Martes 17.06.2008
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| Alberto Núñez Feijóo |
Los criterios marcados como básicos, dogmas de fe y condición sine qua non y parte fundamental de la hoja de ruta en el período de consultas abierto por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, fueron dos: galleguidad y solvencia. Para lograr aunar ambas, el Gobierno gallego se decantó por la fusión de Caixa Galicia y Caixanova, aunque en este caso el peso parece optar más por el primero de los condicionantes.
En sendas entrevistas concedidas a medios escritos gallegos, el titular del Ejecutivo autonómico explicaba su postura: prefiere en el futuro contar con una caja gallega fuerte, que dejar a las dos a los vientos de alianzas foráneas que a la larga, a su entender, diluirán su carácter galaico, amén de alejar los núcleos de decisión fuera de Galicia y, por qué no decirlo, también reducirán de forma drástica la capacidad de control y las competencias de la propia Xunta en las caixas.
Sin embargo, el titular de la Xunta se sinceraba y admitía que había otras opciones sobre la mesa que, aunque ofreciendo mayores ratios de solvencia de las alianzas resultantes -algo que saben también en la Consellería de Facenda-, incumplían, a su entender, el leiv motiv de la galleguidad, que aprobaron de forma unánime los tres grupos políticos en el Parlamento gallego, apoyaron los empresarios y con la que comulgaron además los sindicatos. En otra entrevista más reciente, Feijóo abría la puerta a que pueda fallar el proceso de fusión del que se ha convertido en mecenas, alegando que, si esto llega a ocurrir, habría que plantearse "otros planes". Nos consta que Caixanova los tiene ya de raíz. Y Caixa Galicia no creemos que se quedase parada sin explorar la vía B.
