En medio de una gran expectación, con decenas de reporteros y vecinos en los alrededores del pazo, fueron llegando a cuentagotas furgonetas de proveedores, coches particulares de alta gama, monovolúmenes con los cristales tintados y unos cuantos autobuses, el primero de ellos a las 18.30 horas, cuando la explanada interior era un continuo desfile de camareros y de personal de seguridad.
Fuera, el ir y venir de coches de la Guardia Civil y de la Policía Local, mientras empleados de una empresa privada se esmeraban en dirigir como podían el tráfico al grito de “Evaristo, corta ahí”, que se convirtió en la frase más repetida de la tarde.
Los vecinos contaban que aunque los padres de la novia habían elegido el mismo marco para su boda en 2001, el lugar ya no parecía el mismo, porque las carpas y la vegetación lo ocultaban prácticamente todo y desde las casas vecinas poco se podía ver.
Y sí la noche anterior, los invitados se lo pasaron en grande en el hotel Hesperia Finisterre durante la fiesta de la breboda, que fue, según contó algún invitado, “muy divertida y con cero famosos del papel couché”, ayer, a los invitados, les esperaba una velada llena de sorpresas y de momentos inolvidables, ya que los novios se empeñaron en cuidar al máximo los detalles.
Además de disfrutar de una exquisita cena en la que no faltó la merluza de Celeiro con caldo de pimientos verdes y pilpil de limón y el célebre pitu asturiano, recibieron como recuerdo un pañuelo con encaje de Camariñas personalizado con sus iniciales.
La mayoría de ellos, por cierto, abandonará el hotel por la tarde, tras pedir late check out. a. iglesias