaboran desinteresadamente.
Transparencia, implicación personal y gasto cero son los tres principios rectores de una fundación que destina el 100% de lo que recibe a los niños de los dos centros.
Satisfecho con un trabajo "que es lo más bonito que tengo y que me da sentido", Heredero está profundamente agradecido a sus compañeros de despacho Javier Pascual y Juan Camacho, por un trabajo que define como fundamental para una fundación que cuenta con 230 padrinos para Bogotá y otros 100 para Lima, "con personas que confían en nosotros" . Afirma que el esfuerzo recibe la mayor de las gratificaciones no sólo al ver la situación de los niños en Colombia y Perú, sino al comprobar "la cantidad de personas que, como María Paz Galera o mi hermana Mónica, nos prestan una ayuda trascendente". En los planes del abogado, ya despunta la creación de una segunda casa en Bogotá.
