Lunes 20.04.2009
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Bajó Alberto Núñez Feijóo de su Citroën (que no Audi) entre un costado de la Facultad de Medicina y el Hotel Monumento San Francisco y fue recibido por un turista, un prejubilado o un jubilado reciente (por la edad), que le reconoció cuando estaba siendo fotografiado por su mujer. Se acercó al presidente gallego y le saludó. Debió gustarle porque departieron un par de minutos con el admirador agarrándole la mano... parecía que no se la quería soltar. Ya se sabe, son las consecuencias de la popularidad creciente tras una campaña que le situó en órbita. Eso de la austeridad y la cercanía conecta muy bien con el pueblo.
Luego Feijóo se dio cuenta de que la corbata era de tonos oscuros y que no había realizado una buena elección para un escenario televisivo. Fue su gran preocupación en los momentos previos. Sus primeros saludos, con la confianza que da el conocimiento, iban acompañados de un "me olvidé de una corbata más clara. ¿No será muy oscura?".
No aceptó el ofrecimiento del cambio y se adentró en el San Francisco, donde coincidió y saludó efusivamente al padre Francisco Castro antes de acudir a la sesión de maquillaje. Allí, entre profesionales de la imagen, insistió en su gran preocupación: el color de la corbata.
En un ambiente se dejó retocar y no paró hasta que uno de los cámaras de Correo TV realizó una prueba de imagen y comprobó el presidente que el tono, aún siendo oscuro, no desentonaba demasiado. Pero costó, vaya si costó convencerle.
Cruzó el patio, saludó con cuantos se cruzó y entró en el improvisado plató en el comedor monumental. Respiró tranquilo, se le notaba distendido, relajado... Saludó a los que iban a ser sus entrevistadores, dio dos besos a Susana López, la conductora del programa, y buscó el espacio desde el que poder seducir al auditorio. No hay problemas: es un mundo que conoce a la perfección. Como los buenos actores aceptó las sugerencias de los técnicos, se situó en el centro, miró a ambos lados del tendido, encaró la parte central, bebió un trago de agua, ordenó unas cuartillas y esperó la primera pregunta...
La tarjeta
•••La habilidad con la que Feijóo maneja a diario las cifras se estrelló contra la insistencia de uno de los examinadores del presidente de la Xunta. Desde su silla de ruedas, Xosé F. Férnandez le pidió un compromiso explícito que facilite la inclusión de las personas dependientes. Xosé es una de las historias que vive detrás de las preguntas al presidente, uno de los cristales de la vidriera social y multicolor que esperaba una respuesta. No fue así y se atrevió a romper el guión y repreguntar a Feijóo después de la respuesta oficial. Tampoco se atrevió el presidente a comprometerse en lo desconocido porque hasta Xosé sabe que hay quejas "que no suben más allá del director xeral". El vacío que quedó en el aire lo llenó el examinado acercándose en el descanso a Xosé para conocer la queja en detalle. En el bolsillo tiene ahora la tarjeta de uno de los colaboradores de Feijóo para seguir con la charla. Continuará.
