Sábado 11.02.2012
| Actualizado 16.04
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| Página de ‘La Voz’ que dio origen al caso |
El caso Trucarro se inició de una forma casual en el mes de marzo de 2008 tras la localización de una furgoneta que había sido comprada por J.A.C.L. con 107.309 kilómetros y que la ponía a la venta con 68.225. Agentes de la Guardia Civil abrieron unas diligencias por un presunto delito de falsedad documental y estafa. Cuando estaban a punto de cerrar el asunto, dada su escasa entidad inicial, miembros de la Policía Judicial vieron en el periódico La Voz de Galicia del domingo 16 de marzo de 2008 un reportaje elaborado por Juan Torrón y fechado en Madrid que les llamó la atención. "Los consumidores alertan de fraudes en el kilometraje de los coches usados", rezaba el titular a cuatro columnan, con un subtítulo igual de sugerente: "Con la manipulación del cuentakilómetros se puede lograr elevar el precio del vehículo hasta en 9.000 euros". En la información se incluía, con todo lujo de detalles, la forma de operar y en un gráfico se explicaban los beneficios. Curiosamente se utilizaban modelos Audi para ilustrar la información. Blanco y en botella. Los agentes vieron que estaban ante un posible caso de estafa a gran escala y empezaron a tirar del hilo. Dieron con Johann Grimm y gracias a las escuchas telefónicas fueron cayendo los implicados. La información publicada por La Voz de Galicia (ver imagen en esta misma página), origen del que luego se llamó caso Trucarro (por la empresa Truck and Car), se encuentra incorporada al sumario que instruye el titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Santiago, Javier Miguez Poza.
El asunto fue iniciado en los Juzgados de Instrucción número dos de Lalín y en el nº uno de Pontevedra, pero pasó, por cuestión de competencias, a Compostela, cuando se localizó al presunto autor de los trucajes, el ciudadano alemán Johann Grimm, que tenía su residencia en el lugar de Larañiño. Los agentes pidieron al juez que permitiera intervenir sus teléfonos y los de sus empleados y descubrieron, sorprendidos, que recibían llamadas de talleres de las cuatro provincias gallegas y de otros puntos de España. Había conversaciones de actividades legales y un buen número de personas que pedían presupuesto para trucar los cuentakilómetros. En la transcripción de las distintas llamadas, a las que tuvo acceso EL CORREO GALLEGO, se puede comprobar que no se adoptaba ningún tipo de medidas de seguridad. Directamente se le decía a los hombres de Grimm: "Soy fulano de tal del taller cual, ¿cuándo puedes venir a rebajarme los kilómetros de un coche que voy a vender? Sin ningún tipo de problema.
