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La PUP se despide

Aupó a tres de los suyos al rectorado de la USC, pero tras 30 años ha decidido disolverse // Su desaparición ratifica un cambio de era en la política de la institución

IOLANDA CASAL  | 30.06.2010 
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De izquierda a derecha: Pajares fue el primer rector vinculado a la PUP, el filólogo Darío Villanueva gobernó 8 años y Senén Barro, el último rector de la plataforma

Solo dos días antes de que Juan Casares Long prometiese su cargo como rector de la USC, la Plataforma Universitaria Progresista (PUP) acordaba en pleno, el día de San Juan, su disolución. "É hora de pechar con dignidade o labor desta organización, no convencemento de que así contribuímos positivamente á clarificación da vida política na universidade e na nova renovación da mesma", reza su último acuerdo, que reconoce que la PUP ya no responde "ás demandas organizativas que a política universitaria do presente require". El gesto pone punto y final a una etapa cuyo ocaso se venía dibujando desde hace meses y que se evidenció en la reciente campaña electoral, cuando por primera vez en sus 30 años de historia no presentó candidatura propia al rectorado, pese a apoyar a Mercedes Brea.

La plataforma, de signo socialista, señala que razones de diversa índole y otras propias del impacto del tiempo sobre las organizaciones, desde la burocratización hasta "a perda dos estímulos orixinais" y el "desgaste", han puesto de manifiesto que ha dejado de cumplir sus objetivos fundacionales, pero confía que su disolución facilite la consolidación de las señales de identidad por las que luchó.

La PUP nació en los 80 como organización de acción sociopolítica de un amplio sector del profesorado de la USC, con la finalidad de vertebrarla desde una perspectiva progresista. Su trabajo se tradujo en la consecución del primer rectorado democrático para uno de los suyos, el físico Carlos Pajares, que llevó las riendas de la entonces única universidad de Galicia. Tras un lapso de cuatro años, con el rectorado del nacionalista Ramón Villares, siguió gobernando hasta la semana pasada, primero con Darío Villanueva y después con Senén Barro, que en el segundo mandato sumó a su habitual socio, la conservadora Converxencia Universitaria (CU), el apoyo inédito de Universidade Aberta (UA).

El tripartito se rompió en 2009, con el abandono de UA, que puso de manifiesto el creciente debilitamiento de la política universitaria en torno a la estructura de las plataformas. La confirmación definitiva fue la victoria de Casares sin el apoyo de ninguna de ellas.

SIN EFECTO CONTAGIO. Desde UA, ayer se recalcaba que ésta no corre el riesgo de seguir el mismo camino. "Estamos nunha situación absolutamente contraria. Nós somos máis un colectivo que unha plataforma e nunca tivemos tentacións hexemónicas", decía su portavoz Elías Torres que, eso sí, subrayaba la importancia de la PUP. "Hai que recoñecer todo o traballo que fixeron a ben da USC. [Na PUP] hai un monte de xente valiosa, un importante capital humano e intelectual", añadía.

CU también lamenta la disolución. "Na miña opinión tiña moito que dicir, hai que valorar o traballo que fixo durante tantos anos no goberno da USC", apuntaba su portavoz, Miguel Anxo Bastos, que igual que UA descarta el efecto contagio: "Nós non temos intención de deixalo".