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entrevista

Pérez Touriño reconoce que el contraataque a las “difamaciones” del Partido Popular fue muy tibio

20.12.2009 El ex presidente tiene claro que la campaña electoral influyó de forma decisiva en el 1-M ·· "Sinceramente, he pasado página. Para bien y para mal, mi actitud política es así, aunque por ella tenga que pagar un precio muy alto"

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LUIS POUSA • SANTIAGO

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Emilio Pérez Touriño, ex presidente de la Xunta, en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela FOTO: Fernando Blanco
Emilio Pérez Touriño, ex presidente de la Xunta, en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela
FOTO: Fernando Blanco

Emilio Pérez Touriño ( A Coruña, 1948) ha roto un silencio de nueve meses, en los que ha reflexionado sobre la situación de la política autonómica gallega y cuáles serán los pasos que seguirá en el plano personal en el próximo futuro. En todo caso, es evidente que Touriño no reniega de su pasado como presidente de la Xunta y ex secretario general del PSdeG-PSOE y lo reivindica con la inteligencia de asumir errores y hacer por ello autocrítica.

– ¿Vistos los resultados del 1-M, su campaña electoral fue acertada o desacertada?

– He llegado a la conclusión de que la campaña electoral influyó en el resultado de manera casi decisiva. En la medida que no fue capaz de movilizar suficientemente a nuestro electorado ni de captar electores del centro derecha, cabe interpretar que no fue acertada en su diseño ni en sus objetivos. Estuvo muy enfocada en la mejor valoración del presidente de la Xunta, y en un tono institucional en el que se esperaba que, en medio de la crisis económica, los ciudadanos querían oír una llamada permanente a la unión y al diálogo social y político. Pero las campañas son competición, y los adversarios plantearon una campaña radicalmente diferente: a ras de suelo, disparando con todos los cañones, muy de acusación, muy de desgaste. Ganó la campaña más dura, más de descalificación, más agresiva, más de romperle las piernas al adversario, dicho en términos futbolísticos.

– Anxo Quintana denuncia que fue objeto de una campaña de difamación por parte de los ganadores, y nadie le ha pedido disculpas por ello. ¿Usted pasó por algo similar?

– Sí. La actitud de derecha, con Feijóo al frente, fue muy agresiva, muy desleal, muy de jugar con la demagogia y la difamación. En sede parlamentaria fui objeto de unas acusaciones falsas y mentirosas por parte de Núñez Feijóo, preguntándome quién le pagaba el veraneo al presidente de la Xunta. Tal y como prometí, acredité de forma inmediata y con factura, ante la presidencia del Parlamento, que había pagado de mi bolsillo el alquiler de la casa de veraneo. El año anterior, sacaron fotografías aéreas, que divulgaron, de la casa en la que veraneaba en aquella ocasión, diciendo que incumplía la ley de los 500 metros. Ese conjunto de falsedades se multiplicó en la campaña hasta llegar a la flota de Audis. Galicia sabe a estas alturas que la flota de Audis venía del Gobierno anterior, del PP, en su 95%, y el propio candidato del PP viajaba en un A8, aunque no blindado. Sí, tuve una percepción similar a la de Quintana, y fue un error no haber tenido una estrategia de contestación en el mismo plano, porque el eco mediático fue muy fuerte y no se arreglaba con una rueda de prensa.

– ¿Una respuesta más dura?

– Sí. Porque aquellas difamaciones se propagaron cafetería a cafetería, tertulia a tertulia y tertuliano a tertuliano por todo el país. Se construyó una imagen del presidente y del vicepresidente como si fueran una panda de despilfarradores, de gente sin escrúpulos. Es el estilo del PP.

– ¿Ha pasado página?

– Sinceramente, sí. Para bien y para mal, mi actitud política es así, aunque por ella tenga que pagar un precio muy alto. Creo que la política es otra cosa, en la oposición y en el Gobierno. Creo en otro modo y en otro talante. Creo en la lealtad institucional y en la búsqueda del acuerdo y del consenso. No comparto la política como el todo vale: genera desapego, distancia y desconfianza de la política. El descrédito de la política es el terreno de la derecha, y los que le siguen le hacen un flaco favor a la democracia.

– ¿Las encuestas sugerían lo que pasó?

– Había muchas encuestas y, por lo que he podido saber, hasta propiamente la campaña electoral, el mapa político que dibujaban era de continuidad de quienes gobernábamos. El PP no recuperaba posiciones, el Partido Socialista tenía margen para subir diputados, en particular en Lugo y en Ourense, y se especulaba con las probabilidades que había de que subiese el BNG.

– ¿Qué hizo usted que no debió hacer?

– A finales de julio y durante agosto de 2008, se extendió por los medios de comunicación que en Galicia tocaba elecciones a la vuelta del verano, cuando aún faltaba casi un año, junio de 2009, para cumplir la legislatura. Mantuve, y lo sigo manteniendo, que en medio de la crisis no era conveniente ese adelanto electoral, pues sólo podría explicarse en términos de ventaja partidaria. Además, no creo que las elecciones se perdieran por no adelantarlas a octubre de 2008.

– ¿Eso carece de relevancia?

– En términos de sociología política y de estrategia se la dan, pero me cuesta trabajo ver a un presidente del Gobierno adelantando prácticamente un año unas elecciones por miedo a perderlas o por ventaja de partido. El objetivo de la política debe ser lo mejor para el país, y no ganar o perder unas elecciones. Me preguntaba usted antes por las debilidades del Gobierno. Una de ellas es que se produjo una fuerte competición electoral, no tanto entre los partidos que sustentaban la acción de ese Gobierno, como en el seno del Gobierno y desde la acción del Gobierno. Dándole así la razón a la derecha y a muchos sectores ciudadanos de que el Gobierno no ofrecía la unidad y la cohesión. Otra debilidad fue la manera de enfocar la campaña, porque quizá no entendimos desde las direcciones de los partidos que había el riesgo real de perder el Gobierno, y no se puso toda la carne en el asador en el diseño y acierto de la campaña.

– ¿En algún momento se sintió aislado y que estaba sufriendo el síndrome de Monte Pío?

– Lo escuché en alguna ocasión, pero sinceramente me cuesta verlo, porque creo que no es verdad. He intentado mantener mi vida familiar normal ,y mi entorno de amistades durante todo el tiempo. No he sido un presidente que estuviera encerrado, pues no he dejado de estar en la calle y de recorrer todas las zonas de Galicia y estar con todos los sectores sociales. He estado al frente del país en cada conflicto, y siempre con los ciudadanos.

– ¿Su retorno al espacio mediático surge de la necesidad de reivindicarse a sí mismo?

– Las transiciones personales hay que hacerlas, a ser posible, con coherencia y normalidad. Me planté darle normalidad a la pérdida del Gobierno, por eso la asumí en primera persona, y renuncié a la secretaría general de mi partido y facilité la transición hacia una nueva etapa sin ninguna interferencia. Eso tenía que ir acompañado de un silencio prudente por mi parte durante varios meses. He querido estar en el escaño por respeto a la voluntad de los electores que me eligieron. Transcurrido casi un año, pretendo abrir una nueva fase en mi vida, que no será en la primera línea de la acción política, sino en el terreno de las ideas, del análisis y del estudio de problemas. Modestamente, pretendo acompañar a la Fundación Iniciativas 21: he abierto mi nueva etapa con una conferencia reflexiva sobre la situación económica en el mundo, en España y en Galicia. Estoy trabajando en la idea de formar un laboratorio de estudios sobre la eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Haré el trabajo con gente de la universidad, pues es más un proyecto científico que político.

– ¿Descarta, entonces, retornar a la política activa?

– Sí. Ese es un punto que, tras veinte años de dedicación exclusiva, he cerrado en mi vida.

– ¿Se ha sentido no debidamente reconocido por su trabajo en la secretaría general del PSdeG y en la presidencia de la Xunta?

– Desde lo más íntimo de mis convicciones y de mi forma de ser, le diré que nunca me he sentido mal ni he tenido ninguna sensación negativa. Estuve comprometido en la acción política durante toda mi vida. Siempre por vocación, por principios, por ética, porque es mi forma de estar en el mundo. Nunca he exigido, ni demandado, reconocimientos. Al revés, el que está reconocido y agradecido a mucha gente soy yo. Me reconforta y agrada poder pasear por las calles de Galicia, ir a las agrupaciones de mi partido, estar incluso fuera de Galicia, y encontrarme con tanta gente que me transmite afecto y que hay cosas importantes por las que luchar por este país. Eso no evita que uno tenga sus análisis sobre los procesos, pero no para recriminar nada a nadie. Cientos de miles de personas me han apoyado, militantes y simpatizantes de mi partido, gente de progreso. Para todos ellos, de verdad, no tengo más que palabras de reconocimiento y gratitud. Es lo mejor que me llevo de este período.

– ¿En algún momento le han ofrecido ser embajador de España en Portugal?

– Como no puede ser de otra manera, estoy a disposición de mi partido y abierto a todo aquello en lo que considere que puedo ser útil, pero hasta ahora no se ha producido ninguna propuesta expresa y formal en ese sentido.

– ¿Tampoco la han ofrecido la posibilidad de ser rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo o presidente de alguna fundación pública?

– Es probable que en algunos sectores del partido se estuvieran planteando posibilidades, pero no he recibido ninguna propuesta formalizada. Tengo recorrido y posibilidades vitales para poder seguir haciendo mi vida. Ni pido ni rechazo nada.

– ¿Usted le exigió a la ministra Magdalena Álvarez el AVE para Galicia en 2012?

– Tanto el presidente Zapatero, que fue decisivo, como la ministra asumieron la fecha de 2012 como un objetivo. El presidente del Gobierno así se lo manifestó al presidente de la Xunta en más de una ocasión, y también se comprometió públicamente. Para conseguir que fuese en 2012, se hacía inexcusable que se contrataran los seis o siete tramos, cito de memoria, que faltaban por licitar entre Ourense, Lubián y Zamora, en 2008 ó 2009. Ese es el compromiso que adquirió el Gobierno de España con el Gobierno de Galicia en la reunión que mantuve con el presidente Zapatero en el verano de 2008. Para contratar todos los tramos que faltaban, se comprometía un crédito, que se transferiría a la Sociedad de Infraestructuras Ferroviarias desde el Ministerio de Fomento. Alguien puede especular, yo el primero, si contratando los tramos a inicios del 2009, daría tiempo en cuatro años a que el AVE estuviera en servicio. Probablemente, no; pero, probablemente, si se hubieran contratado en esos términos, estaríamos prácticamente en el horizonte de 2012. Había dificultades presupuestarias, por el medio vino la campaña electoral, y quedó todo así. Pero me satisface ver definitivamente adjudicados y contratados esos tramos en 2009. A partir de aquí tenemos la confianza, en el Ministerio de Fomento, de que habrá AVE. No será en 2012, pero el avance es definitivo.

– ¿Tal y como ha sido planteada la fusión de las cajas gallegas, puede parecer que se trata de una absorción más que de un acuerdo?

– Ese es uno de los errores que se puede haber cometido en el planteamiento de un tema muy comprometido. Si estamos pensando en términos de que el pez grande se come al chico, de que uno se ubica en mejor posición respecto al otro, se están provocando reacciones de disgregación, y el proyecto no irá adelante. Es necesario generar un proyecto viable y solvente, por encima de todo, gestionado con criterios de profesionalidad. Es posible combinar la solvencia y la viabilidad con la profesionalidad, para que nazca una nueva entidad financiera gallega con un proyecto equilibrado Lo que está en juego es la supervivencia de Galicia como comunidad financiera, y el ahorro de los gallegos. No se puede imponer la fusión, pero hay que ejercer liderazgo político y democrático en esa dirección, que creo es la correcta para Galicia.

– ¿Estamos ante un proceso de bancarización de las cajas ?

– Las cajas tienen que operar como bancos, salvo en algo definitorio y fundamental, son entidades sociales bajo el protectorado público de una comunidad autónoma por su base territorial. Si las extraterritorializamos y pierden su base territorial, aunque siguieran siendo cajas por ley, pasarían a ser otra cosa por vía de hecho. Si quieren bancarizar las cajas, que lo digan claramente.

– ¿La reforma del Estatuto de Autonomía debe seguir esperando?

– En la legislatura anterior se dieron todas las condiciones para haber reformado el Estatuto con el apoyo de las tres fuerzas políticas. Pero Feijóo se negó a ello. Se dice mucho que era una imposición de Génova y de Rajoy, pero lo determinante fue que Feijóo no quería conceder al Gobierno que yo presidía el éxito de la reforma estatutaria. El veto, en una visión cicatera de la gran política, partió de la dirección del PPdeG. Tengo que decir públicamente que el BNG fue extremadamente generoso, porque renunció a que el término nación apareciera expresamente en el articulado e incluso en la introducción. Ahora, en la misma línea que marca el PP, el presidente Feijóo espera a lo que resuelva el Tribunal Constitucional con el Estatuto catalán para acometer la tarea. Estoy firmemente convencido de que Galicia necesita la reforma del Estatuto y de que sigue siendo válido el planteamiento que teníamos. No estoy para dar consejos, pero le diría a la oposición que no hiciera en esta legislatura lo mismo que el PP nos hizo a nosotros, porque no se trata de ganar o perder unos u otros, sino de que Galicia ganará con un mejor Estatuto.

– ¿Es prioritario recuperar el consenso lingüístico que unilateralmente rompió el PPdeG?

– Galicia necesita consensos en los grandes temas de país. En su día alumbramos el pacto sobre la Lei de Normalización Lingüística y el Plan de Normalización Lingüística, y la cosa funcionó hasta el día en que a la derecha le convino políticamente romperlo. La responsabilidad de Feijóo en esa ruptura es enorme. Había un acuerdo cerrado, prácticamente formalizado, y soy testigo de ello, entre las tres fuerzas políticas, para el decreto que desarrollaba la Lei de Normalización Lingüística y el Plan. Podría citar las personas que, en representación de las tres fuerzas políticas, cerraron el texto que entró en el Consello de la Xunta para ser aprobado en forma de decreto. Ese consenso fue roto horas después por Feijóo. Eso es pasado, y ahora se impone restituir el consenso que había antes en torno a nuestro idioma. Pero ese consenso sólo se puede restituir desde la Lei de Normalización y de su Plan de aplicación. Porque lo que hay que normalizar, equilibrar en su uso y proteger, es la lengua gallega. Otra cosa me parecería esperpéntica. El castellano ya está normalizado, asentado y consolidado.

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