Miércoles 22.04.2009
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Hace más de 50 años que José Luis Castro Beceiro pisó por primera vez los astilleros de Bazán: casi un niño, dispuesto a trabajar duramente. El próximo día 9 celebrará sus bodas de oro en la factoría junto a otros compañeros, en una comida de veteranos. Pero la supuesta fiesta adquiere rasgos de tristeza. En su promoción, entraron casi 120 adolescentes de 14 años con ganas de comerse el mundo. Ahora quedan apenas unos 80, "con la mayoría de las bajas causadas por el amianto".
Este hombre de 65 años de edad asume con total valentía su enfermedad. Duerme con botella de oxígeno desde hace tiempo, pero sigue luchando en la asociación Agavida que fundó junto a otras víctimas. Su actitud contrasta con la de "otros compañeros que no quieren saber las causas de su dolencia, que no se quieren enfrentar el amianto". Asbestosis y amianto planean así como palabras tabú sobre las cabezas de los que trabajaron en los astilleros durante las décadas de los cincuenta y sesenta.
Pero la realidad pesa como una losa inevitable. "Todos los que hemos trabajado a bordo de los barcos durante esa época estamos contaminados", sentencia José Luis. Cuando se reúne con sus compañeros, "empiezas hablando de todo pero acabas confesándote sobre el amianto, preguntas por un amigo y te enteras de que ha muerto".
Cada vez que fallece un compañero, como Paulino o Bastida, José Luis se entristece: "De momento aguanto. Pero entiendo que un mes puedes llevarlo normal, y dentro de cuatro estar fuera". Como posible catarsis, apuesta por "hacer algo más fuerte, publicar las autopsias de los fallecidos, para que la gente se pregunte por qué los jueces no sentencian a favor de los enfermos" .
