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Estudiante de la ESO y matemático

Oude Zhu Huang: “No me considero un fuera de serie. En Estalmat hay gente mucho mejor”

17.04.2009  En 2007 fue seleccionado para formar parte de Estalmat, que estimula el talento excepcionalmente matemático de estudiantes

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POR ENRIQUE BEOTAS

Oude Zhu Huang, junto al rector de la Universidade de Santiago, Senén Barro, en Fonseca FOTO: Luis Sinde
Oude Zhu Huang, junto al rector de la Universidade de Santiago, Senén Barro, en Fonseca
FOTO: Luis Sinde

El británico George Harold Hardy se le suelen reconocer dos méritos: haber escrito A Mathematician’s Apology, y haber descubierto al matemático indio Srinivasa Aaiyangar Ramanujan. Hardy, uno de esos perfectos productos del Trinity College de Bertrand Russell, Alfred Whitehead o Ludwig Wittengstein, conoció a Ramanujan gracias a una carta fechada en 1912. El indio dominaba la trigonometría desde los doce años y había escrito una lista de ciento veinte teoremas y fórmulas que impresionaron gratamente a Hardy… No obstante, el británico no entendió muchas de las fórmulas de su colega –entre otras cosas, porque Ramanujan se ahorró demostrarlas– pero, con todo, escribió:

"Resulta forzoso que sean verdaderas, porque, de no serlo, nadie habría tenido la imaginación necesaria para inventarlas…"

Hardy se llevó a Ramanujan hasta Cambridge. El matemático indio murió pocos años después, tras cumplir los treinta, quizá por culpa de la comida de las islas… En cualquier caso, un genio sensible, una inteligencia pura que, sin apenas formación matemática, pasó a la historia por lo hermético de su trabajo –aún descifrándose hoy en día y en plena aplicación en cristalografía y teoría de cuerdas– y, sobre todo, por el llamado número de Hardy-Ramanujan, o lo que es lo mismo:

"El número natural más pequeño que puede ser expresado como la suma de dos cubos positivos de dos formas diferentes".

El británico cuenta en sus memorias cómo llegó su amigo indio a conseguir el número:

"Recuerdo que fui a verle una vez, cuando ya estaba muy enfermo, en Putney. Había tomado yo un taxi que llevaba el número 1729 y señalé que tal número me parecía poco interesante… Esperaba que él no hiciera sino un signo desdeñoso… "No –me respondió–, es un número muy interesante: es el número más pequeño que podemos descomponer de dos maneras diferentes con la suma de dos cubos..."
Fíjense cómo, a través de la matrícula de un taxi, se puede llegar hasta algo tan bello, tan grácil. Me dice al respecto De Miguel, el que fuese Decano en Santiago de Económicas, que pocas cosas hay tan hermosas como una fórmula matemática, pues en ella suele encerrarse una buena parte del universo. Pero, para no aturdirles con más preámbulos, les cuento: me he citado en Fonseca con mi buen amigo el rector Magnífico de la Universidade de Santiago, Senén Barro, ese físico informático capaz de calcular con precisión el alma del granito con que Gelmírez quiso dotar de solidez a su Iglesia. El rector más inquieto y eficaz de las universidades de España, especialmente a la hora de aupar los talentos canteranos, me ha llamado para presentarme a un pequeño y prodigioso gallego: Oude Zhu Huang. Este santiagués de cuna, ojos rasgados, pelo a lo cepillo de raíces Bruce Lee y lenguaje telegráfico es la mejor demostración de que la globalidad ha sabido derribar fronteras y prejuicios. Oude, a sus catorce años, es un fenómeno de las Matemáticas. En 2007, fue seleccionado para formar parte del programa Estalmat, con el que se trata de detectar, orientar y estimular de manera continuada el talento excepcionalmente matemático de estudiantes, sin desarraigarlos de su entorno.

"En el colegio se me han dado siempre bien las matemáticas, aunque también me gustan otras cosas, como la biología, la música, el inglés, la educación física…"

– Seguro que te gustaría ser más cosas...

– Me atrae mucho la arqueología, desenterrar restos de la Historia… Pero no consigo decidirme sobre lo que debo escoger finalmente… Tengo miedo a la monotonía.

El benjamín de la Sexta Provincia lleva el reloj al revés y mantiene una sonrisa pícara. Es un chico especialmente prudente, inquieto y con cierto rictus de tristeza. A sus catorce años esboza ya esa retranca con la que se puede decir todo sin ofender a nadie. Su inteligencia le dicta ser cauto. Durante nuestra charla no desvía ni un segundo su oblicua mirada... Percibo que su cerebro está acostumbrado a procesar la información a velocidad insólita:

"No me considero un fuera de serie. En el programa hay gente mucho mejor, gente que no vaguea..."

– ¿No te gusta estudiar?

– No me gusta mucho, pero… ¡qué remedio! En esto creo que soy un tipo bastante normal.

– ¿Serás matemático?

– Todavía soy muy joven para poder asegurar nada... Quién sabe…

– ¿Lo dejamos en un chico con suerte?
– Podría decirse que sí, supongo que eso tiene bastante que ver con la felicidad...

– ¿Eres feliz…?

– No entiendo bien la pregunta…

– Sí, hombre, como esos nombres que ponen a los restaurantes chinos…

– No conozco esa estadística…

– Debajo de mi casa hay uno que se llama El Buda Feliz, mi sobrino el Chiquitín me invita mucho a otro que se llama Fortuna y suerte y mi amigo Inocencio Pereira me habla del Ciudad Feliz.

– Supongo que sí. En la cultura china lo de comer se suele asociar con la celebración. Yo, desde luego, aspiro a otra felicidad, más allá de la de los restaurantes.

– Parece como si todas tus opiniones estuviesen sujetas al "supongo que…"

– Ya se irán demostrando las cosas con el tiempo.

– ¿Cómo quién te gustaría ser?

– Como yo mismo. Me parece un lío eso de ser como otro.

– ¿Te has parado a analizar cómo eres?
– No es una de mis mayores aficiones.

– Pero habrás llegado a alguna conclusión…

– Pues que soy un tipo peculiar en el que se puede confiar. Siempre estoy dispuesto a dar la cara por mis amigos.

– ¿Cambiaste tu manera de mirar?

– Ya no miro a la gente de la misma forma, pero… lo verdaderamente trascendente no es eso.

– ¿Qué es entonces?

– Lo que uno guarda para sí y aquello que muestra ante los demás...

– Pareces un tipo tranquilo…

– Para nada. Soy bastante nervioso. Además, ésta es la primera vez que me hacen una entrevista.

– ¿Qué tal te está resultando la experiencia?

– Me impone bastante…

– ¿Lo que no te gusta?

– Que me traten como si fuese una persona distinta, eso lo odio.

– ¿Es frecuente en tu vida?

– Me pasa más veces de la cuenta.

– ¿Es por la raza?

– Eso no es importante. Ser físicamente diferente a la mayoría se puede llevar con cierta normalidad.

– ¿Entonces…?

– Es lógico que a la gente le choque una persona de raza china que habla castellano y gallego sin acento. Lo que es más complicado es cuando te tratan como si fueses un bebé…

– ¿Lo que más te gusta?

– Lo que tengo: estar con mis amigos y con la gente que me cuida…

– ¿Cuando hablas de quienes te cuidan te refieres a tus tutores?

– Me siento muy a gusto con ellos.

– ¡Un matrimonio de profesores…!

– Eso es algo lógico y normal. No te debería extrañar encontrar a una pareja en la que ambos son profesores.

– ¿Catedrático de Economía Aplicada y profesora de Primaria?
– Los dos tienen un trabajo similar, lo hacen en el mismo ámbito… ¿Qué tiene de extraño que sean pareja…? Es lo más lógico…

José Carlos de Miguel y Trinidad Bouza han estimulado esta vida llena de potencia creativa. Para él, su tutor es "Jose". Se trata de un privilegio impensable para cualquiera de los alumnos de Económicas en Santiago… Entrados en materia, mi pregunta va por el rigor y la exigencia…

"Jose me quiere y yo no me aprovecho de ello… Bueno, puede que a veces lo haga, sí... Sin embargo, cuando Trini está enfadada con razón… no hay otra".

– Tú también te enfadas...

– Todos nos enfadamos de vez en cuando.

– ¿Tu punto débil?

– Obstinarme en que los demás cambien de parecer…

– ¿Te trae problemas?

– Me dicen que soy muy cabezota por quererme salir siempre con la mía… pero no es así.

– ¿No será que eres un poco ‘puñetero’?

– Lo único que quiero es que me expliquen en cada caso por qué no tengo razón, que lo hagan con argumentos lógicos y no "porque sí…"

– ¿Con quién te llevas mejor?

– Con todos…

– Eso no suena muy sincero…

– Es que a nadie le puede interesar la identidad de esas personas. Mi vida en ese sentido no tiene ninguna trascendencia.

– ¿Qué es la generosidad?

– Un valor y una cualidad. Ser generoso es dar sin echar cuentas.

– ¿Encontraste personas generosas en tu vida?

– Sin duda, mis tutores.

– ¿Cómo defines el amor a tus catorce años?

– Como lo que es y será siempre: un sentimiento de cariño, respeto y admiración hacia tu gente.

– ¿Has encontrado amor en la vida?

– Con mis tutores, con mis amigos…

– ¿Amor recibido genera amor entregado?

– Nunca en las mismas cantidades.
– ¿Y la solidaridad?

– Algo que no cuesta cuando la desarrollas con los amigos. Ellos saben bien que cuentan conmigo siempre.

– Tu mejor amigo?

– Se llama Pedro González, pero a quienes nos lean les va a dar igual… Tú verás lo que haces…

– ¿Cómo te diviertes?

– Solemos ir a la sala de juegos, a la máquina de bailar... Hace poco escribimos una obra de teatro para el colegio. La llamamos Profesores Fantasma. Me entretuvo mucho.

– ¿De qué va eso...?

- De cuatro niños que están en la clase un viernes por la tarde. Cuando todos se marchan, los cuatro vuelven a la clase, porque uno de ellos ha olvidado un libro...

– ¿Y…?

– En ese momento, la puerta grande del colegio se cierra y se quedan los cuatro dentro. Vuelven a la clase y se preguntan cómo pueden salir. Las ventanas están cerradas y se va la luz. Pues bien, a partir de ahí empiezan a aparecer fantasmas de profesores de la escuela...

– A esa historia le falta música...

– Pues no. Hemos puesto una música que causa humor. Como es una comedia, elegimos, entre otras, La flauta mágica, de Mozart.

– Me da que entiendes las cosas antes que tus compañeros...

– Depende de qué. Tal vez puedo enterarme más en Matemáticas.

– ¿Tienes algún método?

– Simplemente miro, pienso y, además, me suelo acordar de las cosas.

– ¿Vas más rápido que tus compañeros?

– Sé que puedo parecer un poco creído, pero a veces me molesta que en mi clase no se enteren de las cosas.

– Para mí que te sabes muy inteligente.
– Ya te dije que depende en que cosas…

– ¿Vas de humilde?

– A mí no me lo parece… Ya verás como alguno de los que leen EL CORREO GALLEGO piensa que soy un fantasma.

– ¿Lloras?

– Hace bastante que no lloro. La última vez fue cuando murió una señora a la que quería mucho.

– Me dijeron que dominas el ajedrez…

– Me gusta mucho.

– Tu jugada favorita?

– No tengo. No entiendo que haya que tener una jugada preferida. Lo importante es acorralar al Rey.

– ¿De dónde te viene la afición?

– Me enseñó Bárbara, la hija de mis tutores. Vive en Barcelona y me llevo muy bien con ella. Tenemos grandes confidencias.

– Me dicen que tu capacidad espacial, tu lógica y tu sentido para ubicar son fuera de lo común…

– Me gusta quedar entre los del pelotón, no ser mejor ni peor, prefiero pasar desapercibido.

– Dame un titular...

– Soy el niño más indeciso del mundo.

– Me estás mintiendo… A ver: ¿catorce por tres?

– Cincuenta y uno… No, perdón: cuarenta y dos. ¿Ves cómo soy indeciso...?

– ¿Te consideras listo, inteligente o pillo?

– Me considero del montón…

– ¿Qué pretendes en la vida?

– Ayudar a los demás, pero sin ser cura ni misionero. Me gusta la Psicología…

– ¿Qué te aportan tus amigos?

– Me cuentan todo. Me dicen que sería una buena idea que me dedique a la Psicología. Pero el hecho de estar escuchando todos los días los problemas ajenos… No sé, no sé...

– ¿Sabes que eres el primer gallego que he conocido con rasgos orientales...?

–Mis tutores nunca habrían imaginado que yo estaría con ellos, que tendrían un chino con ellos. Incluso dudo mucho que se les hubiera pasado por la cabeza que uno de sus alumnos podría llegar a vivir con ellos. Las cosas cambian, la vida también…

– ¿Qué piensan de todo ello tus amigos?

– Mis amigos no tienen problema. No me consideran diferente. Ellos comprenden todo lo que ocurre en mi vida, exactamente igual que yo comprendo las suyas.

– ¿Falas galego?

– Lo aprendí desde niño.

– ¿Qué piensas de Galicia?

– Que es mi tierra. Me siento gallego aunque algunas personas me miren como si fuese un marciano. Quienes sólo me conocen de vista me llaman chino, japonés, coreano... Pero ya sé que me toca seguir contándole a todo el mundo que, aunque mis padres son chinos, yo nací en Galicia y me siento gallego.

– ¿Viajaste?

-Por toda España.

– ¿Lo que más te ha atraído?

-De fuera de Galicia, Cataluña y sus playas…

– ¿Si te digo que eres, de las ya más de doscientas entrevistas publicadas en EL CORREO GALLEGO, el único miembro de la Sexta Provincia que no ha cumplido la mayoría de edad...?

– Pues que no sé cómo entenderán los lectores que hayas entrevistado a un chico normal y cargado de indecisiones… ¿Tú crees que les va a interesar?

– Hombre, cuando sepan que provienes de una de las razas más antiguas de la tierra, aquella que se instaló en la China fronteriza con Afganistán; que con catorce años perteneces al programa para talentos matemáticos de la Universidade de Santiago y que eres gallego de nación, cultura y condición… a lo mejor hasta nos dan un premio periodístico…

– Todo se andará…

La historia comenzó en el colegio compostelano San José de Cluny. Una profesora de Primaria descubría el talento de Oude, un niño de cuatro años que pedía insistentemente aprender a leer y a escribir. Ese mismo niño se integraba hace diez años en la fiesta de cumpleaños que el matrimonio De Miguel-Bouza, con sus cuatro hijos, celebraba en el restaurante chino que regentaban los padres naturales de Oude. Persuadidos éstos del futuro que se le abría al niño, accedieron voluntariamente al programa de tutoría especial de este santiagués, nacido el 27 de mayo de 1995. Hoy, en la casa de playa de Muros donde José Carlos de Miguel y Trini Bouza comparten vacaciones con su extensa familia, hay una reproducción en terracota de un guerrero de Siam regalado por los padres de Oude. Rosalía, la nieta del catedrático y benjamina de la familia, no duda en identificar en ella a Oude.

Si Hardy supo que no hay lenguaje más universal que las Matemáticas, y por eso se entendió a la perfección con el tímido Ramanujan, el encuentro entre el Decano de Económicas y el chaval cauto, con trazas de pillo, que comienza a conocer esa factura siempre impagada a la que llamamos vida, hace que esta extraordinaria historia cobre trazos de normalidad. Algo que se debe también al sentido universal de un Rector, al trabajo y cariño de sus dos tutores y, seguramente, a lo que dio en llamar Quevedo: "Espada por Santiago". Como escribiese el profesor Filgueira Valverde: "Pacíficas espadas rodean el culto del Apóstol de la "Caballería": Las de la Orden, que decoran, con su pomo de flor de lis y una silueta de "lagarto rojo", los albos mantos legendarios, y las que entrechocan en las danzas de tantos pueblos en que esta imagen va precedida por un grupo de adolescentes que, en giros de remotísimo origen, trenzan un bélico simulacro en su honor". Aquellos que cantó Valle-Inclán:

"…patriarcas que acuerdan las guerras pasadas y en lengua materna aun evocan la gloria de añejas jornadas mirando a los nietos tejer el espata-danzaris con antiguas y mohosas espadas".

Muy personal

-Dame un libro...

-"Hive, escuela de malhechores" Me gustó por original y porque lo pude leer en un solo día.

-¿De la tele?

-Las series de comedia.

-¿Aficiones?

-Pintar, escribir, jugar con el ordenador...

-¿Del deporte?

-El ajedrez.

-¿Para comer?

-La pasta.

-¿Para no comer?

-Las verduras y el pescado.

-¿Qué te parece Obama?

-No me incumbe, no va conmigo...

-¿Y Zapatero…?

-Debería pensar más lo que dice.

-¿Y Núñez Feijoo?

-Habrá que esperar… Yo sólo lo ví falando por la tele.

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