Domingo 25.03.2007
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Lo más original de la cita celebrada el pasado fin de semana en el Hotel Compostela, es su bautizo: Rolda de Rebeldía, una denominación en línea con el apelativo que Xosé Manuel Beiras eligió para dibujar el ansia de los suyos: Encontro Irmandiño. La carga literaria de ambas fórmulas es formidable, pero en realidad acogen la misma representación. Se trata del pugilato, personal e intransferible, que Beiras mantiene desde hace décadas con el coronel de la UPG, Francisco Rodríguez.
Tanto es así que, el otro día en Santiago, el ex líder de la gran coalición podría haber lanzado a Rodríguez la misma frase que un día le aplicó al veterano león de Vilalba, Manuel Fraga, en la Casona del Hórreo: "¡Para la Historia, márchate para la Historia!", que da sustancia a una de las páginas más contundentes del Calígula de Albert Camus.
La otra novedad de la cita compostelana fue la presencia de quienes habitan en el extramuros del Benegá: desde el ex secretario general de la U y líder de la Fronte Popular Galega Mariano Abalo, hasta los outsiders de la Primeira Linha que lidera Carlos Morais. Todo lo demás forma parte de un guión escrito a comienzos de esta década, durante la celebración de la X Asamblea del BNG, que en realidad fue el décimo brumario para Beiras y muchos más.
Puesta en escena a finales de abril de 2002, el dato más objetivo de aquella cita tumultuosa es que Beiras se vio obligado a ceder e irse al panteón de los ilustres, situando a Anxo Quintana en la parrilla de salida hacia el liderazgo. De hecho, fue el propio Beiras quien se encargó de que todos visualizasen la emergencia del senador y ex alcalde alaricano, al compartir con él la escena durante el cierre de la asamblea: algo que los independientes y la Upegá le agradecieron, en la medida en que así se abrían las puertas de una transición hacia el cambio de candidato.
Beiras le llamó a aquello "esfuerzo de generosidad". Otros opinaron que, a pesar de los gestos en ocasiones airados que protagonizaba cada vez con más frecuencia, lo que había sucedido era la rendición de la estrella que durante dos décadas había puesto su alma y su coraje en un esfuerzo sin precedentes para sacar a los nacionalistas gallegos de las catacumbas en que se encontraban cuando la política española tocaba los primeros acordes de la democracia.
De hecho, por mucho que la palabra "renovación" fuese la que más se pudo oír durante el transcurso de la X Asamblea, la U conservó el control de todas y cada una las áreas claves en la ejecutiva del Benegá. Se esperaba que aquel congreso formase una amalgama de cohesión interna y voluntad de poder, pero ocurrió lo contrario. La crisis interna se enquistó como una larva demoníaca y desde entonces, con algunos días claros y noches de tormenta en medio, el dinosaurio de Augusto Monterroso sigue ahí. Organizaciones como Esquerda Nacionalista y el Partido Nacionalista Galego salieron de allí calcinadas por un sistema que en apariencia mostraba las virtudes de la democracia directa pero que, en realidad, estaba minado por el exhaustivo control de la UPG. Casi nada ha cambiado desde aquellos días de 2002. Y en ésas seguimos, con el Bloque intentando autodefinirse, ensimismado en una espiral que siempre conduce al mismo lugar: el ombligo de los coroneles de la U, mientras la gran coalición viaja de victoria en victoria hasta la derrota final.
En Compostela se ha roto la 'omertá' que había impuesto la U
Otro de los desterrados al exilio interior, Camilo Nogueira, expuso públicamente en varias ocasiones la necesidad de impulsar un giro hacia el centro, a la busca de los electores del nacionalismo moderado. E incluso llegó a insistir en una vieja idea suya: la disolución de la amalgama de partidos que integran el Benegá para ir hacia su refundación en uno solo de corte socialdemócrata y profundamente federalista.
Lo malo de esa propuesta es que lleva implícita la desaparición de la U y eso jamás lo permitirán los coroneles. Sí, claro, Bautista Álvarez habló en alguna ocasión de estar dispuesto a llegar a la autoinmolación de la Upegá, si eso fuese beneficioso para el conjunto de la nación; pero una cosa es predicar y otra, bien distinta, dar trigo.
A juicio de Paco Rodríguez, la marea de especulaciones de este tipo que trajo consigo la X Asamblea del BNG no estaban consiguiendo otra cosa que poner en entredicho la existencia misma de la gran coalición. De modo que si algo de patriotismo quedaba en los lanzarotes que, un día tras otro, filtraban opiniones y gestos a los medios de comunicación, se imponía la omertá: el pacto del silencio.
Bastante había con el libreto que Beiras representaba por su cuenta y riesgo como para que, por encima, se consolidase de puertas afuera la idea de que el nacionalismo galaico se había convertido en una escandalosa olla de grillos que todo lo ponían en cuestión.
Y en ésa seguimos ocho años después: una situación que, tras la derrota del 1-M, se agrava progresivamente mientras en la cúpula siguen apoltronadas, en palabras de Abalo el otro día en Compostela, "las vacas sagradas" de la gran coalición. En esta ocasión, el pacto de silencio impuesto por la U ha obligado a Beiras a buscarse la vida extramuros de la gran coalición, en una secuencia a la que han asistido representantes de organizaciones cuyo mayor interés es dinamitar el Benegá y abrir sendas al independentismo .
